De acuerdo al último reporte de Moody’s Analytics, la coyumntura de América Latina es más que compleja. En este sentido, ante un nuevo choque económico global,la región se vería arrastrada hacia una profunda recesión en un ambiente de fuertes presiones e inestabilidad financiera. "La debilidad estructural que padece la región, junto a la ausencia de poder contracíclico harían este escenario mucho más grave que el que se registró en el 2009", afirma Alfredo Coutiño, director de la entidad para A. Latina.

El choque global. La Reserva Federal de los Estados Unidos ha presentado sus dos escenarios de supervisión financiera, los cuales son utilizados para probar la resistencia del sistema bancario estadounidense frente a condiciones económicas adversas. El peor de estos dos escenarios es llamado “severamente adverso” y describe las condiciones que generan un nuevo choque económico y financiero global.

Este escenario está caracterizado por una nueva recesión global, acompañado de un periodo de inestabilidad financiera severa. "La economía de los Estados Unidos se contráe 6,2% desde su punto máximo en el cuarto trimestre del 2015 hasta su mínimo en el primer trimestre del 2017. Europa y Japón sufren una severa recesión, mientras los países asiáticos en desarrollo reportan una recesión moderada", afirma el economista.

El dólar estadounidense por su parte, se revalúa considerablemente dada la llegada de capitales en busca de un refugio más seguro. La aversión al riesgo global aumenta, ocasionando un deterioro en las condiciones de liquidez. La inestabilidad en los mercados financieros globales se acentúa, ante las pérdidas ocasionadas por el desplome en los precios de los activos.

América Latina más vulnerable. América Latina no escapa de los efectos negativos producidos por el escenario de condiciones globales adversas, particularmente de los efectos recesivos de la economía estadounidense. "Con el uso de nuestros modelos econométricos trimestrales, hemos simulado el comportamiento de la región frente a este ambiente global adverso. La región resulta afectada a través de tres canales: comercio, flujos de capital y, exposición financiera", enfatizan desde Moody’s Analytics.

Los resultados indican que la recesión en América Latina se amplifica debido a dos factores. Primero, una debilidad estructural interna que ha sido el resultado del debilitamiento de la capacidad productiva de la región. El producto potencial se ha reducido desde la recesión del 2009 ante la insuficiencia de inversión causada por la ausencia de cambios estructurales profundos en la mayoría de los países.

Segundo, el desplome en los precios de las materias primas, en conjunto con los crecientes desequilibrios fiscales y endeudamiento, han eliminado el poder contracíclico de la política económica en la región. Por lo que ante la presencia de un evento externo desfavorable, la política económica no tiene margen de flexibilización. Así, América Latina ha incrementado su vulnerabilidad y exposición a los choques externos.

"Los mercados financieros de la región quedan sujetos a extrema volatilitidad ante la inestabilidad financiera global, no solo por el efecto psicológico de contagio y la creciente aversión al riesgo sino también por el agravamiento en las condiciones de liquidez. Las monedas latinoamericanas sufren mayores depreciaciones como resultado de la sangría de capitales y la reducción de los ingreso por exportaciones", argumenta Coutiño.

Rebote inflacionario. Respecto de las monedas, "como es tradición en los episodios de crisis del pasado, las monedas locales se desploman en un primer momento dada la ola de pánico causada por la incertidumbre y la falta de información con respecto a la magnitud del choque externo. Las fuertes depreciaciones cambiarias se transmiten a la inflación de manera inmediata, lo cual produce un repunte inflacionario durante los primeros periodos del inicio del choque", dice el experto.

La respuesta de política económica para restaurar la confianza, recuperar la estabilidad de los mercados y, combatir el repunte inflacionario, es como en el pasado: disciplina económica. Los efectos depresivos de la restricción fiscal y monetaria, combinados con la reducción en la demanda externa, producen una caída económica amplificada, agravando con ello la recesión.

A medida que las mayores tasas de interés internas logran restablecer cierto atractivo para los inversionistas, las monedas locales comienzan a regresar hacia niveles más consistentes, lo cual le quita presiones a la inflación. Así, bajo este escenario adverso para latinoamérica, el 2016 es un año caraterizado por una severa recesión, depreciación cambiaria y, un repunte inflacionario inmediato que tiende a desinflarse hacia finales del año. La región reporta una contracción cercana a 6%, el doble de la caída en los Estados Unidos de casi 3%.

"Esta recesión más severa en el 2016, comparada con la del 2009 –cuando América Latina se contrajo 2,2% y Estados Unidos 2,8%–se explica mayormente porque en aquel entonces la región había acumulado suficiente poder contracíclico, el cual se utilizó para reducir el impacto de la recesión global, pero también porque la región venía de la fase expansiva del ciclo económico", dice el experto.

En esta ocasión América Latina será golpeada más fuerte ante la ausencia de flexibilidad fiscal y monetaria, dada la existencia de desequilibrios macroeconómicos crecientes y, por su prolongada debilidad de crecimiento. Sin embargo, lo positivo dentro de todo lo negativo, es que la región tendrá que regresar a la disciplina económica y a la necesidad de acelerar los cambios estructurales necesarios para fortalecer su capacidad productiva potencial.

Los países más afectados serán: primero los que ya se encuentran en recesión como Venezuela y Brasil, seguidos por México por su alta dependencia de los Estados Unidos, después Argentina por estar al inicio de su ciclo de ajuste, y al final Chile, Colombia, Uruguay y Perú cuyas caídas serán pronunciadas pero más moderadas.