Editorial

El fin de la era Chávez

  • Dom, 10/07/2012 - 23:14
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A pesar de lo que decían las encuestas y dijeron las urnas -ganó Hugo Chávez y se podría mantener en el poder hasta 2019-, lo cierto es que el triunfo de esta elección ha sido para el joven retador Henrique Capriles, la oposición unida y -en el largo plazo- la democracia venezolana.

Varias causas confluyeron para el impresionante resultado de Capriles (cerca de seis millones de venezolanos votaron por él). Su juventud y su energía, para empezar, junto con su enorme talento para hacer campaña. También la astucia política que demostró al moverse de la derecha hacia el centro e incluso hacia la centro izquierda, apelando a todos los grupos opositores. A los 38 años de edad, el ex gobernador del estado de Miranda llegó a la elección presidencial invicto, sin haber perdido un solo comicio electoral. Y logró unir por primera vez a un abanico de partidos y movimientos de oposición de la izquierda, el centro y la derecha, consolidando un grupo opositor fuerte, capaz de poner en marcha un proyecto viable de gobierno para Venezuela.

También ayudó a Capriles y a la oposición el creciente desaliento popular con un gobierno que muestra más de un grieta. Los apagones son frecuentes fuera de Caracas, la infraestructura se deteriora en todo el país y, a pesar de la innegable popularidad de Chávez, sus casi 14 años de gobierno han ido desilusionando a un número creciente de venezolanos.

Irónicamente, entonces, el triunfo electoral de Chávez por estrecho margen es un llamado de alerta para su gobierno. La oposición se ha unido, solo la mitad del pueblo está a su favor, habrá que negociar y tratar de gobernar para todos los venezolanos. No más sueño mesiánico, Hugo Chávez, llegó el momento de aceptar que la política es el arte de lo posible.

El precio del petróleo ha sido el mayor aliado de Chávez, quien ha usado los petrodólares para subir sueldos de los funcionarios públicos y mejorar los programas sociales, al tiempo que descuidaba la inversión y el equilibrio de las finanzas públicas. Como resultado, la deuda pública se ha disparado, llegando al 60% del PIB.

Pero en términos de cobertura de educación, atención de salud y acceso a la vivienda, Chávez ha ayudado decididamente a los pobres. Y ahí está la clave de su popularidad. De hecho, pudo ser candidato presidencial por tercera vez consecutiva gracias al triunfo abrumador que tuvo en las urnas en 2006, cuando consiguió un segundo mandato con el 63% de los votos. Eso le permitió estatizar una porción significativa de la economía, cerrar la cadena de TV privada más popular del país, y debilitar el poder de los gobiernos estatales y municipales. De paso, le permitió también ganar el plebiscito que convocó en 2009 para modificar la Constitución y permitir que un presidente pueda ir a la reelección una y otra y otra vez. En más de una oportunidad, Chávez ha dicho que piensa gobernar hasta 2031, agregando que los resultados de su gestión presidencial rendirán plenos frutos en la década 2020-2030.

Pero no llegó a la elección invicto como Capriles. Hace dos años, el presidente sometió a la voluntad popular el texto de una radical y nueva Constitución que fue derrotada en las urnas. Ese revés electoral demostró que Chávez podía ser derrotado, animando a los grupos opositores a unirse en su contra, y demostrando que el pintoresco caudillo venezolano no es el dictador de caricatura que algunos ven, sino que respeta el poder del voto.

A esa primera debilidad electoral del régimen y su caudillo se sumó el año pasado un golpe inesperado, cuando se supo que Chávez estaba enfermo de cáncer. Luego de tres operaciones y un tratamiento que le ha hinchado la cara y le impidió hacer campaña con la energía de otros años, Chávez proyecta una imagen que dista mucho de la de un líder invencible.

Irónicamente, entonces, el triunfo electoral de Chávez por estrecho margen es un llamado de alerta para su gobierno. La oposición se ha unido, solo la mitad del pueblo está a su favor, habrá que negociar y tratar de gobernar para todos los venezolanos. No más sueño mesiánico, Hugo Chávez, llegó el momento de aceptar que la política es el arte de lo posible.

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