La economía chilena reportó un avance importante en el primer trimestre, después de casi un año de crecimiento trimestral marginal con cifras desestacionalizadas. El repunte indica que la economía salió de la zona de estancamiento y empezó a moverse al alza. Sin embargo, el avance económico tiene que ver más con el desplome de las importaciones y la inversión, lo cual genera dudas acerca de la fortaleza de la recuperacion y del crecimiento futuro.

En el primer trimestre, el PIB creció 1,3% con respecto al trimestre anterior, después de promediar un crecimiento de solo 0,14% en los tres trimestres previos. En términos anuales, el PIB avanzó 2% en el primer trimestre, después de una tasa de 2,7% en el mismo trimestre del año anterior. La economía aún funciona a tasas menores a su velocidad potencial, dada las limitaciones generadas por la acumulación de desequilibrios en el pasado.

"Los datos del primer trimestre muestran que la economía reportó su primer superávit de oferta, después de contínuos excesos de demanda desde mediados del 2010", afirma Alfredo Coutiño, director para América Latina de Moody’s Analytics, agregando que "esto significa que la producción nacional fue capaz de satisfacer la absorción interna por primera vez en los últimos cinco años y aún reportar un remanente de oferta de 1,3% como proporción del PIB".

Así, en el primer trimestre, la economía eliminó el prolongado desequilibrio entre oferta y demanda interna, lo cual resultó en un superávit externo. El balance externo, expresado por las exportaciones netas reales, se volvió positivo en 1,7% del PIB de acuerdo a datos del PIB por componentes de demanda. "La noticia negativa es que la mejoría en el balance externo real se debió más a la contracción de las importaciones y no a la mejoría de las exportaciones, en particular a la contínua caída de las importaciones de maquinaria y equipo", afirma Coutiño.

El problema de esto es que confirma la continuación del proceso de desinversión en la economía, el cual se inició hace tres años. Dado que la acumulación de capital es la fuente más importante del crecimiento permanente –ya que promueve el progreso tecnológico y aumenta la productividad– la falta de inversión impone restricciones a la capacidad productiva y consecuentemente al crecimiento potencial.

El consumo privado y público han avanzado como proporción del PIB en los últimos años, pero ha sido debido a las prolongadas políticas expansivas más que como resultado de una mejoría estructural en el empleo.

Con una inversión reducida y una capacidad productiva limitada, la economía chilena no será capaz de sostener un crecimiento más alto y más estable. El reto para Chile es el fortalecimiento de la acumulación de capital a través de mayor inversión tanto física como en recursos humanos.