Análisis & Opinión

Siete apuntes sobre las protestas en Venezuela

Manuel Sutherland

Manuel Sutherland es Coordinador de Investigaciones del Centro de Investigación y Formación Obrera de Venezuela (CIFO) y trabaja en la Asociación Latinoamericana de Economía Marxista (ALEM), donde es Director de Editorial. Es Economista (UCV), con estudios de posgrado en Planificación (CENDES) y de Ingeniería Industrial (UNEXPO). Aimismo, es columnista de los periódicos Tribuna Popular y Noticiero Industrial (Venezuela), Mercado de Dinero (España-Colombia), El Aromo (Argentina).

  • Wed, 02/19/2014 - 02:38

Los recientes sucesos que acontecen en Venezuela han dado la vuelta al mundo por la virulencia de las protestas y el abierto interés de los mal llamados “medios de comunicación” internacionales, de hacer creer que en Venezuela se desarrolla una guerra civil. En siete cápsulas trataremos de forma crítica los eventos sucedidos en el país y nos esforzaremos por plantear nuestras ideas, lejos de la intencionalidad opositora que vende los sucesos como si fueran una insurrección popular, o de la línea editorial que mira al gobierno como a una pobre víctima del fascismo.

I

Uno de los problemas más grave de la ola de protestas ultraderechistas, es que le da pie al sector más antiobrero del gobierno para afirmar el batiburrillo: “toda protesta es antirrevolucionaria y colabora con el imperialismo”. Dicha artimaña ruin, tergiversa toda iniciativa autónoma de reclamos válidos por los explotados respecto a sus salarios, despidos, o arremetida patronal, que necesariamente deben ser llevados a los niveles de protesta en las calles[xv].

Los hechos puntuales, violencia y protestas orquestadas para la insurrección que no llegó

La marcha del 12 de febrero fue promovida con ahínco en todas las redes sociales importantes. La consigna era: “Saquemos al Maduro”, “Pongámosle fin a la dictadura de una vez” y una que otra prédica por la libertad de algunos estudiantes que estaban presos por actos evidentemente vandálicos. Las escenas más violentas de los estudiantes en sus protestas previas al 12 F, se observaron en Mérida y Táchira. Los sucesos violentos de Mérida llegaron al clímax cuando un joven opositor se electrocutó al tratar de destruir una valla de la gobernación. En Táchira, decenas de estudiantes hicieron destrozos a la casa del gobernador. Varios de esos estudiantes fueron encarcelados. Por ende, la marcha debía sacar a Maduro del poder y también liberar a los presos.

La significativa concentración que el 12 de febrero se reunió en la Plaza Venezuela asombró por su nutrida asistencia. Varios oradores de derecha calentaron los ánimos y corearon consignas “pacíficas” como: “Vamos a alzarnos contra este gobierno”, “Este gobierno va a caer”. Apartando las expresiones xenófobas de algunos grupillos que gritaban: “Maduro es un maldito colombiano”, la idea de la marcha no era provocar un enfrentamiento. Sin embargo, irse a sus casas luego de llegar a la Fiscalía, sin que nada pasara, no era una opción correcta para quienes creían que la Mesa de la Unidad de Democrática (MUD) había convalidado el supuesto fraude que hizo que Maduro ganase la Presidencia[i].

Al llegar al sitio de los acontecimientos, la cebada marcha protestó enérgicamente en la Fiscalía. Algunos voceros entregaron un documento y hubo unas arengas sediciosas que calaron poco en el grueso de la concentración. Luego hubo una disolución casi absoluta de la concentración.

II

Los tres homicidios y los más de 60 heridos

La marcha se había disuelto sin contratiempo alguno. Salvo algunos correveidiles que asomaban episodios caóticos, la táctica del gobierno de no ponerle ningún obstáculo a la marcha, garantizaba que se hiciera una protesta calmada y que no pasara a mayores. Aunque el grueso de la oposición debió estar feliz por recuperar el ánimo luego de la estrepitosa derrota en los comicios municipales de diciembre, el ala más derechista (Leopoldo López y su partido: Voluntad Popular) necesitaba ganar la notoriedad que Henrique Capriles le había arrebatado. Capriles (según ellos) había legitimado a Maduro y planteaba un “ruin” acercamiento al chavismo, al asistir la reunión de los gobernadores con el presidente[ii]. Desarrollando un plan de ataque coordinado con radios de onda corta, un minúsculo grupo de manifestantes sacaron: capuchas, bombas molotov, armas de fuego y un pequeño arsenal que se fue repartiendo por las calles adyacentes a la Plaza Carabobo.

