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¿Cómo repercutirá en el turismo el cambio de las relaciones entre EE.UU. y Cuba?
Martes, Abril 7, 2015 - 17:54

En diciembre, el gobierno Obama redujo las restricciones de viajes marcando de ese modo el inicio del fin de la prohibición de viajes a Cuba y, muy posiblemente, el resurgimiento de un gran mercado para las compañías aéreas americanas, cadenas de hoteles...

Universia Knowledge Wharton. Cuando Fidel Castro tomó el poder en Cuba en 1959, decenas de viajes conectaban los aeropuertos de Miami y La Habana cada día; los hoteles lujosos y los clubes nocturnos de la capital cubana eran un destino común de los americanos de clase media, tal y como son los casinos de Las Vegas hoy en día. El embargo comercial que Estados Unidos impuso a Cuba en 1960 puso fin de forma abrupta a todo eso creando una anomalía que desde hace tiempo representa un desafío para la geografía, la tecnología y la globalización: al mismo tiempo que los turistas americanos se habituaban cada vez más a lugares lejanos de Europa, China, India y otras regiones, se les prohibió de forma legal visitar la mayor isla del Caribe, situada a poco más de 140 km de distancia de Key West, en Florida.

Ahora esto está a punto de cambiar. En diciembre, el gobierno de Obama redujo las restricciones de viajes marcando de ese modo el inicio del fin de la prohibición de viajes a Cuba y, muy posiblemente, el resurgimiento de un gran mercado para las compañías aéreas americanas, cadenas de hoteles, empresas de alquiler de coches, etc. ¿Qué repercusión tendrán esos cambios en las regulaciones americanas a corto y a largo plazo sobre los viajes a Cuba? ¿Qué otros cambios tendrán que realizarse antes de que Cuba vuelva a ser el principal destino de viajes del Caribe?

La buena noticia para los turistas americanos es que las nuevas regulaciones les permitirán visitar la isla por numerosas razones, entre ellas las visitas familiares, por motivos educativos y religiosos, sin que tengan que obtener de entrada un permiso especial del gobierno americano, tal y como se necesitaba hasta ahora. Ahora ellos pueden importar bienes cubanos por valor de hasta US$400 por persona cuando regresan a EE.UU., inclusive US$100 en puros y ron. El ciudadano americano puede ahora usar tarjetas de crédito y de débito, y las empresas pueden abrir cuentas en bancos cubanos e inscribir comerciantes allí. MasterCard ya hace eso desde el 1 de marzo.

La mala noticia es que continúa siendo ilegal para el ciudadano americano visitar Cuba con el propósito exclusivo de disfrutar de una semana de sol y surf.

Una combinación especial. La eliminación total de la prohibición de viajes a EE.UU. requiere la revocación por parte del Congreso de la Ley Helms-Burton, que extendió la aplicación territorial del embargo inicial a las empresas extranjeras que mantienen relaciones comerciales con Cuba, y penalizó a las compañías extranjeras que supuestamente “traficaban” con propiedades que antes pertenecían a ciudadanos americanos, pero que fueron confiscadas por el gobierno cubano.

Suponiendo que el Congreso acabe rechazando la Ley Helms-Burton, ¿tiene Cuba el potencial para volver a ser el principal destino turístico de los americanos?

Stephen Kobrin, profesor emérito de Gestión de Wharton, observa que Cuba se beneficia de una combinación especial de ventajas: está geográficamente cerca de EE.UU., pero es un lugar exótico debido a la historia de su relación con EE.UU. Aunque esté sólo a una hora de avión del Aeropuerto Internacional de Miami, Cuba está considerada un “fruto fascinante y prohibido” debido a su largo aislamiento de las corrientes de globalización que ha permitido conservar muchos de sus paisajes intactos a lo largo del tiempo. En el transcurso de las últimas décadas, Cuba desarrolló un atractivo significativo en la mente de los turistas europeos y canadienses con presupuestos más moderados que se sienten atraídos por el espíritu del “turismo de aventura”. Esos turistas están dispuestos a aceptar alojamientos relativamente espartanos muy por debajo de los patrones exigidos por los americanos de clase media y alta.

“Cuando Cuba se abra [completamente a EE.UU.], y si lo hace”, se pregunta Kobrin, “¿contará con la suficiente infraestructura para hacer frente a “la ola de turistas que exigen servicios más lujosos?

Tomas Bilbao, director ejecutivo de Cuba Study Group, organización sin fines de lucro, responsable de la gestión de iniciativas como Cuba Study Group Microfinance Fund, Cuban Enterprise Fund y Cuba IT and Social Media Initiative, dice que el turismo en Cuba debería beneficiarse no sólo de su proximidad con EE.UU., sino de su “afinidad cultural” con la comunidad hispana del país, así como de la nostalgia de los viejos y buenos tiempos cuando volar a Cuba para pasar un breve periodo vacacional era algo muy común.

