Análisis & Opinión

El déficit habitacional de Venezuela

Moisés Bittán

Experto en comercio internacional, ex presidente de la Cámara de Comercio Venezolana Colombiana (Cavecol), y actualmente presidente de la comisión de Economía y Finanzas de Fedecámaras.

  • Vie, 12/17/2010 - 13:59

El déficit de viviendas en Venezuela es muy preocupante y supera las 2,5 millones de unidades, a lo que hay que añadir la necesidad de construir cada año un número cercano a 160.000 viviendas basado en una población de 28 millones de habitantes y un crecimiento interanual de la población de 3%.

Se lograron construir unas 74 mil viviendas en 2009, entre las que se hicieron a través de organismos públicos y las construidas por parte de empresas privadas. Ya finalizando el año 2010 las cifras están bajando a 45 mil viviendas, lo que indica una disminución de casi 30 mil soluciones habitacionales. El déficit habitacional es un problema de vieja data, pero en vez de revertirse esta situación lo que ha hecho es agravarse.

Los insumos de construcción

La escasez de insumos de construcción ha sido un problema mayor: problemas para la obtención oportuna de materias primas como, arena, piedra, cabillas y demás materiales auxiliares de hierro y acero derivados de los problemas en las siderúrgicas ubicadas en el estado Bolívar, restricciones al consumo de electricidad por tiempos prolongados, problemas de abastecimiento por parte de las cementeras en años recientes, dificultades para la obtención de divisas para adquirir componentes eléctricos, materiales para los acabados finales y demás insumos necesarios en toda la cadena de construcción.

Construir tres millones de viviendas, urbanizando y con el justo beneficio al promotor, puede requerir de unos US$140.000 millones, lo que revertiría significativamente el problema de vivienda.

Se evidencia el constante aumento de la presión social por falta de viviendas, tanto en los sectores populares como en la clase media han estado demandando el mercado inmobiliario, cuyos precios se han elevado en algunos casos por encima de la tasa de inflación.

Permisos de factibilidad, cédula de habitabilidad y consumo de energía.

Antes de iniciar nuevos desarrollos habitacionales surgen problemas con el servicio eléctrico. Las empresas constructoras requieren que las compañías eléctricas les autoricen la factibilidad (uso de la energía) para poder utilizar la maquinaria en los proyectos habitacionales, pero dichos permisos están retrasados.

Los promotores inmobiliarios han hecho solicitudes y generalmente deben esperar más de tres meses para poder recibir las notificaciones de algunas de dichas autorizaciones.

Muchos proyectos no comienzan a falta de las acometidas de servicios pertinentes en la zona donde se tiene estimado construir.

A lo anterior hay que añadir que una vez concluidas las viviendas haya que esperar que las alcaldías otorguen la cédula de habitabilidad de los referidos inmuebles.

Los controles de precios, inflación

Aunado a la crisis, el gobierno ha establecido un control de los precios de los alquileres desde hace más de ocho años. La inflación para este año superará el 25%, el salario mínimo sigue insuficiente y todos los costos relacionados con el mantenimiento de los inmuebles alquilados han venido aumentando.

Lamentablemente no se ha llegado a acuerdos trascendentes entre el gobierno y el sector privado para poner en marcha un gran proyecto que revierta la tendencia de esta compleja situación.

Sustitución de casitas precarias por viviendas dignas

Según los expertos, se puede edificar en una superficie más de seis apartamentos por cada casita inestable preexistente, sustituyendo así progresivamente las casitas inestables por nuevas viviendas acompañadas de áreas urbanísticas y un reordenamiento del asentamiento poblacional.

Construir tres millones de viviendas, urbanizando y con el justo beneficio al promotor, puede requerir de unos US$140.000 millones, lo que revertiría significativamente el problema de vivienda. El núcleo familiar podría asumir a treinta años un crédito hipotecario a una tasa de interés fuertemente subsidiada, con plazos exonerados, incentivos financieros por pronto pago de cuotas, etcétera.

Es posible llevar a cabo esta inversión en las próximas dos décadas a un costo final para el Estado de US$50.000 millones, logrando un gran impacto positivo para la economía con la creación de miles de empleos y el fomento de un círculo virtuoso expansionista de la actividad económica y la inversión.

La experiencia de China: Caso Hong Kong

En Hong Kong existe un conjunto de programas para el fomento de viviendas populares a través del cual el gobierno proporciona viviendas asequibles para los residentes de bajos ingresos. Es un componente importante del universo de viviendas en Hong Kong, con casi la mitad de la población que actualmente reside en alguna forma en estas viviendas populares.

Son principalmente construidas por la Autoridad de Vivienda de Hong Kong y la agencia de Vivienda y Sociedad. Los alquileres y los precios son significativamente inferiores a los de la vivienda privada y están fuertemente subsidiados por el gobierno.

Polígonos de vivienda pública se construyen típicamente en zonas remotas o menos accesibles del territorio. Estas viviendas se encuentran en cada distrito de Hong Kong. La gran mayoría de los proyectos consisten en edificios de gran altura, y los edificios recientes suelen contener 40 o más pisos, todo esto dada la escasez de espacios para la construcción de soluciones intensivas horizontales y la gran masa poblacional carente de viviendas.

Volviendo al caso venezolano

Considerando lo anteriormente expuesto y sumando a los más de ciento treinta mil damnificados que sus viviendas se han visto afectadas, nos llevan al clamor que todas las voluntades y los recursos disponibles sumen esfuerzos -a la luz que estos no serán vulnerados - en la corrección de esta patología social. De allí el llamado a que bajo la autoridad y el liderazgo de los organismos públicos competentes se generen espacios inclusivos para las planeaciones que en las próximas décadas se traduzcan en viviendas dignas que cobijen hogares con valores y que al propio tiempo nos encaminen al anhelado crecimiento económico con justicia social.

Esta columna fue publicada en El Mundo.com.ve

Moisés Bittán

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