Editorial

Hasta cuándo, Cristina

  • Jue, 05/03/2012 - 14:51
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Lo que hace hoy el gobierno de la Argentina no es nuevo. Ya una vez cerró todos los bancos y prohibió que la gente tuviera acceso a sus ahorros durante varios meses. Otra vez decidió no pagar sus deudas y después comenzó a quejarse de que nadie le quería prestar plata. Se puso a exportar gas a sus vecinos para luego prohibir las exportaciones de gas a sus vecinos. Falseó las estadísticas de inflación para engañar al mundo y al pueblo argentino. Lanzó con bombos y platillos la privatización de los fondos de pensiones para luego estatizar las administradoras privadas de fondos de pensiones. Privatizó Aerolíneas Argentinas y luego estatizó Aerolíneas Argentinas.

Todo eso y más han hecho los gobiernos argentinos en los últimos 20 años. ¿A alguien puede entonces extrañar la expropiación de YPF? Fue el único país de América Latina que privatizó su principal industria de productos básicos y vendió el holding petrolero a ilusos empresarios privados que creyeron en su palabra y pagaron por YPF lo que consideraron razonable. Ahora se la quita a esos ilusos empresarios privados y va a encontrar manera de no pagar el precio que corresponde.

La historia vuelve repetirse, dice el tango.

Lo que realmente sucede es que el gobierno de Cristina Kirchner necesita plata con urgencia y ve los más de US$1.000 millones anuales que está ganando YPF como su nuevo cash cow para seguir subsidiando los servicios públicos y el transporte, a fin de que los argentinos sigan creyendo que son ricos y sigan gastando como ricos, manteniendo las altas tasas de consumo que han hecho crecer a la economía en los últimos años. Eso y un trasnochado populismo que arrea a las masas poniendo en una misma bandera a las Malvinas y la industria petrolera , bajo el eslogan común de que “son argentinas”.

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Lo que realmente sucede es que el gobierno de Cristina Kirchner necesita plata con urgencia y ve los más de US$1.000 millones anuales que está ganando YPF como su nuevo cash cow para seguir subsidiando los servicios públicos y el transporte, a fin de que los argentinos sigan creyendo que son ricos y sigan gastando como ricos...

Y la usurpación de YPF no es lo único que Cristina ha hecho en el último tiempo. En marzo, el Congreso aprobó el proyecto de ley del gobierno que le quita al Banco Central la poca independencia que tenía, convirtiéndolo en cajero automático de la presidenta. De ahí puede salir la plata para que Argentina pague los casi US$10.000 millones que debe el Club de París y pueda volver a los mercados internacionales de capital. Y de ahí podría salir también el dinero para darle a Repsol la mínima indemnización posible.

Una de las razones que dio Cristina para justificar la expropiación de YPF fue que Repsol no estaba invirtiendo en el desarrollo de los nuevos yacimientos de gas shale descubiertos en los últimos años, y que han convertido a la Argentina en el tercer país del mundo en reservas de ese tipo de energía. Según estudios de la propia YPF, desarrollar esas reservas requiere una inversión de US$25.000 millones anuales durante diez años.

¿De dónde saldrá ese dinero ahora que la empresa es del gobierno argentino? No del gobierno argentino, por cierto. El gobierno ha dicho que quiere atraer a inversionistas extranjeros, y ya está dando nombres: las estadounidenses Exxon y Chevron, la gigante china Sinopec y la brasileña Petrobras.

Exxon, Chevron, Sinopec y Petrobras, ¿estarán dispuestos a caer en la misma trampa en que cayó Repsol? ¿Para que la historia vuelva a repetirse? Vamos, señores. Hasta cuándo.

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