Yoani Sánchez es Licenciada en Filología. Reside en La Habana, Cuba, es una de las blogueras más destacadas en el mundo de habla hispana. Entre otras distinciones, por su trabajo en el blog Generación Y, ha recibido los premios Ortega y Gasset (2008), 25 Mejores Blogs Time-CNN (2009), María Moors Cabot (2009) y Príncipe Claus (2010), éste último, por haber sido seleccionada entre los 60 heroes de la libertad de expresión por el Instituto Internacional de Prensa (IPI), con sede en Viena, Austria.
Cada cierto tiempo, aparece una nueva campaña en nuestros medios informativos, alguna ofensiva contra cierto fenómeno social u económico. Por estos días, la acometida va dirigida a los carretilleros, esos vendedores de frutas y vegetales que trasladan su mercancía en un triciclo u otro artilugio con ruedas.
Los periodistas oficiales aducen que tales comerciantes funcionan bajo la ley “capitalista” de la oferta y la demanda, en lugar de poner precios más accesibles para los consumidores. Critican también el hecho de que ofrezcan sus productos por unidades y no por libras o kilogramos, lo cual les da margen para los importes inflados. Aunque se trata de un problema que nos daña a todos, no creo que sea con llamados a la conciencia del vendedor que vayamos a solucionarlo.
El carretillero es por demás quien mantiene abastecidos los barrios carentes de mercados agrícolas y especialmente en los horarios cuando estos están cerrados. En los precios de sus mercancías se incluyen también –aunque la TV oficial no lo reconozca– el tiempo que se ahorra el cliente que ya no necesitará trasladarse o hacer las largas colas de un “agro estatal”.
Para la mayoría de las mujeres trabajadoras, que llegan a casa después de las cinco a inventar un plato de comida, el pregón de “¡Aguacate y cebolla!” gritado en su puerta es una salvación. Resulta cierto que el costo de ninguno de estos productos guarda relación con los salarios, pero tampoco se pudren en esas tarimas rodantes por falta de compradores. El hecho de que alguien deba trabajar dos días para comprar una calabaza no es expresión de la desmesura del vendedor, sino de lo paupérrimo de los sueldos.
Para la mayoría de las mujeres trabajadoras, que llegan a casa después de las cinco a inventar un plato de comida, el pregón de “¡Aguacate y cebolla!” gritado en su puerta es una salvación.
Sorprende, por ejemplo, que los preocupados reporteros del noticiero estelar no la emprendan contra los excesos de las tiendas en pesos convertibles, donde para adquirir un litro de aceite alguien debe gastar todo lo ganado en una semana de trabajo. La diferencia entre los carretilleros y esas tiendas recaudadoras de divisas es que los primeros son cuentapropistas, mientras las segundas son propiedad del Estado. Así que nunca veremos un reportaje denunciando el elevadísimo por ciento que se le suma a los costos de importación o producción de un alimento para ofertarlo en las llamadas shoppings. Porque es mejor buscar un chivo expiatorio y explicar con su existencia la carestía y la grisura culinaria en la que estamos sumidos. Por el momento, la culpa la llevan los carretilleros. Así que corra usted hacia el balcón –ahora mismo– y véalos pasar por su calle, porque muy pronto puede ser que ya no estén.
*Esta columna fue publicada originalmente en ElUniverso.com.
Señorita Sánchez, si usted se asombra de los periodistas chupamedias del estado, más se sorprendería si viera la gran cantidad de periodistas, en América o en Europa, que no se cansan de defender el gobierno de los hermanos Castros; de publicitar cada vez que pueden los “logros” del gobierno de la isla; que mejor sería poner los pseudos logros.********* Y que no se cansan de protestar sobre el capitalismo, pero nunca de los gobiernos que absorben todos los recursos del país, para sus gobiernos populistas; tanto después la culpa se la dan a terceros pero nunca a ellos.********* Yo creo que el gran problema del capitalismo, son los políticos, que gastan más que los que las empresas grandes y chicas, las industrias, etc., pueden producir; y con esa receta, todo explota.**********