En un instante la marcha que había “finalizado”, se convirtió en un violento asedio al Ministerio Público, a través de la quema y destrucción de kioscos, levantamiento de barricadas y disparos con armas de fuego. La violencia llegó al paroxismo cuando encapuchados entrenados en disturbios y una banda de chicos que los seguían, se dieron el tupé de quemar cinco camionetas de la policía política del gobierno: Sebin. Ante la inexplicable ausencia de los cuerpos antimotines de la Guardia Nacional, los disturbios arreciaron y hubo una clara penetración en ámbitos que el gobierno ha declarado como: zona de seguridad. Ahí, y sólo ahí entró la participación inusitada del Sebin. Primero, según los videos disponibles en YouTube[iii], los policías dispararon perdigones con escopetas. En seguida, el tiroteo avanzó y el Sebin procedió a emplear armas de fuego.

Más allá de las especulaciones, el resultado fue la muerte de dos jóvenes antichavistas y de Juan Montoya (‘Juancho’), activista de los Colectivos Bolivarianos del 23 de Enero. Un video aficionado (disponible en la web) muestra la penosa muerte de Basil Da Costa, quien recibió un tiro en la nuca mientras corría con otros jóvenes en el enfrentamiento policial. El segundo joven, Roberto Redman, murió en una circunstancia bastante sospechosa. Redman, quien había llevado en volandas a Basil, luego de que éste recibiera el disparo, había manifestado haber visto al asesino de Basil. Esa misma noche, un motorizado le disparó en la cabeza en las inmediaciones de Chacao, lejos en tiempo y distancia de los incidentes de Plaza Carabobo. El crimen de Redman parece realizado con premeditación y alevosía, según el relato de un hombre que resultó herido de bala, a pocos metros del finado Redman.

La muerte de Juan Montoya parece más oscura. Se sabe muy poco de ella. Siendo de los colectivos progobierno, parece haber sido víctima de un opositor con experticia en armamentos. Sin embargo, en la entrevista que uno de sus compañeros ofreció al diario Últimas Noticias, se deja entrever que pudieron ser los mismos agentes de seguridad estatal quienes le dispararon. Mucha más gente antichavista y chavista recibió disparos con arma de fuego. El caso de la trabajadora del Canal de televisión estatal: VTV, es simplemente terrible. Al ella ingresar al canal a trabajar luego de sortear el violento asedio opositor, recibió un impacto de bala en el abdomen. La ciencia pudo salvarle milagrosamente. Resultado final: tres personas muertas y al menos 66 heridas.

III

Descontento político de las bases antichavistas más anticomunistas

La situación económica es grave. Sin embargo, los marchantes de la oposición no tenían dentro de sus consignas demandas “económicas”, es decir, reivindicaciones salariales o exigencias de mejora en servicios públicos. Los marchistas básicamente exigían más libertad (liberalismo), menos injerencia del gobierno en las empresas (liberalismo) y la renuncia del tirano comunista. Ninguna pancarta solicitaba aumentos salariales u otras compensaciones de tipo social. Las prédicas iban encauzados a derrocar a un montón de lumpenes pro cubanos que están usurpando el poder. Los más elegantes afirmaban que el chavismo es una chusma que lleva al país a la ruina.

Aunque ningún marchista sepa qué es el socialismo, muchos manifestaban que el gobierno de Maduro era una dictadura Castro-comunista y le atribuían al Estado, la responsabilidad de la enorme carestía de alimentos y la escasez generalizado de productos como: papel higiénico, jabón, etc. Pero, repito, no sólo que lo económico era casi invisible, sino que la solución de ellos es una acrítica vuelta a un supuesto pasado idílico, donde las mercancías eran baratas y abundantes, y los empresarios tenían la total libertad. Demostrando ignorancia supina, no entienden que episodios de altísima inflación y enorme desabastecimiento se han dado en Venezuela en años anteriores. Ellos creen que es una conspiración del gobierno que a fuerza de “controles” desea abatir a los ennoblecidos empresarios.

Ahora, eso no quiere decir que haya una base bolivariana descontenta con la direccionalidad conciliadora del gobierno de Maduro. Medidas como volver a devaluar la moneda[iv], luego de haberla devaluado el año pasado en 46%, sentó muy mal a las bases bolivarianas que habían comprado la idea del “bolívar fuerte”, una moneda que supuestamente no perdería valor de forma sistemática. Aunque el Estado subestima la inflación, ésta llegó a alcanzar el 56% en el año 2013. Dicha tasa de inflación fue la más alta del mundo, aventajando a Siria y a Sudán. La inflación destruye el salario real y hace poco significativo el aumento salarial del 10% que decretó el gobierno a inicios del 2014. La base social bolivariana reclama mano dura contra el empresariado. Pero el chavismo se limita a imponer controles, leyes, sanciones y un montón de medidas que resultan insuficientes. A pesar de esto la base bolivariana en general, sigue fiel y a la expectativa de cambios positivos.

