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Juego limpio: leyes igualitarias para brindar igualdad de oportunidades laborales para la mujer
Mar, 24/02/2015 - 10:53

Christine Lagarde

Determinación y empuje: cómo salimos de esto juntos
Christine Lagarde

Christine Lagarde es abogada francesa y es actualmente la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). Anteriormente fue ministra de Economía, Finanzas e Industria y antes de esto ministra de Agricultura y Pesca y Ministra de Comercio en el gobierno de Dominique de Villepin (Francia). Lagarde fue la primera mujer en convertirse en ministra de Asuntos Económicos del G8, y es la primera mujer en dirigir el FMI.

Nivelar el campo de juego para la mujer entraña una enorme promesa real para el mundo, en términos tanto económicos como humanos. Lamentablemente, esa promesa en gran medida sigue sin cristalizarse, y su potencial sigue desaprovechado. En demasiados países existen demasiadas restricciones jurídicas que conspiran contra la mujer al impedirles que sean económicamente activas, es decir, les impiden trabajar.

¿Qué se puede hacer para eliminar estos obstáculos? Un nuevo estudio elaborado por economistas del FMI busca dar respuesta a esa pregunta.

En definitiva, se trata de lograr un campo de juego justo y nivelado.

Todos podemos mejorar. Pese a algunos avances en los últimos años, las restricciones jurídicas basadas en el género siguen siendo significativas. Prácticamente 90% de los países tienen por lo menos una restricción importante entre sus leyes, y algunos tienen muchas.

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Estas restricciones van desde los permisos que las mujeres deben obtener de sus esposos para poder trabajar, hasta las leyes que restringen la participación de la mujer en profesiones específicas. Otras restricciones limitan la capacidad de la mujer para poseer propiedades, heredar u obtener un préstamo.

Vínculos profundos. Nuestro nuevo estudio revela una fuerte relación entre las restricciones jurídicas y la participación femenina en la fuerza laboral. En 50% de los países estudiados, la igualdad quedó plasmada en la ley. Y cuando esto sucedió, la participación femenina aumentó por lo menos 5 puntos porcentuales en los siguientes cinco años.

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El potencial, como se imaginarán, es enorme. Países como Kenya, Namibia y Perú han modificado sus leyes y han cosechado frutos. A veces todo lo que se necesita es introducir un par de modificaciones en las leyes.

Perú es un excelente ejemplo. En 1993, la nueva constitución estableció la igualdad entre el hombre y la mujer ante la ley y eliminó la discriminación al garantizar la igualdad de oportunidades laborales. El Derecho consuetudinario (es decir, el establecido por la costumbre) quedó invalidado en los casos en que contradice estos derechos. Así, la participación de la mujer en la fuerza laboral aumentó un notable 15%.

Otros factores también incidieron, desde luego. Las características demográficas, la educación y las políticas que establecen prestaciones de cuidado infantil y licencia por maternidad pueden ayudar a potenciar la participación femenina en la fuerza laboral.

Pero los derechos jurídicos son fundamentales.

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Nivelar el campo de juego. Las diferencias en la participación femenina en la fuerza laboral a escala mundial son profundas. Las mujeres constituyen el 40% de la fuerza laboral mundial. Y sin embargo tan solo 21% de las mujeres en Oriente Medio y Norte de África trabajan fuera del hogar, frente a 63% en Asia oriental, el Pacífico y África subsahariana.

Dadas estas circunstancias tan diferentes, la solución para los problemas de la brecha de género no es una sola. Necesitamos una estrategia de varios frentes, una estrategia acorde con las condiciones del país y con sus normas sociales y religiosas.

Pero más allá de todo esto, para incorporar más mujeres en la fuerza laboral y elevar el crecimiento tenemos que nivelar el campo de juego, es decir, eliminar la discriminación legal contra la mujer. La eliminación de las restricciones jurídicas puede incrementar en poco tiempo la oferta de mano de obra femenina.

El aumento de la participación económica de la mujer puede a su vez generar un mayor crecimiento. Según algunas estimaciones, al elevar la participación femenina en la fuerza laboral a los niveles de la participación masculina en cada país, el PIB aumentaría 5% en Estados Unidos, 9% en Japón, 12% en los Emiratos Árabes Unidos y 34% en Egipto. Aumentar la participación de la mujer en la fuerza laboral es una decisión económica sabia.

Nuestro estudio indica además que la introducción de más igualdad en los derechos de propiedad o en la búsqueda de un trabajo o el desarrollo de una profesión no tiene por qué perjudicar el empleo masculino. Todos pueden salir ganando.

¿Qué estamos haciendo al respecto? El FMI enfoca estas cuestiones principalmente a través del prisma económico de la mayor igualdad de género. Estamos contribuyendo a esta tarea a través de nuestros análisis y evaluaciones periódicas de la salud económica de cada uno de nuestros países miembros, conocidas como las consultas del Artículo IV. Lo que observamos es que las cuestiones relacionadas con la participación de la mujer en la fuerza laboral tienen importantes consecuencias económicas, sobre todo en los países que necesitan nuevas fuentes de crecimiento, como por ejemplo aquellos cuyas poblaciones están envejeciendo rápidamente.

Es mucho lo que queda por hacer, sin duda, pero contar con leyes y regulaciones igualitarias es un buen punto de partida. Al ayudar a la mujer a aprovechar todo su potencial económico también podemos ayudar a fomentar el crecimiento, la prosperidad y la estabilidad en todo el mundo.

El mundo está en busca de crecimiento, y las mujeres ayudarán a encontrarlo si en lugar de enfrentarse a una conspiración insidiosa se les ofrece un campo de juego nivelado.

*Esta columna fue publicada originalmente en el blog Diálogo a Fondo del FMI.