Santiago. A medida que se acerca la conmemoración de los 40 años del golpe de Estado, se elevan voces que piden que aquel hecho, que provocó miles de muertos, desapariciones y torturas y un quiebre de la tradicional democracia, no se vuelva a repetir en la historia de Chile.

El presidente Sebastián Piñera ha marcado la pauta para la reflexión sobre el golpe que derrocó al mandatario de la época, Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973, al afirmar que "la cuestión es recordar para qué: para reincidir en los mismos errores que nos llevaron a la destrucción de la democracia o, por el contrario, para aprender de esos errores y no repetirlos más".

"Y eso está todavía por verse, porque veo que hay algunos que quieren seguir el primer camino y otros que queremos seguir el segundo camino", indicó el jefe de Estado.

También llamó a avanzar en una verdadera reconciliación, con justicia y verdad, lo cual no parece aún posible porque los chilenos están divididos frente al régimen autoritario de los militares, y las heridas de sus atropellos permanecen abiertas, porque apenas ha habido justicia para enjuiciar a los criminales.

El jueves pasado el presidente del Senado, Jorge Pizarro, abogó porque haya un "debate que permita definir los gestos concretos que nos lleven a la reconciliación respecto de lo que sucedió en septiembre de 1973", donde se recuerde lo sucedido y se considere el reconocimiento de los "hechos horrendos" cometidos en nombre del Estado.

"Desde una perspectiva republicana, no queda más que exigir y exigirnos, como clase política, que todos los sectores adoptemos una mirada crítica y de condena a la dictadura que se gestó como solución a las fallas de la democracia", apuntó.

Comentó que "la falta de política o, lo que es lo mismo, la incapacidad de hacer buena política nos llevó a la mayor crisis que recordemos. El reto, por lo tanto, es lograr que el debate de ideas y la búsqueda incansable de acuerdos sean la fórmula de desarrollo para Chile".

Por eso, subrayó que "necesitamos como país es un Acuerdo por un Nunca Más, donde quede claro y asumido por el Estado y por todos los actores políticos y sociales que con la democracia no se juega, no se la pone en riesgo, no se la deja morir".

Consideró que "nada justifica la interrupción de la institucionalidad, el Estado de Derecho y el respeto legal a las garantías básicas de las personas. Ese debería ser nuestro gran aprendizaje tras cuatro décadas de desencuentros.

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El Congreso Nacional, el Poder Judicial, las instituciones armadas, los partidos políticos, la prensa, los poderes fácticos nacionales e internacionales le deben una gran explicación a Chile por dejar que se desperdiciara nuestra historia republicana", agregó Pizarro.

Resaltó que "la democracia chilena está en deuda con sus ciudadanos, sobre todo con los que sufren hoy las consecuencias de un modelo económico que genera desigualdad y hay que acabar con los abusos contra las personas".

Por su parte, el Premio Nacional de Ciencias Sociales, Manuel Antonio Carretón, aseguró que "si no hay una memoria oficial, no tenemos país", al referirse a las consecuencias de la dictadura militar, la división país y una posible reconciliación en Chile a 40 años del golpe de Estado.

Para el sociólogo "hay necesidad de una memoria colectiva oficial, que se transmite a través del sistema educativo, en medidas de justicia y verdad, pero también de castigo".

En su opinión, la única manera de avanzar en una posible reconciliación, será mediante una sola conciencia nacional que condene y rechace el golpe militar y las violaciones a los derechos de las personas.

"La conciencia nacional tiene que ser una sola, aquella que condene el golpe militar y las violación de derechos humanos. Hacer una evaluación meramente política de ese hecho y no moral, más divide que ayuda a avanzar", dijo.

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Dijo que la sociedad chilena tiene tres grandes heridas históricas que no se han superado, producidas principalmente por el Estado, las clases dominantes y en gran medida también por los militares.

La primera de ellas está relacionada con que Chile se construyó sobre la base de la destrucción de otra nación; una segunda, la de los pueblos originarios, siendo un tema pendiente que se expresa en la discriminación y exclusión; y una tercera, relacionada con el golpe, la dictadura y la violación de los derechos humanos.

De no superarlas "no será posible un proyecto nacional", sostiene el sociólogo.

Por otro lado, Sofía Prats, hija del general Carlos Prats, quien se opuso al golpe militar y fue asesinado, junto a su esposa, por los servicios secretos chilenos en Buenos Aires en 1974, explicó que todo comenzó en 1970 con el crimen de quien era comandante en Jefe del Ejército, el general René Schneider, el mejor amigo de su padre.

Para la ex embajadora de Chile en Grecia, "en ese momento comienza la tragedia en Chile, el momento en el país perdió la inocencia y se enfrentó cara a cara con la confrontación. Es el primer crimen político, por lo menos de la segunda mitad del siglo 20, y que abre las compuertas morales para no respetar la vida", sostuvo.

En aquel año, el general Prats asumió como jefe del Ejército, siendo ratificado una vez asumido el presidente Allende, y su renuncia antes del 11 de septiembre de 1973, provocó una persecución en su contra.

Según Sofía Prats, "si hubiera sido un buen gobierno socialista el de Allende, no estoy tan segura que no hubiese habido un golpe militar, ya que lo que estaba en pugna eran dos modelos de sociedad. En ese tiempo, en casi todos los países vecinos, vemos que se repite la intromisión imperialista de Estados Unidos".

En los últimos días, el senador derechista Hernán Larraín, quien apoyó al régimen militar, pidió "perdón" por no denunciar los atropellos contra miles de chilenos.

Su colega socialista, Camilo Escalona, también lo expresó "por la conducta que yo pude tener de ser parte de la polarización y de una confrontación que nos llevaba a enfrentarnos a miles de estudiantes en las calles a peñascazos y de manera enteramente descontrolada".

Tanto la derecha como la izquierda chilena han comenzado a reconocer los errores que cometieron en aquella época, que representa una página dolorosa para el país sudamericano.