Análisis & Opinión

Ecuador: culpables y excepciones

Alfonso Reece

Alfonso Reece es ecuatoriano, y se ha desempeñado como escritor y periodista. Posee estudios de Derecho y Sociología en la Universidad Católica del Ecuador. Como periodista se ha desempeñado en los canales de televisión Ecuavisa y Teleamazonas, mientras que en prensa escrita ha colaborado en las principales revistas de su país, como 15 Días, Vistazo, SoHo, Mango y Mundo Diners. Actualmente es columnista en el diario El Universo (Guayaquil, Ecuador).

  • Mar, 11/06/2012 - 00:01

La desinstitucionalización, la anomia social, la pérdida de valores y otros factores relacionados son la leña que alimenta las hogueras del populismo, la inseguridad y la corrupción. ¿Quiénes acumularon estos combustibles con los que ahora se quema a fuego lento a los ecuatorianos? No fueron esas grandes mayorías que han electo pésimos gobernantes, ni siquiera esos mismos ineptos y corruptos líderes, no. Los culpables del calamitoso estado son las clases dirigentes políticas, económicas y culturales, que llamadas a ser élites creativas, y como tales trazar los senderos por los cuales el país debía transitar hacia la prosperidad y la armonía, fueron simplemente minorías dominantes incapaces y perezosas. Sucumbieron a la tentación del acomodo, del enriquecimiento rápido y de los métodos mafiosos. Ni una lágrima por ellos, cuando se quejan de lo que sucede, de buena gana lo festejaría, si no fuese porque los afectados somos todos.

La principal tarea que dejaron de cumplir fue la expresión de doctrinas que sustenten las instituciones republicanas, el respeto a los derechos individuales y una ética de responsabilidad. Se parquean sin rubor con todos los autoritarios, confunden las garantías ciudadanas con sus privilegios y lo principios morales con formalismos. Por eso los idearios de todos, todos, los partidos políticos ecuatorianos son una colección de consignas inofensivas, ningún compromiso, ningún concepto contundente. No hubo social-demócratas, sino social-cremócratas (“porque somos de la creme de la creme”), para los que lo social significaba salir en las revistas “de sociedad”. Y si hubo liberales, creían que esta palabra significaba liberarse de pensar, que claro es una enojosa labor.

No hubo social-demócratas, sino social-cremócratas (“porque somos de la creme de la creme”), para los que lo social significaba salir en las revistas “de sociedad”. Y si hubo liberales, creían que esta palabra significaba liberarse de pensar, que claro es una enojosa labor.

Por supuesto que hubo excepciones. Algunos dueños de compañías eran verdaderos empresarios. Un puñado de intelectuales usaba el intelecto. Y poquísimos políticos fueron hombres de principios, con ideas claras, consecuentes en sus actuaciones. Entre estos últimos cuéntase Blasco Peñaherrera Padilla, un liberal que mantuvo sus postulados sin porfía pero con firmeza, entendiendo lo que en verdad significaba esta doctrina, con clarividencia y coherencia. Por eso, hace muy bien el Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP) en promover un homenaje al ilustre personaje (este 7 de los corrientes en Quito y el 8 en Guayaquil) en un evento celebrativo del Día de la Libertad, fecha en la que se conmemora la caída del Muro de Berlín.

Así podemos señalar que otra excepción a la modorra y superficialidad que ha caracterizado a las últimas décadas, ha sido justamente el IEEP. Esta organización, con la batuta de la dinámica economista Dora de Ampuero, es uno de los pocos tanques de pensamiento del país, en el que se elaboran, discuten y difunden ideas que superan los catecismos fracasados y el credo del parasitismo. Para la ocasión, en la que se dialogará sobre “los desafíos de la libertad en América Latina”, concurrirán nada menos que Martín Krause, uno de los más reconocidos y sólidos intelectuales argentinos, y Álvaro Vargas Llosa, conocido periodista y politólogo peruano, constituyendo de esta manera un panel de lujo al nivel de la justa celebración.

*Esta columna fue publicada originalmente en El Universo.com.

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