Colombia aclara que Hugo Chávez engaña a su pueblo con amenaza de guerra

Colombia, Venezuela

"Colombia jamás ha pensado en atacar al hermano pueblo de la República Bolivariana de Venezuela, como lo dice el presidente de ese país, en un claro engaño político a su propia nación", precisó un comunicado de la Presidencia.

Chávez rompió relaciones diplomáticas con Colombia luego de una reunión extraordinaria de la OEA.

  • Sáb, 31/07/2010 - 20:13
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Bogotá. Colombia acusó este sábado al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de engañar a su pueblo con el argumento de que Bogotá planea una guerra contra su vecino y reiteró que las supuestas amenazas son falsas.

Las declaraciones de la Presidencia colombiana se produjeron un día después de que el mandatario venezolano anunciara el despliegue de unidades de infantería y fuerza aérea y confesara que revisa con su equipo de defensa planes de guerra para defender la soberanía de su nación en caso de una agresión.

Muro

"Colombia jamás ha pensado en atacar al hermano pueblo de la República Bolivariana de Venezuela, como lo dice el presidente de ese país, en un claro engaño político a su propia nación", precisó un comunicado de la Presidencia.

Las relaciones entre los dos países se encuentran en uno de sus puntos más críticos, después de que el gobierno del presidente Alvaro Uribe acusó a Venezuela de tolerar la presencia de guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en su territorio.

Incluso, Bogotá mostró vídeos y fotografías de supuestos campamentos guerrilleros y de líderes de esos grupos en el país vecino.

Como reacción, Chávez rompió las relaciones diplomáticas con Bogotá.

La crisis entre las dos naciones que comparten una extensa frontera terrestre de 2.219 kilómetros escaló después de que el jueves no se lograra un consenso en la reunión extraordinaria de cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, en Quito.

Pese a ello, Colombia ha sido reiterativa en descartar un ataque contra Venezuela.

"Colombia ha acudido a los canales del derecho internacional y seguirá insistiendo en esos mecanismos para que se adopte un instrumento que haga que el gobierno venezolano cumpla con la obligación de no albergar a terroristas colombianos", agregó el comunicado de Bogotá.

La disputa se produce a una semana de que Uribe termine su segundo periodo consecutivo en la presidencia y en su reemplazo asuma el oficialista Juan Manuel Santos, quien pese a que prometió mantener su lucha contra la guerrilla, ha expresado su intención por restablecer los lazos con Venezuela, lo que ha tenido buena respuesta por parte de Chávez.

