La esencia del programa político que le permitió a Donad Trump ganar las elecciones presidenciales en Estados Unidos está condensada en su libro Great again! Cómo pienso rescatar a América, ignorado por la prensa cuando se publicó en Alemania en 2015, pero no por el lector de a pie –según la editorial Plassen, el volumen ya ha sido reimprimido dos veces– que ya apreciaba al empresario neoyorquino como autor de manuales sobre cómo hacerse rico. De hecho, en su país, donde su obra más reciente alcanzó la marca de las 200.000 unidades vendidas en el verano de 2016, Trump es conocido desde hace tiempo como artífice de relatos patrióticos.

En 2000 lanzó al mercado La América que merecemos y, once años después, Es tiempo de mostrarse duros: cómo conseguir que América sea número uno de nuevo. Los tres títulos exhiben ejes argumentativos similares en lo que respecta a las relaciones exteriores y las políticas de seguridad de Estados Unidos, sobre todo de cara a los principales actores del Cercano y Medio Oriente, y a la lucha contra el terrorismo. Hace dieciséis años, y a pesar de su inexperiencia política, el multimillonario recomendaba propinarle un "golpe quirúrgico" a Corea del Norte que le sirviera de advertencia a los "aliados conspiradores" de Pyongyang: China, Irán, Irak y Libia.

Ranking de villanos

En aquel momento, Trump identificaba a esos cuatro países como los más grandes focos de peligro para la seguridad mundial; cabe reconocerle que tuvo razón cuando describió a la organización terrorista Al Qaeda como un riesgo para la paz internacional. Tras los sucesos del 11 de septiembre de 2001 y la consecuente invasión de Irak por parte de tropas estadounidenses –una moción que Trump desaconsejó–, los persas ascendieron algunos escaños en su ranking personal de villanos: la ocupación de Irak no sólo le costó grandes sumas de dinero a Washington, sino que intensificó la influencia de la potencia nuclear Irán en la región.

Libia y Pakistán, tachados de inestables e ingratos en el libro que Trump publicó hace un lustro, no reciben mención alguna en su texto más reciente. En el capítulo Política exterior: luchar por la libertad, el sucesor de Barack Obama en la Casa Blanca pone en la mira al autoproclamado Estado Islámico (EI) y, de nuevo, a Pekín y a Teherán. Por ejemplo, Trump critica duramente el "tratado nuclear sin valor" que Alemania y los miembros permanentes del Consejo de Seguridad firmaron con Irán; a sus ojos, ese amago de convenio "hizo palidecer" la imagen que se tenía de Estados Unidos como "líder tanto del mundo libre como del mundo oprimido".

Adalid global

En lo que concierne a la guerra civil siria y el conflicto palestino-israelí, Trump despotrica contra las decisiones recientes de Obama, alegando que su estimado Vladimir Putin, presidente de Rusia, luce como "el único líder competente del mundo" tras haber alcanzado un pacto con Damasco, y que a pesar de haber gastado miles de millones de dólares en el Cercano Oriente, Washington ha decidido alienar a Israel, su aliado más importante en la región. Trump propone un antídoto para ese estado de cosas:

Estados Unidos debe autoimponerse el papel de adalid global, asumir los compromisos que vienen con ese rol y hacer gala de sus músculos.
Según Trump, el "gigante norteamericano" debe demostrar que tiene las fuerzas militares más robustas y exigirle a sus socios –Alemania incluida– que compartan el costo financiero de la protección que se les ofrece. En su libro, el hombre que asumirá el timón de Estados Unidos el 20 de enero deja claro también que este no es un asunto de ínfulas: si las Fuerzas Armadas de su país van a apertrecharse para erigirse en el Ejército más poderoso del planeta, éstas tienen que estar preparadas en todo momento para hacer uso de la violencia. Trump no se atrevió a hacer este planteamiento con Irán en mente, pero sí al referirse a la lucha contra EI.

"Si nuestros asesores militares lo recomiendan, deberemos estacionar un número limitado –pero suficiente– de tropas terrestres" en Irak y Siria, comenta el autor de Great again! Cómo pienso rescatar a América, esgrimiendo que los terroristas de EI están sentados sobre el petróleo que Estados Unidos debió haber "tomado" hace ya mucho tiempo… En términos de política militar, es mucho lo que va a cambiar en Washington bajo el mando de Trump. Aunque las consecuencias están por verse, el tenor de su discurso ya despierta inquietud en todas las latitudes.