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Conozca los mitos económicos a derribar para combatir la desigualdad
Martes, Julio 25, 2017 - 17:17

De acuerdo con el director y fundador del Instituto Global para el Mañana (GIT, por su sigla en inglés), Chandran Nair, estas suposiciones son “mitos que sirven para sostener un modelo económico que no distribuye equitativamente la creación de riqueza y que está al mismo tiempo en guerra con el planeta (...)".

El desarrollo económico promovido por algunas de las principales potencias económicas de Occidente está basado en una serie de suposiciones que con el tiempo se han vuelto cada vez menos precisas. El crecimiento de una economía como la China, la salida de Reino Unido de la Unión Europea y la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos son señales de que las cosas no están funcionando también como supuestamente lo hicieron hasta la crisis del 2008, de acuerdo con el director y fundador del Instituto Global para el Mañana (GIT, por su sigla en inglés), Chandran Nair, que publicó un artículo en el The Huffington Post.

Según Nair, estas suposiciones son “mitos que sirven para sostener un modelo económico que no distribuye equitativamente la creación de riqueza y que está al mismo tiempo en guerra con el planeta (...) El mundo en desarrollo, que durante mucho tiempo ha seguido de cerca el liderazgo de Occidente, necesita tomar la iniciativa para desafiar estas ideas y diseñar nuevos enfoques”.

El libre mercado como el mejor mecanismo para crear riqueza; la Inversión Extranjera Directa como única fuente de recursos; el sobrecrecimiento de las ciudades; la productividad como única medida del éxito de una sociedad, y el combate al cambio climático y al calentamiento global a través de medidas empresariales, son los cinco mitos que debemos derribar para eliminar la desigualdad.

Mito 1: El desarrollo impulsado por el libre mercado es el mejor mecanismo para crear economías vibrantes: El Consenso de Washington es un conjunto de reglas propuestas por instituciones internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, y nacionales de ciertos países desarrollados, como el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, para impulsar la llamada economía por goteo en los países en desarrollo, como México. La desregulación de los mercados, los recortes tributarios para las empresas y la privatización de instituciones públicas, como los servicios de salud o las comunicaciones, son algunas de las recomendaciones impulsadas por este consenso que ha fallado en entregar los resultados que preveía, debido a que la riqueza que se supone debe distribuirse entre todos los sectores de la sociedad, más bien se acumula en pocas manos.

De acuerdo con el director y fundador del Instituto Global para el Mañana, la eliminación de los servicios sociales por parte del gobierno ha profundizado la pobreza entre las personas con menos recursos, quienes en muchos casos han perdido acceso a necesidades básicas. La desregulación de las empresas ha provocado la disminución de la seguridad laboral y un mayor daño a los recursos naturales y el medio ambiente. Los países que aplicaron estas medidas son el mejor ejemplo de cómo la excesiva confianza en el libre mercado y el sector privado: “Los países que desregularon y liberaron de forma agresiva sus sectores financieros fueron más tarde afectados por grandes crisis económicas”, explicó Nair.

En sentido contrario, muchas naciones que han ignorado las reglas del Consenso de Washington han establecido políticas económicas que son mucho más eficientes en su propio contexto. Malasia, por ejemplo, ignoró las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional al imponer controles de capital que resultaron ser exitosos; mientras que Hong Kong asumió a tal grado los principios del libre mercado con respecto a la tierra y la vivienda que en la actualidad es prácticamente imposible para una persona pagar una renta en esta ciudad.

Mito 2: Los países deben sostener su crecimiento a través de la Inversión Extranjera Directa. Según Chandran Nair, existe la suposición muy poco cuestionada de que la inversión mejora rápidamente la productividad en las economías en desarrollo, lo que lleva, por consiguiente a un mayor crecimiento económico, a la disminución del desempleo y al incremento de la calidad de vida de los trabajadores. No obstante, de acuerdo con el fundador y director del GIT, el propio concepto de Inversión Extranjera Directa es huidizo y predatorio, debido a que los países en desarrollo corren el riesgo de entrar en un estado de dependencia con respecto a la inversión, además de que los inversores pueden ejercer presiones inimaginables sobre las autoridades de un país para asegurar sus ganancias.

