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El futuro: la economía compartida
Vie, 18/11/2016 - 09:57

Gustavo Neffa

La importancia de la educación financiera en los niños
Gustavo Neffa

Gustavo Neffa es Socio-Director de Research For Traders.

Miles y miles de departamentos sin utilizarse que generan un costo para su propietario. Millones de autos estacionados en sus garajes que podrían ser usados. Los bienes registrables representan un peso para su dueño en la medida en que no son utilizados. El argumento básico detrás de este comportamiento es el desconocimiento y la asimetría en la información de aquellos posibles usuarios de los mismos, con el deterioro adicional y acelerado que le pueda infligir aquel que los use por los posibles daños materiales.

Pero al mismo tiempo, me pregunto: ¿cómo agregar valor en un mundo tan desarrollado? ¿Cómo aprovechar el valor de las cosas y de los bienes ya producidos cuando están siendo subutilizados?

La digitalización tiene y tendrá mucho que ver con las respuestas a estas preguntas, transformando a su vez al empleo, que es una variable clave en esta historia.

Los cambios de paradigma que realizaron empresas pioneras como eBay y Amazon, que han compartido las opiniones de los usuarios y se volvieron un clásico a la hora de comprar algo por Internet, o bien el papel de la comunidad en nutrir de definiciones y textos en Wikipedia han sido ejemplos precursores de otras plataformas de intercambio que han dado al valor de compartir un papel único. Las revisiones y opiniones de los usuarios nutren de información a los sitios y le agregan valor per se. 

En el mundo de las finanzas, uno de los blogs más leídos y consultados del mundo es Seeking Alpha, que posee un estilo único para compartir la información financiera entre los usuarios, con aportes individuales de analistas no conocidos pero con ganas de hacerse conocidos: el solo hecho de querer ser el mejor y figurar primero en los rankings le da sustento a una de las plataformas más interesantes a la hora de analizar acciones y ETFs por la calidad y cantidad de artículos compartidos. Los mismos usuarios ahora ponen el contenido, y se esmeran por hacerlo mejor día a día.

Conectando el tema de las redes de información con el uso de los activos improductivos para potenciar su rentabilidad: AirBNB posee tres veces más departamentos y casas listados que las habitaciones del Marriot. Más de un millón de usuarios del sistema se quedan noche tras noche en alguna propiedad rentada a través de esta red. 

Lo mismo sucede con la industria de automóviles: la mayor parte del tiempo, los autos permanecen estacionados sin uso. Los taxis se han visto sobrepasados por el éxito de las redes de choferes privados de Uber, Lyft y otras menos famosas como Didi. O las próximas que surgirán están ya produciendo cambios en las legislaciones locales a la hora de instalarse legalmente en los distintos países, porque usan esos autos sin uso y los ponen en funcionamiento para la obtención de una ganancia en una verdadera economía compartida.

Es una tendencia difícil de detener: Uber contrata en promedio 20.000 conductores nuevos al mes a nivel mundial y en ciudades como Los Ángeles o Washington los conductores ganan 17 dólares la hora, o más.

Como variante, empresas como Getaround, Zip Car o Drivy alquilan por horas los autos, o específicamente de un lugar a otro, pero sin choferes. 

El crowdfunding es el otro fenómeno asociado a esta tendencia, en el que los inversores ahora se atomizan y fondean proyectos de inversión. Solamente el sitio Kickstarter aportó 2 mil millones de dólares de fondeo entre 2009 y 2015 con ese objetivo. Y son muchos los sitios que surgieron.

El menor nulo o poco uso de la capacidad instalada (o del capital, en este último caso) moviliza a los individuos a compartir los activos a cambio de una renta justa. Antes que dejar el departamento vacío, la gente ahora se anima a alquilarlo en redes como AirBNB. Superados los temores y la informalidad, más gente compartirá sus activos. 

Me imaginaba una economía en la que hasta los vestidos de casamientos o de alta gama para usarlos una vez en la vida puedan generar valor para los individuos. Pero la investigación para este artículo me sorprendió al saber que otros ya habían desarrollado mi idea: vean los sitios de Rent-the-runway y StyleLend para darse una idea de lo que es una economía compartida para la ropa.

Y aquí remarco que el valor es para el individuo. Lo que menos quieren los taxistas es compartir los clientes; las inmobiliarias, las comisiones por alquiler de departamentos; o bien los bancos, las jugosas comisiones; las grandes marcas de ropa sus diseños carísimos por solo ponerle un nombre, y las altas tasas de préstamos a empresas sin activos. 

Las compañías fabrican los bienes pero hacen las cosas para que los individuos vuelvan a comprarlas. Pasa con los libros de texto de las escuelas, que cambian año tras año, o bien las empresas de impresoras cuyo negocio reside en el cartucho, no en la venta de la impresora en sí misma.

La mano de obra es también un recurso subutilizado: trabajadores que complementan sus ingresos con otro empleo podría ser la norma a futuro, desde sus casas y hasta ganando más que en su primer trabajo. Aquellos puestos que puedan terciarizarse y evitarse estructuras de costos fijos costosas para empresas seguramente se verán favorecidas. TaskRabbit comparte mano de obra: un usuario puede contratar a alguien para que haga trabajos de los más variados: desde jardinería hasta hacer trámites. 

Uber ha indicado que el 51% de sus choferes están conduciendo menos de 15 horas a la semana: no se trata por ahora de la creación de nuevos puestos, sino de la economía compartida: de gente que posee un activo subutilizado y que busca una renta adicional.

La economía compartida llegó para quedarse. Más ejemplos aparecerán y más ventajas habrá para los usuarios. Aunque para competir con los servicios regulados existentes y tradicionales, se tendrán que adaptar para no quedar fuera del marco de la ley.

*Esta columna fue publicada originalmente en Sala de Inversión.

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