IV

La plaza Altamira y las revueltas en los centros urbanos de mayor alto poder adquisitivo

Los sucesos del 12 de febrero “calentaron la calle”. En varias ciudades importantes se replicó el accionar virulento del estudiantado derechista. Con mucho menos intensidad se vieron actos vandálicos de cierta importancia y asedios a instituciones estatales, donde se hostigaba a obreros que no tenían relación con el chavismo. Es llamativo el radio de acción de estos críos. Suelen atacar, quemar basura, cauchos etc., en las zonas residenciales donde la mayoría de ellos vive. Dichas urbanizaciones suelen ser habitadas por personas de altos ingresos.

En uno de los municipios más ricos del país, Chacao, hicieron la mar de transgresiones contra el patrimonio público. Según el alcalde de Chacao, Ramón Muchacho, un ferviente opositor al chavismo y escudero de Capriles, los chicos arremetieron contra la propiedad de la alcaldía, causaron graves pérdidas y ya son molestos para los vecinos del Municipio. Entre los daños se cuentan agencias bancarias: Banco de Venezuela y Banco Provincial; el edificio de la Magistratura (DEM); el del Ministerio de Transporte y las inmediaciones de la estación del Metro de Caracas[v].

El asedio al canal estatal VTV fue adornado con una lluvia de piedras, intimidación y amenazas de toda índole, de grupos que se venden estúpidamente como “pacíficos”, cuando hasta el mismo Alcalde antichavista dice que son muy agresivos. Dichas protestas se han realizado bajo la mirada fría de las autoridades, que para variar juegan en el estéril torneo del “desgaste”. Dicha táctica consiste en un moderno laissez faire laissez passer, de tal forma, los antichavistas pueden dar rienda suelta a sus actitudes ociosamente destructivas con escaso riesgo a que los repriman con toda la violencia que la policía gringa, española o colombiana, ejecuta con extrema eficiencia.

Incluso, la periodista de un canal furibundamente antichavista como Globovisión[vi], María Iginia Silva, también fue víctima de agresiones múltiples. A su equipo lo atacaron físicamente, tal cual hicieron con 36 trabajadores del Metro C.A., quienes ningún cargo político del gobierno detentan.

V

La esterilidad del vandalismo ultraderechista y como los líderes antichavistas se desmarcan de la violencia de los “infiltrados” en el movimiento estudiantil

Los desórdenes que exigían mayor liberalismo al chavismo se han ido desvaneciendo a través de ciertos espasmos callejeros. Alguna que otra quema de basura y una que otra concentración macilenta. Los efectos en la población de su mismo bando han sido adversos. Parece que ningún dirigente político de derecha, de cierta importancia, respalda las posturas violentas de los estudiantes más arrojados. De manera continua se han ido distanciando de la propuesta ilusa e infértil, de querer tumbar a un gobierno con amplio respaldo militar, a fuerza de tocar cacerolas, y de quemar arbustos y papel periódico.

La diáspora opositora se viene exhibiendo poco a poco. Este sábado, Ramón Muchacho escribió a través de su cuenta en Twitter: @ramonmuchacho, acerca de la falta de liderazgo en la oposición política venezolana para detener los sañudos hechos destructivos: "Reconozcamos terrible falta de liderazgo y de dirigencia. Sólo anarquía. ¿Es esto lo que queremos?, ¿Habrá algún límite para la violencia y el vandalismo? ¿Se justifica lo que está ocurriendo? ¿Alguien asume la responsabilidad?"[vii].

La emotiva concentración de la oposición estudiantil en las inmediaciones del Parque Miranda, a pocas cuadras de Altamira, fue tribuna para que líderes derechistas expresaran su repudio a la violencia. Ahí, la diputada a la Asamblea Nacional, María Machado, repudió los actos vandálicos ocurridos en los últimos cuatro días. Aseguró que eran hechos por "infiltrados". Dijo: "los rechazamos contundentemente, con la misma fuerza que rechazamos la represión brutal de este régimen"[viii].

