Cepal insiste en establecer cambio estructural en A. Latina y el Caribe

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La secretaria ejecutiva de la entidad, Alicia Bárcena, comentó que existen problemas de sostenibilidad del crecimiento en la mayor parte de los países de la región y se precisa ampliar y diversificar sus fuentes de expansión.

"Necesitamos un pacto social para aumentar la inversión y la productividad, y cambiar los patrones de producción para crecer con igualdad", subrayó.

  • Jue, 07/25/2013 - 19:03

Santiago,Xinhua. Favorecer un cambio estructural sostenible en las economías y con mayor productividad, es la propuesta en la que insiste la Comisión Económica para América Latina y el Caribe en su Estudio Económico 2013, presentado en Santiago.

Ese cambio se fundamenta en la necesidad de contar con una institucionalidad sólida y el establecimiento en la región de pactos para impulsar la inversión, como parte de las políticas macroeconómicas y contracíclicas de corto y largo plazo, junto a otras políticas industriales, sociales, laborales y ambientales.

La secretaria ejecutiva, Alicia Bárcena, comentó que existen problemas de sostenibilidad del crecimiento en la mayor parte de los países de la región y se precisa ampliar y diversificar sus fuentes de expansión.

"Necesitamos un pacto social para aumentar la inversión y la productividad, y cambiar los patrones de producción para crecer con igualdad", subrayó.

A pesar de las transformaciones económicas registradas en la región en la última década, sorteando, además, la gran crisis global iniciada en Estados Unidos en 2008, aún persisten elevados grados de desigualdad y pobreza en gran parte de los países latinoamericanos y caribeños.

Según el estudio, este año América Latina y el Caribe crecerán un 3%, similar a 2012. Ese moderado desempeño está vinculado a un crecimiento mundial que se estima será de un 2,3% en 2013.

"Se requiere un cambio estructural, entendido como la reasignación de recursos de sectores de baja productividad (generadores de empleos de baja calidad) a sectores de productividad intermedia y alta. Este cambio estructural aumenta la productividad agregada y reduce las brechas de productividad entre los sectores", agrega.

Se trata de un cambio estructural de las economías de la región para avanzar hacia sectores más intensivos en conocimiento; la convergencia para reducir las brechas internas y externas de ingresos y productividad; y la igualdad de derechos, que se resumen en tres desafíos:

1)- Lograr un crecimiento sostenido a tasas elevadas, suficientes para cerrar brechas estructurales y generar empleos de calidad.

2)- Cambiar los patrones de consumo y producción en el contexto de una verdadera revolución tecnológica con sostenibilidad ambiental.

3)- Garantizar la igualdad sobre la base de una estructura productiva más convergente, con protección social universal y construcción de capacidades.

Según la Cepal, es indispensable el regreso de la política y del Estado para que recuperen su rol en la promoción de la inversión y el crecimiento, la redistribución y la regulación, con vistas al cambio estructural para la igualdad, mediante políticas industriales, macroeconómicas, sociales y laborales.

Estas son algunas de las ideas de la oportuna, racional y viable propuesta de la Cepal, contenida en su libro "Cambio estructural para la igualdad: Una visión integrada del desarrollo", presentado en ocasión del XXXIV período de sesiones de la Comisión en San Salvador, agosto de 2012.

En ese documento se profundizan y amplían los planteamientos formulados en "La hora de la igualdad: Brechas por cerrar, caminos por abrir", aprobado en la sesión de 2010 en Brasil, para impulsar un desarrollo sostenible con igualdad, teniendo presente la diversidad de realidades nacionales.

Esta propuesta de cambio estructural surge oportunamente porque América Latina y el Caribe enfrenta una crisis estructural de carácter global, aportando una nueva visión de desarrollo e instando a los gobiernos a aplicar su gestión sobre una base clara y hacia objetivos concretos para terminar con la pobreza y la desigualdad.

Este cambio apunta a poner fin heterogeneidad de las actuales estructuras productivas en la región, las cuales fueron establecidas hace décadas y siguen generanso altos niveles de desigualdad en la productividad y el ingreso de los trabajadores de la ciudad y el campo, tanto en empresas privadas como estatales.

Bárcena ha reiterado que la inversión pública y privada es "el vector del cambio estructural y el puente entre el crecimiento de corto y largo plazo", alertando a no usar la inversión pública como variable de ajuste en períodos recesivos del ciclo económico y pidió fortalecer el papel del Estado y de la política para ese cambio.

"Es bienvenida la inversión extranjera directa, sobre todo si trae tecnologías y mano de obra calificada. Pero esa inversión puede complementar pero no sustituye a lo que un país pueda hacer en infraestructura o, por ejemplo, en otro tipo de inversión de bienes transables del producto que le interesa exportar", aclaró.

América Latina y el Caribe recibió el último año inversiones extranjeras directas por un monto aproximado de US$174.000 millones, pero la mayor parte se fue al sector extractivo de minerales y llegó a 6 ó 7 países. Brasil fue el que más recibió capitales, sumando unos US$60.000 millones, y se dirigió a diversas áreas productivas.

El objetivo del cambio es aplicar políticas macroeconómicas, industriales, sociales y laborales, y a construir pactos fiscales y sociales que posibiliten transformar la estructura productiva de la región para crecer de forma sostenida y amigable con el medioambiente, con modernos paradigmas tecnológicos.

"El cambio estructural virtuoso es una transformación cualitativa de la estructura productiva que impulsa y fortalece sectores y actividades más intensivos en conocimiento y de rápido crecimiento de la demanda para generar más y mejores empleos: la llave maestra para alcanzar la igualdad", explicó Bárcena.

La igualdad requiere cerrar brechas económicas y sociales, internas y externas; promover, en la estructura económica y social, las capacidades productivas y tecnológicas; ofrecer plenas oportunidades laborales; y aplicar un sistema de protección social con vocación universalista.

Implica, además, fortalecer el papel del Estado como garante de derechos e impulsor de políticas de desarrollo económico y social sostenible.

Por último, implementar políticas redistributivas, basadas en sistemas de protección social con vocación universalista; fortalecer el pilar no contributivo de la protección social y adecuar la política fiscal para que la acción del Estado tenga un impacto progresivo en la distribución del ingreso.

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Xinhua

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