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Se pincha la burbuja de bonos, ¿qué hacer con esa parte de la cartera?
Vie, 23/12/2016 - 08:30

Gustavo Neffa

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Gustavo Neffa

Gustavo Neffa es Socio-Director de Research For Traders.

La teoría dice que siempre hay que tener bonos en una cartera diversificada. Y vaya si no fue negocio durante los últimos 40 años, al menos, en especial invertir en bonos de alta calificación crediticia, cuyos precios no han cesado de subir y sus correspondientes rendimientos no han dejado de bajar. 

Como todo instrumento de renta fija, cuyo flujo de fondos está preestablecido, si el precio del bono sube, el rendimiento del inversor marginal baja. Por lo tanto, el último en entrar siempre lo hace a un precio más caro y el bono rinde menos que el primero que lo hizo. Y podemos remontar hasta aquel inversor que suscribió la lámina en la emisión primaria original. 

A medida que transcurrió el tiempo, casi todos los rendimientos del último bono emitido al mismo plazo en aquellas economías con un mercado de bonos maduros (como Estados Unidos, que tiene licitaciones cada 15 días para casi todos los plazos) lo hizo a un rendimiento inferior. Cuando fueron pasando los años, las tasas fueron bajando y el costo de financiarse en cada licitación fue más barato. 

Lo mismo podría decirse de aquellas empresas que emitieron bonos largos (o si no tenían un vencimiento muy largo, que eran riesgosos y volátiles porque su calificación crediticia era baja), que tuvieron la oportunidad de financiarse a tasas cada vez más bajas toda vez que ese bono venció. 

Más aún, las empresas que incluyeron en sus emisiones una cláusula de recompra a precios inferiores a los de mercado si las tasas subían, hicieron negocio porque podían rescatarlos ("llamarlos" o "callearlos") pagando un precio fijo estipulado de antemano antes que vencieron a determinada fecha y reemplazarlo por otro bono nuevo pero con tasas de rendimiento y cupones más bajos. 

En los bonos más largos existe más volatilidad, por lo que casi todos los emisores incluyeron alguna cláusula de este tipo, una práctica vista muchas veces en emisiones soberanas también. 

Un estudio hecho por un banco suizo en cuatro monedas y con rendimientos de 13 clases de activos a lo largo de 20 años, revela que es cierto que incluir bonos es muy bueno para una cartera. No solo la estabiliza, sino que la relación retorno relativo/riesgo (ratio de Sharpe) de los bonos fue una de las más altas, secundada por los hedge funds. 

A lo largo de los últimos 40 años, los rendimientos estuvieron bajando y se ubicaron por debajo de la inflación esperada, ofreciendo un elemento estabilizador único en la cartera. 

La serie más larga que se conozca de un bono soberano posee 500 años de historia y corresponde al bono a 10 años de los Países Bajos. De 1517 en adelante, las tasas no hicieron más que bajar con picos plurianuales correspondientes a alguna crisis económica o guerra. EE.UU. posee unos 226 años de historia para su benchmark de 10 años remontando al año 1790. 

Pero desde el momento que entendemos que muchas de esas compras fueron hechas por bancos centrales para permitir que sus economías recuperen las tasas de crecimiento del pasado o para superar los efectos de alguna crisis que siempre corre el riesgo de devenir en deflación, entenderemos que ese mercado había entrado en una clara burbuja. Cifras sin precedentes e infinitas por definición, encuadradas en programas cuantitativos de recompras de bonos (los llamados “quantitative easing”, o QE) que fueron a parar a un solo destino terminaron por distorsionar ese mercado de renta fija. La manipulación de ese mercado terminó en una burbuja. 

Los rendimientos hasta septiembre de este año fueron tan bajos que el 40% del stock de emisiones de países desarrollados llegó a tener rendimientos negativos. Suiza, el caso extremo, tenía toda su curva con rendimientos negativos. La elección de la moneda (o en bonos de qué país en moneda doméstica) terminaba siendo muchas veces el factor determinante porque su oscilación determinaba un rendimiento superior al de los cupones, para arriba o para abajo también. 

Pero Donald Trump, el presidente electo en los EE.UU., pateó el tablero. Su intento por revitalizar la economía a base de gasto, emisión y más deuda desempolvó lo que parecía enterrado para siempre, que eran las expectativas de inflación, para su país, pero con un contagio directo en todos los bonos mundiales. Sufrieron más los bonos largos y los bonos con menor calificación crediticia. Pero se han visto movimientos que hacía muchos años no se veían en los mercados. 

Siempre es bueno saber que el riesgo existe. En cualquier activo. 

El oro es refugio hasta que deja de serlo porque dejan de comprarlo, pasa de moda o el activo sustituto, en este caso la tasa de interés, empieza a subir. 

En estos días, también los inversores se dieron cuenta de que el riesgo puede golpear a una clase de activo que hasta hace muy poquito era el preferido de los inversores institucionales, incluso con calificaciones máximas (AAA). 

Aunque en menor medida que los retornos, la volatilidad es un indicador que oscila constantemente dependiendo del periodo que se tome o los hechos de corto plazo que impacten directamente. 

Por lo tanto, les recomiendo estar atentos a estos movimientos, por más que pensemos que estamos a salvo. Siempre existen este tipo de movimientos de mercado entre distintas clases de activos, incluso entre los supuestamente más seguros. La suba de tasas llegó para quedarse. 

*Esta columna fue publicada originalmente en Sala de Inversión.

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