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¿Habla Trump más de la cuenta?
Mié, 17/05/2017 - 10:55

Miodrag Soric

Reanudación de relaciones diplomáticas Cuba-EE.UU.: buen comienzo, pero tardío
Miodrag Soric

Miodrag Soric es Editor Jefe en Deutsche Welle Radio.

Todavía no están todos los hechos sobre el tapete. Es demasiado pronto para decir con certeza si Donald Trump entregó información confidencial nada menos que a representantes del Gobierno ruso. No obstante, toda esta discusión perjudica ostensiblemente al presidente de Estados Unidos. En su caso, uno no se logra desembarazar de la sospecha de una cooperación encubierta con el Kremlin, primero en la campaña electoral y ahora desde la Casa Blanca.

Una consecuencia es que Trump tendrá aún más dificultades para encontrar a un sucesor del recién despedido director del FBI, James Comey. Partidarios y adversarios miran ahora con más desconfianza a este presidente. Y el Senado tendrá que confirmar al jefe del FBI que designe Trump.

Vanidad perniciosa

Otra consecuencia podría ser que los aliados de Estados Unidos guarden cautela con la entrega de información de sus servicios de inteligencia a Washington. Quién sabe qué es lo que podría revelar este presidente. La entrega de datos de los servicios secretos puede perjudicar considerablemente la seguridad de Estados Unidos. Y provoca desconfianza entre los aliados.

En vista de estas repercusiones, los asesores de Trump y su equipo de gobierno se han apresurado en desmentir todas las acusaciones. Hasta ahora infructuosamente. Cada vez son más los estadounidenses que esperan casi cualquier cosa de este presidente: un septuagenario que se comporta como un niño, que se controla tan poco y cuya vanidad es continuamente su perdición.

Creciente riesgo de seguridad

Aunque las sospechas resulten infundadas, habla por sí solo el hecho de que estadounidenses y aliados crean a este presidente capaz de entregar informaciones confidenciales al adversario, para pavonearse, para hacerse el importante, para llamar la atención.

Los errores de Trump despiertan en algunos parlamentarios los peores temores. Los demócratas consideran a este presidente un riesgo para la seguridad. Los republicanos lo contradicen, en un tono cada vez más bajo, pero también se preguntan: ¿qué hacer? Un proceso de destitución puede tomar largo tiempo. Y, en este momento, el resultado sería en extremo incierto. En consecuencia, los republicanos están petrificados en un estado de shock y, por lo pronto, no hacen nada. Hasta el próximo escándalo. Mucho no tardará en llegar, con este presidente.

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