En el mismo día en que Donald Trump anunció su retiro del Acuerdo de París sobre el cambio climático, China y la Unión Europea (UE) han sellado un nuevo acuerdo para trabajar y enfrentar conjuntamente este fenómeno que amenaza al globo. Y el climático no es el único cambio que amenaza el mundo tal como lo conocemos en las últimas siete décadas.

Esta alianza con China pone de manifiesto una UE que ya tomó nota en la reunión del G7 recién pasada, en Taormina, que con un EE.UU. gobernado por Trump resulta muy difícil trabajar. La UE bajo el liderazgo de Angela Merkel busca hacerse cargo de esta nueva realidad. En efecto, durante la reunión del G7 quedó claro que con los EE.UU. de Trump no habrá ningún acuerdo posible en cuanto a comercio, refugiados, cambio climático y otras materias multilaterales, incluyendo su falta de compromiso con la defensa de Europa. Trump se mostró inflexible respecto a que EE.UU. debe priorizar su agenda doméstica por sobre cualquier otra.

Ante el descenso relativo del poderío de EE.UU. y el ascenso chino –inesperados campeones actuales de la globalización y del medio ambiente- creemos que el mundo necesita un fuerte polo europeo y por lo tanto una Europa unida en torno a los valores de la democracia, el libre comercio, la libertad de prensa y el cuidado del medioambiental, valores por estos días muy degradados en la Casa Blanca de Trump.

Agregando el insulto a la herida, Trump se expresó ruda y groseramente, recriminando a los europeos sobre la necesidad de aumentar su gasto en defensa y quejándose de lo mucho que EE.UU. contribuía en gasto en defensa. También atacó, primero en Europa y luego en sus brutales tweets desde casa, por el déficit comercial de EEUU con Alemania.

La reacción de Berlín no solo fue rápida, sino fuerte. En un acto de campaña, Angela Merkel expresó: "Los europeos tenemos que tomar las riendas de nuestro propio destino". Su ministro de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel, fue igualmente rotundo: "Hay una nación líder que antepone sus intereses nacionales al orden internacional. Las políticas cortas de vista de EE.UU. son contrarias a los intereses de la Unión Europea. Occidente es ahora más pequeño, o al menos más débil".

La llegada de Trump al máximo liderazgo de EE.UU., un presidente que claramente no está preparado para conducir nada, y menos al país más poderoso del mundo, pone un signo de interrogación sobre el futuro de lo que llamamos el mundo occidental. Esto nos aflige a todos quienes hemos vivido en este orden de pos guerra moldeado y liderado por EE.UU., que -a pesar de todos los problemas- ha sido tremendamente exitoso en promover la paz y el crecimiento económico.

La pregunta que muchos nos hacemos es si Trump, que ha mostrado en los primeros cuatro meses de su caótico gobierno falta de disciplina, incompetencia e incontinencia, es un lunático que no podrá terminar su mandato y EE.UU. volverá a ser el de siempre y renovará sus compromisos con Occidente; o si acaso Trump es un presidente que ha venido a cambiar las cosas en el fondo y en la forma, como piensan sus partidarios, y terminará su mandato logrando cambios políticos profundos en EE.UU.

Esta pregunta es muy pertinente, pues tiene que ver con elucidar si Trump es un accidente en la historia de EE.UU. o refleja -a su manera lunática- fuerzas profundas que dan y darán forma a ese país. Sin embargo, en términos pragmáticos creemos que la posición de la UE debiera ser bastante similar en ambos casos, y es precisamente la que está liderando Angela Merkel hoy día. Pues de cualquier manera la posición actual de EE.UU. trasciende a Trump. No olvidemos que Trump salió elegido con el apoyo del Partido Republicano y si bien hay mucha gente sensata en dicho partido, también hay mucha gente que no cree en el cambio climático; mucha gente que busca repeler la reforma de salud implementada por Obama y dejar a decenas de millones de personas, especialmente las más pobres, sin cobertura; muchos que quieren recortar fuertemente el gasto fiscal , cancelando una gran cantidad de programas sociales, para traspasar recursos a los más ricos vía recorte de impuestos, todo lo cual haría a EE.UU. uno de los países más desiguales del mundo. Por lo demás, el seudopopulismo de derecha que inspira a Trump no es ni siquiera solo un fenómeno estadounidense y está presente significativamente en Europa, animando el Brexit en Inglaterra, y el continuo ascenso del Frente Nacional en Francia, entre otros.

Por todo esto creemos que Angela Merkel hace bien en pararse firme frente a EE.UU. y en buscar nuevas alianzas en la hora presente. Y lo hace no solo como líder de Alemania, sino con la bandera de la Unión Europea. Ante el descenso relativo del poderío de EE.UU. y el ascenso chino –inesperados campeones actuales de la globalización y del medio ambiente- creemos que el mundo necesita un fuerte polo europeo y por lo tanto una Europa unida en torno a los valores de la democracia, el libre comercio, la libertad de prensa y el cuidado del medioambiental, valores por estos días muy degradados en la Casa Blanca de Trump.