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Los mercados o una jungla todos contra todos
Jue, 13/10/2016 - 10:07

Gustavo Neffa

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Gustavo Neffa

Gustavo Neffa es Socio-Director de Research For Traders.

Alexander Elder alguna vez escribió que los mercados son un lugar en el que todos luchan contra todos, en donde uno opera contra una gran masa de gente que no se conoce entre sí y está ávida por comer parte de tu cuenta de inversión. Lo más parecido a una jungla de cemento (a través de la tecnología). Y el aspecto crucial para tener éxito es el psicológico: la Psicología del Trading es fundamental para desenvolverse en los mercados.

Su libro “Vivir del Trading” dedica la primera parte al aspecto psicológico del trading, pero se sumerge después en el chartismo, los indicadores técnicos y los sistemas de trading, en donde enseña su famosa "triple pantalla". La última parte está dedicada a la gestión de capital, vital a la hora de administrar eficientemente los recursos con los que uno opera.

En la selva habitan animales irracionales, en donde algunos se aprovechan de los otros y todos intentan subsistir. En esa misma selva, los fuertes y/o los más vivos se imponen sobre los débiles. 

La sociedad moderna tiene sus leyes y sus reglas: impone un marco para el desenvolvimiento de los negocios, pero comparte algo de ese concepto de selva cuanto más libre mercado y más margen de acción haya entre los agentes económicos. De ahí surge la regulación y el Estado de Derecho para regular y normar las acciones de las empresas y los individuos. 

Wall Street es una suerte de selva en la que existe un acceso a la información muy desparejo, en donde algunos pocos agentes grandes tienen más información que el resto. Es un mundo en el que uno se sumerge cuando empieza a operar en los mercados bursátiles, y donde siempre se sospecha que existe un complot en contra del inversor minorista. 

Algunas sospechas de estas fueron comprobadas, como lo hizo el Fiscal General de Nueva York, Eliot Spitzer, desenmascarando a grandes bancos por suscripciones de fondos mutuos, o con las multas que todavía se dan a conocer de la época del 2008/2009 en el que la venta de instrumentos financieros basados en hipotecas de dudosa calidad se seguían vendiendo a precios de bonos AAA con la complicidad de las calificadoras de riesgo.

Esos miedos no son equivocados, pero muchas veces son exagerados y hasta infundados: algunos pueden llegar a pensar que unos pocos agentes “manejan” el precio del petróleo, o que otro grupo de bancos bajan y suben intencionalmente los precios de las acciones en forma voluntaria y a discreción poniéndose todos de acuerdo al mismo tiempo. 

Si bien existen ejemplos en los que alguna persona pudo debilitar y hasta forzar la caída de un activo, como George Soros con la libra esterlina en 1992, se trató más bien de un episodio extremo en el que un solo inversor podía tener esa cantidad de contratos, algo que hoy sería imposible de reunir por las regulaciones vigentes, y se aprovechó de una situación que desde los fundamentals ya se encontraba muy debilitada. De ahí la apuesta de Soros, que contribuyó a su caída, pero no explicando desde su inicio como suele ser la creencia popular.

Esos miedos existen porque en los mercados se da la llamada "asimetría de la información", en la que un puñado de grandes inversores se entera antes que el resto de la información verdaderamente relevante y que moviliza los precios, muchas veces al límite de lo permitido (la “inside information”). Es porque tienen la estructura con dedicación full time y especializada, porque tienen la información en tiempo real, porque monitorean los mercados las 24 horas y porque tienen llegada e influencia a empresas y gobiernos, además de contar con otros beneficios derivados de su tamaño, como el de operar con costos mucho más bajos que los inversores minoristas.

Pero Wall Street es también una fuente de constante distracción. Los mercados y todo su entorno generan ruido y mucha información innecesaria en la que reina la confusión y en la que muchos generan negocios sobre la base del desconocimiento, como las newsletters de inversiones, los servicios Premium de sitios de Internet con contenidos “ganadores”, la venta de sistemas blackboxes que operan solos sobre la base de un algoritmo secreto, o la formación de íconos de los mercados que en realidad no son más que un buen producto del marketing personal, pero no del conocimiento. Y por más que lo tuvieran, tampoco podrían manejar a los mercados, dado que los mercados se mueven a posteriori sobre la base de información nueva que hoy no se encuentra incluida en los precios porque todavía no se dio. Esa es la hipótesis de los mercados eficientes, en los que toda nueva información se va incorporando en los precios. Y es así como las cotizaciones de las acciones, los índices, los commodities y los tipos de cambio se mueven como un "paseo aleatorio" en el que es imposible adivinar su tendencia de corto plazo.

Todos somos diferentes en nuestras preferencias. Como seres racionales deberíamos reaccionar en la misma dirección, pero nacemos con genes distintos unos a otros que nos definen, y estamos altamente influenciados por diversas variables a lo largo de nuestra vida y las inversiones realizadas. Y es por eso que no existe una alineación perfecta de las preferencias de los inversores, como sí lo asumen los modelos teóricos como el Capital Asset Pricing Model (CAPM), en el que todos los agentes económicos tienen preferencias perfectamente alineadas y una relación riesgo/retorno de todos los activos de mercados sin posibilidades de arbitraje (todos los activos están alineados en una curva que define la relación riesgo/retorno). 

En la realidad, lo anterior no existe, y un bono de Venezuela puede representar una excelente compensación por el riesgo asumido para un inversor, pero para otro puede ser una apuesta demasiado riesgosa por el riesgo que conlleva. En definitiva, en la realidad existen distintas pendientes en las curvas de indiferencia porque las personas involucran elementos subjetivos, apreciaciones personales y juicios de valor con argumentos únicos que a la hora de elegir entre una acción y otra van a diferir en su decisión final, muchas veces hasta en sentido opuesto.

Aunque es sabido que las acciones gozan a largo plazo de un "risk-premium" o de un premio por el riesgo asumido, a corto plazo se mueven más influenciadas por otros factores de mercado o coyunturales que impactan sobre todas las acciones, o en forma más segmentada sobre aquellas de determinado país, sector o clase de acción. Siempre hay un riesgo sistémico, un riesgo de corto plazo adicional que los activos de renta variable -como son las acciones- absorben, magnificando la volatilidad y aumentando el riesgo de invertir.

En síntesis, si bien en medio del siglo XXI existe un marco regulatorio para el desenvolvimiento de los distintos agentes económicos, los mercados comparten ciertas características de una selva en el que todos se encuentran enfrentados contra todos para poder sacar más dinero y provecho de los demás participantes, y muchas veces, intentan sortear las reglas.

*Esta columna fue publicada originalmente en Sala de Inversión.

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