Análisis & Opinión

La familia Al-Assad, el meollo del problema

Esther Shabot

Esther Shabot Askenazi es licenciada en Sociología de la UNAM (1980, México), con estudios de maestría en Sociología en la UNAM y con especialización en Estudios Judaicos en la Universidad Iberoamericana (1982-1985). De 1983 a 1986 fue colaboradora semanal del periódico "El Nacional", tratando asuntos del Oriente Medio. Desde 1986 hasta la fecha es editorialista semanal en el periódico Excélsior, donde trata asuntos internacionales.

  • Wed, 04/04/2012 - 22:56

Pasan las semanas y los meses y la represión brutal ejercida por el gobierno sirio sobre sus ciudadanos continúa con la misma saña. Ante la complejidad y los riesgos inherentes a este caso, la comunidad internacional, incluida la Liga Árabe, no ha conseguido detener este circuito de horror. Ni los observadores enviados por ésta ni la visita de Kofi Annan han ayudado a disminuir los bombardeos y los actos de brutalidad contra civiles. En dicho contexto, el papel jugado por Rusia ha sido vital para el sostenimiento del régimen encabezado por Bashar al-Assad, ya que la mayoría de las iniciativas internacionales destinadas a que el dictador abandone el poder han sido neutralizadas por Moscú, cuyos intereses coinciden con el mantenimiento de los Al-Assad en el poder. Tal estado de cosas ha generado la impresión de que se trata de un callejón sin salida donde la situación puede prolongarse indefinidamente a pesar del altísimo costo en vidas humanas y el sufrimiento que conlleva.

Hace poco más de una semana se hizo público que la Unión Europea (UE) decidió que a las sanciones impuestas desde hace meses al presidente de Siria y a su hermano Maher, sumaba ahora sanciones similares a las mujeres de la familia Al-Assad. Y aunque parecería que esta decisión no tendría gran relevancia política, hay análisis como el realizado por el periodista árabe Tariq Alhomayed, en las páginas del diario Asharq Alawsat, que hacen una lectura distinta de esa decisión. Para el citado autor existe un mensaje importante en ella, a saber: el problema en Siria no es una tribu o una secta determinada, sino una familia, la de los Al-Assad, por lo cual con las recientes sanciones impuestas va implícita la consideración de que la comunidad internacional vería con buenos ojos un golpe de Estado militar que pusiera fin al reinado de los Al-Assad.

En otras palabras, según Alhomayed lo que la UE quiere transmitir, sobre todo a los altos oficiales del ejército sirio, es que con esta decisión apuntada específicamente contra las mujeres del clan de los Al-Assad se está poniendo en un cierto lugar relativamente protegido a la secta alawita y a la élite militar emanada de ella, y en otro muy distinto a la familia Al-Assad. Se implica con ello que más allá de pretender en efecto presionar al presidente, lo que se intenta, sobre todo, es convencer a los altos círculos militares de que sean ellos quienes lo derroquen, acción que contaría con el visto bueno de la comunidad internacional, con excepción de Rusia, por supuesto. De acuerdo al citado periodista, la UE ha llegado a la consideración de que más que el dominio del partido Baath sobre la vida siria, lo que prevalece en el país es la dictadura de una sola familia cuyas mujeres poseen una posición privilegiada en dicha estructura. En la misma línea de pensamiento, el cálculo sería que dada esta postura de la UE, quienes tienen el control de las armas podrían convencerse de que no vale la pena seguir respaldando al régimen y de que un golpe militar que lo sacara del poder contaría con la bendición internacional y con el consecuente apoyo necesario para la instauración de un nuevo orden.

Es cierto que la hipótesis de Alhomayed puede no ser correcta y que a fin de cuentas no haya consecuencias de la mencionada decisión de sancionar a las frívolas mujeres de la familia Al-Assad. Pero aun así es cada día más evidente que la catástrofe humanitaria que se registra en Siria obliga a la comunidad internacional a pensar en términos novedosos para romper el impasse prevaleciente e impedir así que el baño de sangre continúe.

Ni los observadores enviados a Siria ni la visita de Kofi Annan han ayudado a disminuir los bombardeos contra civiles.

Por lo pronto, se está dando oportunidad a que funcione el plan de seis puntos diseñado por Kofi Annan, plan que ya logró el apoyo de Rusia y China. Pero si, como es bastante probable, dicho proyecto no logra poner fin a la violencia, la búsqueda de otras alternativas por parte de la comunidad internacional es una obligación ineludible dada la gravedad del caso.

*Esta columna fue publicada originalmente en Excelsior.com.mx.

Esther Shabot

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