A excepción de La Habana, con su gusto por los coches americanos de los años 50, Cuba es una isla de bellezas naturales, dotada de “algunas playas lindas” y de una diversidad natural importante, dice Bilbao, cuya empresa tiene su sede en Washington D.C. Además de eso, Cuba “es uno de los lugares más seguros para el turista americano”, lo que contrasta fuertemente con otros destinos latinoamericanos como Brasil, Venezuela y algunas islas del Caribe.

Eddie Lubbers, de Cuban Travel Network, portal de viajes online, concuerda con esa evaluación. Con sede en Holanda, la web de la empresa permite a los turistas americanos hacer reservas en tierra en Cuba, pero no permite la compra de pasajes aéreos con destino a la isla. Aunque el “turismo” continúe siendo ilegal para los americanos, si ellos encajan en una de las 12 categorías autorizadas, no serán considerados “turistas” oficialmente por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro, que supervisa esos viajes.

El proceso para cumplir con una categoría autorizada por la OFAC dispone de “autocensura”, haciendo más improbable que en el pasado que alguien sea descubierto violando la ley americana. No sólo la supervisión de las normas se ha vuelto menos estricta, también se ha vuelto más fácil para los americanos combinar los placeres del turismo en Cuba con el negocio de la construcción de lazos “persona a persona”. Muchos americanos que van a Cuba por motivos culturales, o negocios, por razones humanitarias y otros fines teóricamente no turísticos, se involucran en una amplia gama de actividades de ocio. Hay diversiones como los paseos en catamarán por las aguas verdosas del Mar Caribe; los paseos a pie y en coche por La Habana en automóviles americanos clásicos de los años 50 y excursiones a plantaciones de tabaco situadas en lugares remotos, como Valle Viñales, un paisaje único salpicado de “mogotes” -formaciones kársticas- “en torno a un valle encantador de tierra morada fértil y palmeras majestuosas”, según la web de Cuba Travel Network. Los agentes de viajes dicen que los viajeros americanos (que no deben confundirse con “turistas”) que pasan por lo menos algún tiempo en la isla en busca de actividades culturales, de negocios y fines humanitarios, pueden disfrutar libremente de una cena en un restaurante en una fortaleza histórica de La Habana, escuchar a intérpretes de salsa o ir a un “espectáculo en el Cabaret Parisien” -todo ello sin violar el espíritu del embargo que se encuentra en fase de extinción.

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Baches y carreteras sin terminar. Aunque Lubbers elogie la disponibilidad de coches europeos compactos de alquiler, Bilbao observa que circular por Cuba puede ser un desafío. “Prácticamente no hay señales en las carreteras, hay baches enormes y la carretera central continúa inacabada”. No sólo los servicios en muchos hoteles cubanos continúan muy por detrás de otras regiones del Caribe, el teléfono tampoco funciona, dice Bilbao. La reciente decisión del gobierno Obama de permitir que las compañías telefónicas americanas hagan negocios en Cuba debería ayudar a mejorar el sistema junto con la llegada de las compañías de tarjetas de crédito para proporcionar servicios en la isla.

“No es fácil hacer negocios en un país en transición”, dice Hugo Cancio, natural de Cuba y consejero delegado de Fuego Enterprises de Miami, que representa a empresas americanas que quieren hacer negocios en la isla. “Cuba montó una estructura muy sólida en los mercados de turismo europeos”, dice Cancio. “Aunque haya varios hoteles ‘cinco estrellas’ -la mayor parte de ellos gestionados por el grupo Sol Meliá, de España, que cuenta con 26 hoteles en Cuba- “no hay el suficiente número de hoteles cinco estrellas para acomodar a una explosión de turistas americanos”. Muchas casas particulares también están siendo transformadas en hoteles, propiedades que Cancio describe como “maravillosas” debido a su incomparable encanto local. Cadenas hoteleras gigantes como Hilton International y Marriott han señalado que les gustaría abrir hoteles en Cuba, posiblemente después de la suspensión del embargo.

“Será necesario algún tiempo para que Cuba esté finalmente lista para sacar ventaja de esas nuevas condiciones”, concluye Cancio. “Pero los cubanos están trabajando en eso. Nadie esperaba el anuncio de la disminución de las restricciones […] El cambio será gradual. Cuando el embargo esté oficialmente suspendido, los cubanos estarán listos”.

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Un crecimiento del 30%. ¿Cuál es el tamaño del potencial del turismo en Cuba a largo plazo? Lubber dice que después de que Obama redujera los controles sobre los viajes a Cuba en diciembre, “nuestro negocio creció 30% en enero”. Prácticamente de la noche a la mañana, “EE.UU. se convirtió en el país número 1 en nuestro mercado, seguido de Canadá, Reino Unido y Alemania, además de otros países europeos que habían sido sus fuentes principales de negocios. Según Lubbers, incluso antes del anuncio realizado por el presidente Obama en enero, los turistas americanos siempre estuvieron entre las cinco principales fuentes de negocios de la agencia. Muchos iban a Cuba a través de conexiones en ciudades internacionales que ofrecen viajes programados a La Habana, principalmente Ciudad de Panamá; Cancún, en México y Nassau, en Bahamas. En general, cerca de 124.000 americanos fueron autorizados a viajar a Cuba el año pasado, lo que es una gota en el océano si se compara con los 20 millones de americanos, aproximadamente, que fueron a México en 2013.

