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La UE debe volver a ser relevante
Mié, 29/06/2016 - 10:19

Christoph Hasselbach

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Christoph Hasselbach

Christoph Hasselbach es editor senior en Deutsche Welle.

Para el premier británico David Cameron, su última jornada en Bruselas fue sin duda una especie de tortura. Y no se puede culpar de ello a los jefes de Estado de los otros países miembros de la UE ni tampoco a las autoridades de ésta. Cameron mismo llevó no solo a su país, sino a todo el continente, a una crisis debido a su referendo.

Pero quien hoy desee castigar a Cameron o a su Gobierno conservador, castigará también a todo el país, donde casi la mitad de sus ciudadanos ha declarado su intención de permanecer en la Unión Europea. Y también, con ello, a la juventud británica, que en su inmensa mayoría también votó por permanecer dentro de la Unión.

Cameron ahora está bajo presión para presentar la solicitud de salida tan rápido como sea posible. Esto, mientras en Gran Bretaña de repente surgió un asombroso debate sobre si debe haber ahora una salida del brexit. Seguramente no la habrá, pero esto demuestra que los defensores de una salida de la UE no tenían idea de lo que harían en el caso de una victoria.

En todo caso, para ambas partes sería beneficioso que las relaciones se mantuvieran tan estrechas como fuese posible. No debe ser un objetivo de la Unión Europa usar las negociaciones con Gran Bretaña para dar un ejemplo a otros países que pudieran estar pensando en abandonar la UE.

La burbuja de Bruselas. Las dificultades a las que muchos británicos se enfrentan ahora, y la alegría malsana de algunos al ver las turbulencias que se generaron en la economía del Reino Unido, tienen varias razones. Pero ninguna de ellas debería contar en las futuras relaciones con la isla.

Es el orgullo herido de los rechazados. Es la satisfacción de siempre haberlo sabido. Es el temor por el surgimiento de imitadores. Porque ahora un manojo de populistas de derecha está exigiendo, en toda Europa, la realización de referendos en sus países.

Es también la distracción de sus propios fracasos. La Unión Europea y sus instituciones estaban muy cómodas en su burbuja en Bruselas. Se han quedado mucho tiempo mirándose el ombligo en lugar de convertirse en defensora de los ciudadanos.

Fin de las ilusiones. Lo que el voto por el brexit ha hecho patente es algo que hace tiempo se cocinaba a fuego lento en diversos sectores: una molestia, a veces incluso una cierta rabia, contra “los de arriba”, que no se preocupan mucho por la gente.

La Unión Europea debe concentrarse ahora en hacer lo posible por recuperar la confianza de la ciudadanía. Debe convertirse en algo relevante para sus vidas, ya sea en áreas menores como el campo de la defensa del consumidor, o en asuntos grandes como la crisis de los refugiados.

Lo que la Unión Europea no debe hacer es lo que hizo el premier griego Alexis Tsipras, quien exigió como respuesta a esta crisis el fin de las “políticas de austeridad”, y la instauración de una Europa “más social”. Eso siempre suena bien, pero en realidad es solo un intento por desviar la atención sobre sus propios fracasos a la hora de hacer reformas y pasar los costos de ello a los demás. No, así no debe ser la respuesta europea. Europa no tiene que ser una excusa para los errores de sus miembros.

¿Y qué queda del “sueño europeo”? Lo que ha dejado en claro el voto británico por la salida es que todas las ideas altisonantes, desde buscar una unión política más estrecha hasta un estado federal europeo, se desvanecen por el momento. Los ciudadanos no quieren sueños. Los ciudadanos quieren hechos.

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