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Ricardo Combariza

Dom, 08/01/2010 - 02:08

Hugo: Me dirijo a ti de esta forma pues me queda clara tu preferencia de llamar a las personas por su nombre como si fueran tus amigos, aunque la mayoría de ellos no lo son, incluyendo a muchos quienes se llaman tus amigos y a quienes al menos por ahora, mientras mantengas espantado a tu pueblo venezolano con tu espíritu bélico y amenazante y les convengan tus desvaríos, tienes cerca. Yo te llamo por tu nombre simplemente por respetar esa preferencia, pero déjame ser claro, Hugo, tú y yo no somos amigos. Lo hago también porque, para ser más abierto, no me nace de manera alguna llamarte “Señor Presidente”, porque de Señor tienes lo mismo que de Presidente, es decir nada, Hugo, para mí no eres más que un megalómano inteligente con aires de salvador, un Mussolini bananero y un oportunista que, eso si hay que reconocértelo, ha sabido agitar la opinión de un pueblo necesitado, haciendo que los ánimos suban como espuma, buscando enemigos en todos lados. Pobres de quienes han depositado su confianza en ti, ya la historia nos ha demostrado como esos paraísos radiantes idealizados por falsos caudillos como tú, están más cerca del horror que de la gloria. Te digo Hugo no por confianza o cercanía, que no existe pues estás lejos de ser del pueblo (de cualquiera), sino porque como presidente no me mereces respeto. Como persona sí, tienes mi compasión y respeto también tu derecho a decir lo que dices, aún cuando casi todo lo que sale de tu boca lo veo como disparates peligrosos. Soy un colombiano común, no pertenezco a la oligarquía. No soy hijo, hermano o amigo de algún político importante. Tan solo soy un hombre, tan simple como lo eres tú, lleno de faltas, de sueños, con aspiraciones, fuerzas y limitaciones. Estoy tan lejos de ser un sabio o un iluminado como tú lo estás de ser Simón Bolívar o de sus ideas, las que usas aprovechándote de la ignorancia de la gente, de tu propia gente. Has desgastado la imagen del Libertador hasta el cansancio, agotando su verdadero valor. Me gustaría decir que lo haces porque no entiendes bien su propuesta, pero lamento tener que aceptar que lo sigues haciendo porque aunque bien las entiendes, malversar las ideas de otros conviene a tus intereses. Ya empezaste con el Che hace mucho, ¿quién seguirá cuando se agote nuevamente tu imagen? ¿detrás de que imagen te vas a esconder ahora? ¿qué nuevo disfraz adoptarás? Quiero compartirte por qué he decidido escribirte, y para ello tal vez sea prudente explicarte primero a que NO se debe esta carta. No te escribo para insultarte, Hugo, o para burlarme de ti. Tampoco lo hago en nombre de alguna asociación política, partido, ONG o grupo alguno. Estas letras no buscan, antes de que lo pienses por mi nacionalidad que sé que para ti causa prejuicio, defender al Presidente de mi país, a quien como colombiano tengo el derecho a criticar, no tú desde tu trono de papel que hoy ya empieza a doblarse. No, Hugo, tampoco quiero hacer daño, simplemente busco ser abierto y mostrarte lo que un colombiano común piensa de tu gestión, que para muchos desde hace rato se siente como una indigestión. Quiero hablar de tus palabras que apestan a engaño, de las constantes agresiones a mi país, de tu afán de poder, del abuso para con mis compatriotas, de tu política de guerra que solamente despierta más odio y guerra, asunto del que francamente los colombianos ya tuvimos suficiente aunque tu pareces buscar perpetuar esa situación, e incluso importarla a tu propio país. Te escribo porque me interesa que sepas lo que pienso, y porque soy LIBRE para escribirte. La libertad, Hugo, no es un diálogo o un pintoresco programa de televisión como en el que sales vistiendo camisas rojas con afanes de humorista o gruñón según te convenga. Somos hombres o somos payasos, si no somos libres no somos hombres. La libertad no es un lema, ni siquiera un valor que caiga en los terrenos inalcanzables del “deber ser”. La libertad, Hugo, es un acto que se ejerce, que cada persona ejerce en autodeterminación si así lo elije. Pero eso, Hugo, solamente pasa en un país libre, ya no en el tuyo donde has abolido la libertad de expresión dentro de tantas otras con tu caldo de ideas agrias. Triste es que te sientes frente a la imagen del Libertador para apoyar tus palabras, tan espesas por las mentiras y la podredumbre de tu falso mensaje. Cuando te veo me imagino diferencias tan radicales como lo dulce y lo amargo. Tú, Hugo, no eres lo dulce, cabe mencionarlo, y hoy tu pueblo ya lo sabe, pues está pasando lentamente el trago amargo y espeso que representa tu estadía en el poder. América Latina si necesita un cambio, con urgencia, pero tú estás tan lejos de ser la respuesta como lo están los del norte. Poder, mira que curiosa palabra, es eso lo que robas a tu gente. Poder significa “ser capaz de hacer”, y tu ya les estás quitando eso. Pero ten cuidado, que en cuanto puedan, bien lo sabes, lo ejercerán para removerte de Miraflores. Has sido inteligente en restringirlos, solamente recuerda que tú eres uno y los que se llaman tus amigos unos cuantos. Ellos, tu pueblo, el mío, también son inteligentes y cada vez confían menos en ti. ¿Por qué habrían de hacerlo cuando tú no has sido capaz de confiar en ellos? Si, se que en tu show hablas mucho de cuanto amas a tu gente, pero si realmente confiaras en ellos darías el espacio para que tu pueblo creciera, te habrías dedicado a construir un territorio en el que tu mismo pueblo encontrara las soluciones a los problemas que los aquejan. Muy por el contrario, nunca has otorgado esa confianza porque es claro que, aunque capaces son, en el fondo solamente ves tus formas y piensas que tu forma de ver el mundo es la única válida... en tu visión paranoide del mundo quien no está contigo es tu enemigo, y quien no está del todo contigo no está contigo. Disculpa si me meto demasiado, pero cuando has intervenido en tantos asuntos para los que no has sido llamado casi me invitas a hacerlo. No quiero alargar esta carta al punto de que se parezca a un discurso tuyo. Seguramente es difícil que estas letras lleguen a tus manos. Debes estar muy ocupado haciendo la guerra, manteniendo las mentiras y planeando. Por eso esta carta buscará muchos caminos por sí sola para llegar a ti, y si nunca lo hace realmente no importa. Mi voz irá con todos aquellos quienes lean estas letras, aunque sea uno o dos, y con todos aquellos que en este momento te están escribiendo para pedirte que nos dejes ser, que dejes atrás esa soberbia y tu delirio mesiánico. Insto a mis compatriotas a que te escriban, tal vez decidas escuchar en algún momento, cada palabra que dejemos de decir será una pérdida invaluable. Hasta el día de hoy sigo pensando, que la soberbia es una de las formas de expresión más refinadas que tiene la estupidez. Hoy decidí escribirte simplemente porque me nace, porque, como diría un amigo de la infancia: quiero, puedo y no me da miedo hacerlo. Los colombianos no te tememos ni te necesitamos para salvarnos, porque el mío no es un país que requiera un salvador, todo lo contrario: creemos en el trabajo, en el mérito, en la capacidad de nuestra gente, en sus valores, confiamos en ellos y queremos vivir libres de falsos caudillos como tú. Ya déjate de amenazas y de aspavientos, de berrinches televisados, de discursos de mantequilla que se derriten con la luz. No te temo, Hugo, regresa por donde viniste. Los colombianos no estamos aquí para ayudarte a cumplir tus sueños megalómanos ni tus calenturas de grandeza, acéptalo, eso no tiene remedio. ¡No te tememos! Esta es la voz de un colombiano, tan común como muchos otros, un individuo, es cierto, y así, regalándote las palabras de don Benito Juárez, benemérito de las Américas: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, me despido. Saludos, Ricardo Combariza :.