En una populista rueda de prensa, Henrique Capriles se desembarazó de las agresivas protestas que aún acaecen en el país, con frases de infinito amor a su pueblo: "Hay gente que quiere que yo sea violento y no puedo ser violento con la gente que amo, el pueblo (...) vamos a aislar a los violentos e infiltrados"[ix]. De héroes que con fogosidad combatían a los órganos represivos del régimen, pasaron a la tesis de los “infiltrados” que bajo engaño llevaron a los cándidos nenes a hechos violentos.

Si el gobierno cree que es un Golpe de Estado de verdad, no parece estar tomándose muy en serio el asunto estudiantil. Según declaraciones del Ministro de Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, piensan dejar que los estudiantes continúen sus estropicios en Santa Paz. El ministro dijo: “vamos a evaluar, si es necesario, retirar la Guardia Nacional y la Policía Nacional Bolivariana (PNB) de Altamira, eso pudiese ser una medida, y dejar que ese sector lo controle la Policía de Miranda”[x].

La estéril ideología de paz y diálogo que el gobierno trata de levantar, ha hecho que se liberen en apenas horas a 106 detenidos por los disturbios, sólo quedan 14 aprehendidos. Lo cual, sin duda, fomenta la impunidad trepidante que goza la ultraderecha en sus acciones. La ultraderecha hace y deshace con total descaro, partiendo de que el gobierno usa mano fuerte contra obreros en huelga, sindicatos, pueblos originarios (son feroces los desalojos a los Yukpas) y contra la izquierda “ultrosa” que protestó la ilegal “deportación” de comunistas colombianos y vascos. Las pacíficas y diminutas manifestaciones de la izquierda exigiendo la liberación de Joaquín P. Becerra[xi], fueron respondidas con gases lacrimógenos y escaramuzas absolutamente desproporcionadas, porque casi todos los manifestantes eran: chavistas. Execrable fue la sanguinaria disolución de la huelga que obreros de izquierda llevaban a cabo en Mitsubishi. Como las escalofriantes escenas de la genial película La huelga, del soviético S. Eisenstein, los policías entraron disparando como si fuera una película de Rambo. Una huelga con decenas de obreros mayoritariamente chavistas, que apenas llevaban horas ocupando la fábrica, fue fundida a tiros dejando el saldo trágico de 3 homicidios[xii].

Por todo lo anterior, la “izquierda” debe olvidarse de solicitar al gobierno más represión o de organizar autodefensas que combatan a un movimiento estudiantil que se diluye sin pena ni gloria. Nuevas escaramuzas de este grupejo liberal, terminarán en el más estrépito fracaso.

VI

La nueva marcha de Leopoldo López (19/02/14) y el intento abierto de catalizar el descontento más anticomunista

En su cuenta de Twitter Leopoldo López colgó un video donde convoca a una marcha desde Plaza Venezuela para caminar por la paz (todos vestidos de blanco, según Leopoldo) hasta la Fiscalía Nacional de la República, quien le dictó orden de captura por los sucesos violentos del 12 de febrero. Valiéndose de la impunidad reinante, Leopoldo reta frontalmente al gobierno a apresarle en medio de una numerosa multitud. Lejos de los gritos insurreccionales y al ver la esterilidad del esfuerzo callejero estudiantil, Leopoldo plantea lo que aceptaría cualquier personaje de la derecha moderada:

“Primero, que se aclare la responsabilidad de lo que ocurrió ese día, ahí están las pruebas. Segundo, que se liberen, de inmediato, a todos los ciudadanos que siguen estando presos y siguen siendo torturados. Tercero, que cese la represión y la persecución del derecho a protestar. Cuarto, que se asuma el desarme de los colectivos, que han sido responsables de homicidios, bajo la mano impune del Estado"[xiii]

Aun cuando Leopoldo realiza una eminente provocación, reconoce la autoridad presidencial bolivariana y pide de manera diplomática, cosas que están alcance de un gobierno que anhela tranzar la paz con la burguesía. Fácilmente el gobierno podría instalar una comisión mixta de investigación judicial de los hechos del 12 de febrero, liberar a los pocos estudiantes que aún no han liberado (apenas 14), garantizar de palabra el derecho a la protesta y avanzar en la infecunda y desatinada: Ley Desarme, para terminar de echar por tierra la idea revolucionaria del “pueblo en armas”, las “milicias obreras” o a quien quiera defenderse del hampa común con una arma legalmente registrada. Lo que pide Leopoldo le cae como anillo al dedo al gobierno, los problemas son de forma, no de fondo. El gobierno decidirá si apresa a Leopoldo y lo convierte en mártir temporal, afirmando su autoridad estatal; o si exime a Leopoldo de sus responsabilidades y le da otro impulso a la impunidad de la ultraderecha.

