Brasil vuelve a ser azotado por el escándolo político, el cual ahora involucra directamente al presidente Michel Temer en el viejo esquema de corrupción que ha golpeado al país desde la administración anterior. 

"Más allá de lo que pueda derivar en materia de viabilidad para el gobierno de Temer, este escándalo ha vuelto a introducir incertidumbre y volatilidad no solo en la política, sino también en los mercados y economía, lo cual puede afectar a la endeble recuperación económica del país y retrasar su proceso de reformas", dice Alfredo Coutiño director de Moody’s Analytics para América Latina.

Para el director de la entidad, "el incremento en la aversión al riesgo podría generar un retiro de inversiones del país, debilitando con ello la fuente fundamental del crecimiento: la acumulación de capital productivo. Esto no solo retrasaría la salida de la recesión, sino que incluso debilitaría la capacidad productiva del país en el mediano plazo. Desafortunadamente, la economía brasileira se ha convertido en rehén de la turbulencia política".

El escándalo por si solo introduce incertidumbre, riesgos, y distrae la atención del Congreso y el Ejecutivo en las tareas prioritarias para sacar al país adelante, "sobre todo de la profunda recesión en que se encuentra desde el 2015. Si bien el proceso de reformas estructurales no está en riesgo de cancelación, si tiene una alta probabilidad de retraso, en particular la reforma a la seguridad social cuyo proceso ha avanzado de manera significativa", afirma el experto. 

En este sentido agrega, "la turbulencia política ya ha desestabilizado a los mercados financieros, donde los inversionistas buscan refugios más seguros ante la eventualidad de una profundización del problema que pudiera derivar en una nueva crisis política en el país". Ante esto, las autoridades económicas podrían ser forzadas a tomar medidas para restablecer la estabilidad financiera, lo cual impondría restricciones a la economía. En este caso, el relajamiento de las condiciones monetarias podría detenerse o incluso revertirse, mientras que la restricción fiscal podría agravarse. 

Para el director de la entidad, "el incremento en la aversión al riesgo podría generar un retiro de inversiones del país, debilitando con ello la fuente fundamental del crecimiento: la acumulación de capital productivo. Esto no solo retrasaría la salida de la recesión, sino que incluso debilitaría la capacidad productiva del país en el mediano plazo. Desafortunadamente, la economía brasileira se ha convertido en rehén de la turbulencia política". 

El país no tiene tiempo ni puede darse el lujo de un nuevo gobierno interino, pues cada azotada política tiene un alto costo para la economía. De darse esta situación, la economía entraría en un periodo de estancamiento y espera hasta la definición de las elecciones presidenciales en Octubre del 2018.