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Ricardo Combariza

Dom, 08/01/2010 - 02:09

Hugo: Me dirijo a ti de esta forma pues me queda clara tu preferencia de llamar a las personas por su nombre como si fueran tus amigos, aunque la mayoría de ellos no lo son, incluyendo a muchos quienes se llaman tus amigos y a quienes al menos por ahora, mientras mantengas espantado a tu pueblo venezolano con tu espíritu bélico y amenazante y les convengan tus desvaríos, tienes cerca. Yo te llamo por tu nombre simplemente por respetar esa preferencia, pero déjame ser claro, Hugo, tú y yo no somos amigos. Lo hago también porque, para ser más abierto, no me nace de manera alguna llamarte “Señor Presidente”, porque de Señor tienes lo mismo que de Presidente, es decir nada, Hugo, para mí no eres más que un megalómano inteligente con aires de salvador, un Mussolini bananero y un oportunista que, eso si hay que reconocértelo, ha sabido agitar la opinión de un pueblo necesitado, haciendo que los ánimos suban como espuma, buscando enemigos en todos lados. Pobres de quienes han depositado su confianza en ti, ya la historia nos ha demostrado como esos paraísos radiantes idealizados por falsos caudillos como tú, están más cerca del horror que de la gloria. Te digo Hugo no por confianza o cercanía, que no existe pues estás lejos de ser del pueblo (de cualquiera), sino porque como presidente no me mereces respeto. Como persona sí, tienes mi compasión y respeto también tu derecho a decir lo que dices, aún cuando casi todo lo que sale de tu boca lo veo como disparates peligrosos. Soy un colombiano común, no pertenezco a la oligarquía. No soy hijo, hermano o amigo de algún político importante. Tan solo soy un hombre, tan simple como lo eres tú, lleno de faltas, de sueños, con aspiraciones, fuerzas y limitaciones. Estoy tan lejos de ser un sabio o un iluminado como tú lo estás de ser Simón Bolívar o de sus ideas, las que usas aprovechándote de la ignorancia de la gente, de tu propia gente. Has desgastado la imagen del Libertador hasta el cansancio, agotando su verdadero valor. Me gustaría decir que lo haces porque no entiendes bien su propuesta, pero lamento tener que aceptar que lo sigues haciendo porque aunque bien las entiendes, malversar las ideas de otros conviene a tus intereses. Ya empezaste con el Che hace mucho, ¿quién seguirá cuando se agote nuevamente tu imagen? ¿detrás de que imagen te vas a esconder ahora? ¿qué nuevo disfraz adoptarás? Quiero compartirte por qué he decidido escribirte, y para ello tal vez sea prudente explicarte primero a que NO se debe esta carta. No te escribo para insultarte, Hugo, o para burlarme de ti. Tampoco lo hago en nombre de alguna asociación política, partido, ONG o grupo alguno. Estas letras no buscan, antes de que lo pienses por mi nacionalidad que sé que para ti causa prejuicio, defender al Presidente de mi país, a quien como colombiano tengo el derecho a criticar, no tú desde tu trono de papel que hoy ya empieza a doblarse. No, Hugo, tampoco quiero hacer daño, simplemente busco ser abierto y mostrarte lo que un colombiano común piensa de tu gestión, que para muchos desde hace rato se siente como una indigestión. Quiero hablar de tus palabras que apestan a engaño, de las constantes agresiones a mi país, de tu afán de poder, del abuso para con mis compatriotas, de tu política de guerra que solamente despierta más odio y guerra, asunto del que francamente los colombianos ya tuvimos suficiente aunque tu pareces buscar perpetuar esa situación, e incluso importarla a tu propio país. Te escribo porque me interesa que sepas lo que pienso, y porque soy LIBRE para escribirte. La libertad, Hugo, no es un diálogo o un pintoresco programa de televisión como en el que sales vistiendo camisas rojas con afanes de humorista o gruñón según te convenga. Somos hombres o somos payasos, si no somos libres no somos hombres. La libertad no es un lema, ni siquiera un valor que caiga en los terrenos inalcanzables del “deber ser”. La libertad, Hugo, es un acto que se ejerce, que cada persona ejerce en autodeterminación si así lo elije. Pero