En algunas semanas, Lubbers espera que Cuba Travel Network pueda ofrecer a los americanos la opción de comprar pasajes online para vuelos fletados de EE.UU. a Cuba que ya están autorizados. Poco después, anticipa Lubbers, compañías aéreas americanas como Jet Blue, American Airlines y Delta comenzarán a ofrecer vuelos programados a La Habana a partir de aeropuertos americanos, principalmente de Miami. Esas empresas ya expresaron su deseo de proporcionar tales servicios. “Ahora es sólo cuestión de conversaciones entre las partes”, entre las autoridades de EE.UU. y de Cuba, dice Lubbers. Para que eso suceda, sin embargo, el embargo deberá ser finiquitado por el Congreso.

¿Cuánto tiempo va a tardar? Naturalmente, nadie lo sabe a ciencia cierta. Cancio dice que es optimista y cree que “antes de que acabe el mandato de Obama se suspenderá el embargo”. Algunos observadores creen que el embargo debería ser levantado rápidamente si el próximo presidente es demócrata, pero el Congreso está controlado por los republicanos, dice Cancio.

Aunque el próximo presidente sea republicano, Cancio está seguro de que los lazos económicos entre EE.UU. y Cuba -en el sector del turismo y en otros sectores- se seguirán profundizando debido al apoyo cada vez mayor de un amplio sector representativo de la comunidad de exiliados en EE.UU. “La mayor parte de los cubanos de Miami quiere la suspensión del embargo”, dice, destacando que un 90% de las empresas que hoy prosperan en Cuba son “de americanos de Miami”. Cualquiera que visite la isla y converse con los cubanos que viven allí sabe que hay inversiones realizadas por cubanos que viven en el exterior, dice Cancio. “Las empresas de tamaño pequeño y medio que se están desarrollando en Cuba lo hacen, principalmente, gracias al capital que está siendo invertido por quien vive fuera del país. Algunos especialistas estimaron que la tasa de remesas a Cuba es de US$ 2.000 millones al año, y cerca de un 50% de lo que está siendo invertido, o se planea invertir, tiene como objeto las pequeñas empresas”.

Faquiry Díaz Cala, inversor de riesgo de Miami que invierte también en private equity, dice que “el turismo es una forma magnífica de captar dólares para la economía cubana. Eso hará que surja una cantidad significativa de pequeños operadores de viajes” promoviendo aún más el desarrollo, así como el aumento de la transformación de pequeñas casas en establecimientos al estilo europeo que ofrecen cama y desayuno, además de pequeños restaurantes -conocidos como “paladares”- para viajantes “en busca de una historia” y de una experiencia auténtica, en lugar de ambientes familiares lujosos.

Kobrin se pregunta con qué rapidez el gobierno cubano se comprometerá a la apertura de la inversión extranjera, de manera que pueda atraer el flujo de capital a gran escala necesario para el desarrollo de una infraestructura moderna que, por su parte, atraerá un volumen mayor de viajantes, incluyendo los más ricos.

A diferencia de los pueblos del Este de Europa después de la caída del Muro de Berlín, “los cubanos no están dispuestos a hacer una transición instantánea al capitalismo”, dice Kobrin. “Los europeos del Este se estaban revelando contra la dominación externa” —es decir, contra el comunismo impuesto por la Unión Soviética poco después de la Segunda Guerra Mundial. “En Cuba, sin embargo, fue un proceso interno”. Además, a pesar de las dificultades sufridas por el pueblo cubano a lo largo de décadas, el Estado cubano no perdió totalmente el apoyo de la población, y “no es probable que se deshagan totalmente del sistema de control estatal”. La normalización de las relaciones económicas de Cuba con EE.UU. exigirá también que los dos países lleguen a un acuerdo respecto a todas las reivindicaciones de propiedades expropiadas por el régimen cubano en contra de la ley internacional. A pesar del orgullo que siente por habérselas arreglado solo durante décadas, el pueblo cubano “tiene sentimientos contradictorios respecto a EE.UU.”, inclusive afección por símbolos tan emblemáticos de la cultura americana como el béisbol y los coches clásicos.

Cancio advierte de que el sector turístico en otros países del Caribe no teme la posibilidad de una ola de turistas con destino a Cuba. Para Puerto Rico y otras islas menores del Caribe, el secreto de la supervivencia, dice, consistirá en promover Cuba como uno de los numerosos destinos posibles en los paquetes de viajes futuros. Un ejemplo tal vez sea vender paquetes de dos o tres noches en San Juan, Puerto Rico, seguidas de algunas noches en La Habana y, después, en un tercer destino próximo. En lugar de luchar contra la marea del resurgimiento de Cuba, dice Cancio, las otras islas del Caribe deberían acoger a Cuba como socia en sus esfuerzos para promocionar el atractivo que tiene toda la región.

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