VII

La gravísima situación económica y la pelea por la renta petrolera

La inexistente “guerra económica” y la negación a entender de forma práctica los problemas económicos, empuja al gobierno en la senda de un infructuoso diálogo con quienes lo quieren derrocar. El gobierno cree aún en la fantasía de un empresario patriótico que renuncie a las ganancias extraordinarias que puede captar a través de la importación fraudulenta y la especulación con las divisas. Desgraciadamente el chavismo no imagina un país sin que los capitalistas se apropien del 70% del PIB privado y exploten masivamente a la fuerza de trabajo: 400 mil capitalistas apropian 60% del PIB, en detrimento de más de 13 millones de trabajadores que sólo captan 40%. El chavismo no cree posible una realidad sin empresarios que importen mercancías de manera fraudulenta (el empresariado privado, desde el control de cambio (2003) ha importado US$317 mil millones, más tres Planes Marshall, y el resultado de ello es una escasez tremenda y una pésima calidad de las mismas). En fin, el chavismo sueña con un capitalista razonable y amoroso que obviamente no existe. Con él quiere negociar, aunque la acción normal de estos capitalistas, es decir, su proceso de acumulación de capital, hunda al país en la miseria.

De nuevo, la devaluación, la inflación, la caída del salario y la escasez denotan la dificultad de seguir con una situación en la cual la burguesía teniendo el grueso del poder económico, impulsa un feroz vaciamiento de capitales: Venezuela ha sufrido una fuga de capitales (en el período de control de cambio) de alrededor de 150 mil millones de dólares, un equivalente aproximado de 43% del PIB del año 2010[xiv], una verdadera ruina. Este saqueo de capital, impulsa la desvalorización de la moneda local y un afianzamiento de las cotizaciones especulativas del llamado dólar paralelo, que se vende 15 veces más caro que el dólar oficial. Dicho dólar es el que utilizan TODOS los comerciantes para fijar los precios de sus mercancías, con excepción de los pocos productos regulados. Los que reciben dólares oficiales no tienen ningún incentivo de traer mercancías al país, porque prefieren desviar esas compras y apropiarse ilegalmente los dólares que próximamente venderán con una ganancia del 1500% (libre de impuesto) en el mercado paralelo. Eso causa escasez, subida de precios, caída en la calidad de los bienes y servicios y todos los problemas que erróneamente se le endilgan a una fementida “guerra económica”. Así las cosas, los problemas arrecian y las soluciones pacíficas e intermedias del gobierno… naufragan.

VII

Protestas legítimas, propuestas revolucionarias a la crisis y perspectivas obreras anticapitalistas

Uno de los problemas más grave de la ola de protestas ultraderechistas, es que le da pie al sector más antiobrero del gobierno para afirmar el batiburrillo: “toda protesta es antirrevolucionaria y colabora con el imperialismo”. Dicha artimaña ruin, tergiversa toda iniciativa autónoma de reclamos válidos por los explotados respecto a sus salarios, despidos, o arremetida patronal, que necesariamente deben ser llevados a los niveles de protesta en las calles[xv]. Esa jugarreta trata de hacer pasar cualquier reclamo obrero, como pretendidamente golpista o hecho en un momento equivocado. El proletariado consciente no debe dejar arrastrarse en esa ciénaga de oportunismo y debe salir a la calle a plantear medidas radicales que precisamente sirvan para minar el poder económico de la clase explotadora, que la centralidad del gobierno ansía mantener intacto.

La clase obrera debe buscar salida a las necesidades de expresión de su programa revolucionario, y denunciar los acuerdos de conciliación de clases con el empresariado, que merman las condiciones de vida que quienes dejan el pellejo en el laburo. La clase obrera no puede ceder, ni hacer ningún tipo de “sacrificios” para que el gobierno pacté o negocie con la clase capitalista, en este momento tiene que ir a la ofensiva y luchar por un programa alternativo a un posible plan de ajuste neoliberal, que destruya su salario y la empobrezca. En ese sentido, la marcha del miércoles de la Federación de Trabajadores Automotrices (FUTAAC), que lucha por la defensa de sus puestos de trabajo, su salario y sus convenciones colectivas, debe ser apoyada por toda la izquierda, y debe ser entendida como el auténtico OPUESTO a la barbarie ridícula de la ultraderecha y sus motines.

Medidas como auditar y suspender el pago de la deuda externa e interna, nacionalizar el comercio exterior, la estatización de la banca y otras de corte radical, son las propuestas que (entre otras) debemos anteponer ante cualquier intento por desmejorar nuestras condiciones de vida, para salvaguardar la ganancia de un puñado de parásitos.

Manuel Sutherland

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