eso, Hugo, solamente pasa en un país libre, ya no en el tuyo donde has abolido la libertad de expresión dentro de tantas otras con tu caldo de ideas agrias. Triste es que te sientes frente a la imagen del Libertador para apoyar tus palabras, tan espesas por las mentiras y la podredumbre de tu falso mensaje. Cuando te veo me imagino diferencias tan radicales como lo dulce y lo amargo. Tú, Hugo, no eres lo dulce, cabe mencionarlo, y hoy tu pueblo ya lo sabe, pues está pasando lentamente el trago amargo y espeso que representa tu estadía en el poder. América Latina si necesita un cambio, con urgencia, pero tú estás tan lejos de ser la respuesta como lo están los del norte. Poder, mira que curiosa palabra, es eso lo que robas a tu gente. Poder significa “ser capaz de hacer”, y tu ya les estás quitando eso. Pero ten cuidado, que en cuanto puedan, bien lo sabes, lo ejercerán para removerte de Miraflores. Has sido inteligente en restringirlos, solamente recuerda que tú eres uno y los que se llaman tus amigos unos cuantos. Ellos, tu pueblo, el mío, también son inteligentes y cada vez confían menos en ti. ¿Por qué habrían de hacerlo cuando tú no has sido capaz de confiar en ellos? Si, se que en tu show hablas mucho de cuanto amas a tu gente, pero si realmente confiaras en ellos darías el espacio para que tu pueblo creciera, te habrías dedicado a construir un territorio en el que tu mismo pueblo encontrara las soluciones a los problemas que los aquejan. Muy por el contrario, nunca has otorgado esa confianza porque es claro que, aunque capaces son, en el fondo solamente ves tus formas y piensas que tu forma de ver el mundo es la única válida... en tu visión paranoide del mundo quien no está contigo es tu enemigo, y quien no está del todo contigo no está contigo. Disculpa si me meto demasiado, pero cuando has intervenido en tantos asuntos para los que no has sido llamado casi me invitas a hacerlo. No quiero alargar esta carta al punto de que se parezca a un discurso tuyo. Seguramente es difícil que estas letras lleguen a tus manos. Debes estar muy ocupado haciendo la guerra, manteniendo las mentiras y planeando. Por eso esta carta buscará muchos caminos por sí sola para llegar a ti, y si nunca lo hace realmente no importa. Mi voz irá con todos aquellos quienes lean estas letras, aunque sea uno o dos, y con todos aquellos que en este momento te están escribiendo para pedirte que nos dejes ser, que dejes atrás esa soberbia y tu delirio mesiánico. Insto a mis compatriotas a que te escriban, tal vez decidas escuchar en algún momento, cada palabra que dejemos de decir será una pérdida invaluable. Hasta el día de hoy sigo pensando, que la soberbia es una de las formas de expresión más refinadas que tiene la estupidez. Hoy decidí escribirte simplemente porque me nace, porque, como diría un amigo de la infancia: quiero, puedo y no me da miedo hacerlo. Los colombianos no te tememos ni te necesitamos para salvarnos, porque el mío no es un país que requiera un salvador, todo lo contrario: creemos en el trabajo, en el mérito, en la capacidad de nuestra gente, en sus valores, confiamos en ellos y queremos vivir libres de falsos caudillos como tú. Ya déjate de amenazas y de aspavientos, de berrinches televisados, de discursos de mantequilla que se derriten con la luz. No te temo, Hugo, regresa por donde viniste. Los colombianos no estamos aquí para ayudarte a cumplir tus sueños megalómanos ni tus calenturas de grandeza, acéptalo, eso no tiene remedio. ¡No te tememos! Esta es la voz de un colombiano, tan común como muchos otros, un individuo, es cierto, y así, regalándote las palabras de don Benito Juárez, benemérito de las Américas: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, me despido. Saludos, Ricardo Combariza :.

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Luchillo

Lun, 08/02/2010 - 13:30

Bien Ricardo, pero un megalónamo sicótico jamás escucha a los demás. No tienen la capacidad para hacerlo. Por eso, la única solución es que su propio pueblo se rebele y lo cuelgue de un poste como a Mussolini.

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