Editorial

Lecciones de una euroagonía

  • Vie, 05/18/2012 - 18:25

En una semana en que la confianza en el euro volvio a desplomarse y en que el mundo comenzó a prestar atención a las opiniones que dicen que Grecia quizá estaría mejor reinventando el dracma, una vez más las urgencias impidieron ver lo importante.

Más allá del efecto dominó que podría tener una salida de Grecia de la euro zona, y de los descalabros que la muerte del euro traería al sistema financiero internacional, el tema de fondo en la crisis de la unificación monetaria europea es el futuro de la globalización.

En 1992, gobiernos y mercados aplaudieron la firma del Tratado de Maastricht, que daba origen a la Unión Europea y que entró en vigencia un año después. Y volvieron a aplaudir en 2002, cuando el Banco Central Europeo creó la euro zona al poner en circulación el euro.

El entusiasmo era razonable. La adopción de una sola moneda permitiría el libre flujo de productos y servicios entre los países de la zona. El euro facilitaría las transacciones financieras y ampliaría a nivel continental los mercados de acciones y bonos de empresas y gobiernos nacionales.

Muchas voces criticaron entonces al Reino Unido, Dinamarca, Suecia y otros países europeos que decidieron no adoptar las condiciones monetarias y presupuestarias exigidas para integrarse a la euro zona. Se les acusó de aislacionistas, de oponerse a la globalización y no tener visión de futuro.

Este medio de comunicación aplaudió la integración europea y la usó como ejemplo para recomendar opciones a los gobiernos y empresas de América Latina. Y en 1994, cuando entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (ALCAN) entre México, EE.UU. y Canadá, AméricaEconomía propuso que el acuerdo se ampliara para incluir a todo el continente, aunque no llegó a sugerir una moneda única.

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La experiencia europea nos muestra que no basta la unión aduanera y monetaria si no hay integración fiscal a través de una institución supranacional que tenga autoridad real en la materia, estableciendo políticas fiscales para los países miembros y controlando su gasto.

Las ventajas de la unión aduanera, al estilo de ALCAN, son obvias: si los productos importados no pagan impuestos son más baratos para el consumidor. Así y todo, México sufrió una crisis cambiaria y financiera al año de firmar el libre comercio con EE.UU. y su integración comercial con el país del norte le trajo una fuerte recesión en 2009.

Las ventajas de la unión monetaria, al estilo del euro, también parecían obvias en 2002. El euro surgió en un momento de fuerte crecimiento económico y sólida posición financiera para muchos de sus países miembros. El Banco Central Europeo sería independiente y mantendría la inflación bajo control; los países debían cumplir metas presupuestarias y monetarias para integrarse a la euro zona; los productos y servicios de cada país tendrían acceso a un mercado continental, y los trabajadores desplazados de una industria podrían emigrar libremente a otro país donde hubiera mejores oportunidades.

Nadie anticipó que una crisis de crédito hipotecario en Estados Unidos desataría una crisis financiera internacional y una recesión global a fines de 2008. Ni que una crisis financiera internacional se traduciría en gigantescos déficits comerciales y presupuestarios en Grecia y otros países de la euro zona.

La experiencia europea nos muestra que no basta la unión aduanera y monetaria si no hay integración fiscal a través de una institución supranacional que tenga autoridad real en la materia, estableciendo políticas fiscales para los países miembros y controlando su gasto. Y también se requiere el compromiso político de las naciones más ricas de asumir responsabilidades frente a eventuales crisis en los países más pobres.

Cuando se lanzó el euro, nadie anticipaba la tragedia que hoy se despliega en cámara lenta ante nuestros ojos. Si Grecia se va de la euro zona, su acción podría significar la muerte del euro y traer una nueva recesión continental. Si Grecia se queda, será a costa de Alemania y las otras economías fuertes de la euro zona.

Sea como fuere, la tragedia griega muestra que Europa no estaba preparada para la integración regional. Y da un golpe de realidad a los sueños de América Latina.

  • Vie, 05/18/2012 - 18:25

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