Otra de las desventajas de que las economías de los países en desarrollo se sostengan a través de la Inversión Extranjera Directa (IED) es que en la mayoría de los casos, esta inversión no está orientada a sectores que impulsen el desarrollo económico a largo plazo o a rubros que beneficien directamente a la población de estos países. “La inversión extranjera se concentra a menudo en productos específicos no destinados a la población en general y también puede empujar a los países a concentrarse en los recursos primarios extractivos, lo que aumenta la desigualdad y el daño ambiental”, dijo Nair.

Mito 3: La urbanización a gran escala es necesaria e inevitable. Este mito sostiene que las personas de localidades rurales poco productivas deben migrar hacia los grandes centros urbanos, en donde tienen más oportunidades de ser contratados por la manufactura y los servicios urbanos. Lo que ignora esta suposición es que al menos desde el siglo XIX se han tomado medidas para sobreinvertir recursos en los centros urbanos y desincentivar la inversión en las comunidades rurales. Esta desinversión y abandono de los entornos rurales ha hecho que también se descuiden servicios sociales, como la educación, que en la mayoría de los casos tiene un mejor nivel en la ciudad que en el campo.

Este es uno de los mitos que más ha afectado a la economía mexicana, cuyo sector rural se ha desvanecido en las últimas décadas. De acuerdo con el director del GIT, esta ola masiva de personas que migran del campo a la ciudad está llevando a su límite a muchas ciudades desarrolladas y en desarrollo: “Las carreteras están congestionadas (...) y no hay suficiente vivienda, por lo que muchas personas deben vivir en barrios peligrosos de rápido crecimiento, con escaso o nulo acceso a servicios como la electricidad, agua potable o eliminación de desechos”. Sumado al efecto invernadero que caracteriza a los centros urbanos, el calentamiento global está haciendo que las megaciudades sean invivibles, con temperaturas, en algunos casos, 3 grados más elevadas que en los alrededores.

Mito 4: La productividad sólo se mide a través de la velocidad y los costos. Una alta productividad implica la capacidad de producir una gran cantidad de bienes a bajo costo, de manera eficiente y rápidamente, con el fin de fortalecer el consumo. Este es el principal objetivo que persigue cualquier negocio y en la práctica, casi cualquier entidad económica: producir más, mejor y más rápido. Para Nair, sin embargo, el mito de la productividad deja de lado las consecuencias que ésta tiene para el medio ambiente y en las personas de más bajos recursos de los países desarrollados y en desarrollo.

La productividad medida a partir de la eficiencia, la rapidez y los costos es una escala que bien pudo servir a los negocios y a la gente hace unos 100 años, “cuando el mundo apenas superaba los 1,500 millones de personas y había abundancia de materias primas”. No obstante, la escasez y no la abundancia es el común denominador de nuestro tiempo. De acuerdo con el director del GIT, “si los costos del daño ambiental y social fueran pagados por las empresas, muchas de las principales industrias del mundo ya no podrían obtener beneficios”. La razón por la que varias industrias y negocios en todo el mundo parecen muy productivas es que transfieren los costos ambientales y sociales a otras entidades o personas, lo que hace que sus ganancias sean mucho mayores.

Mito 5: Podemos combatir el cambio climático a través del libre mercado y la innovación tecnológica. Existe una tendencia a creer que las empresas o las fuerzas del mercado fomentarán la sostenibilidad, es decir, la capacidad de la sociedad actual de asegurar los recursos que satisfagan sus necesidades sin afectar a generaciones futuras. El argumento de este mito, según Nair, supone que “a medida que los recursos se vuelvan más escasos, aumentarán los precios, lo que fomentará la eficiencia energética y de recursos, se reducirán las emisiones de carbono y, por lo tanto, se reducirá el uso de los recursos. Los enfoques basados ​​en el mercado, en teoría, permitirían a todos conservar sus elevados niveles de vida protegiendo al mismo tiempo a la Tierra”.

Sin embargo, ni los empleos verdes ni la energía renovable, acciones empresariales, servirán por sí mismos para reducir el impacto que tienen las actividades productivas del hombre en la naturaleza y el clima. La única forma de reducir las emisiones de carbono —que son las principales causantes del calentamiento global— no es producir y consumir de una forma más eficiente, sino producir y consumir menos, simple y llanamente. En este sentido, las empresas no pueden ser las conductoras del cambio hacia la sostenibilidad, ya que sus negocios y objetivos están basados en un mayor consumo y no en uno menor.

Autores

El Economista (México)