Río de Janeiro.  La grabación filtrada a la prensa en la que el presidente brasileño, Michel Temer, respalda un supuesto soborno para obstruir la investigación de la operación anticorrupción "Lava Jato" ha supuesto un duro golpe para el mandatario, quien justo esta semana cumplió un año en el poder.

     Hasta ahora, Temer había conseguido esquivar, gracias a la suerte y a la habilidad, las innumerables acusaciones que recibió por parte de varios delatores de la red de corrupción en Petrobras.

     Sin embargo, con la grabación realizada por los hermanos Joesley y Wesley Batista, dueños de la productora de carnes JBS, Temer puede ser acusado de un crimen cometido en el ejercicio del mandato: obstrucción a la Justicia.

Quien tampoco escapó de las acusaciones es el PT (Partido de los Trabajadores) de Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva, una semana después de que el propio Lula declarara como testigo ante la Justicia. Las grabaciones apuntan ahora al exministro de Lula y Rousseff, Guido Mantega, quien sería el hombre de confianza de JBS para hacer enlace con el Gobierno.

     La "sorpresa" de los "hermanos JBS", como se les conoce a los empresarios, ha sacudido la política brasileña y acorralado a su presidente.

     Si se confirma que Temer permitió una conspiración para obstruir las investigaciones de la operación "Lava Jato" (Autolavado) con la compra del silencio de uno de los condenados, el expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, podría tener las horas contadas en el cargo.

     La grabación muestra que Temer instruyó a un subordinado para ayudar a JBS a resolver problemas en el Gobierno y, a diferencia de las acusaciones anteriores en el marco de la operación "Lava Jato", lo hizo mientras ya ejercía el cargo de presidente.

     Políticamente, el presidente brasileño depende del Congreso y del apoyo de la élite empresarial, que hasta ahora lo han arropado, a diferencia de los ciudadanos, aunque como ya ha afirmado algunas veces, su baja popularidad no es un factor que le preocupe.

     La gran pregunta que se hace Brasil ahora mismo es si en un Congreso repleto de acusados de delitos peores o similares, Temer puede tener la esperanza de quedarse en el cargo. Si fuera acusado formalmente por la Fiscalía General de la República, ¿podría seguir como si nada en la Presidencia?

     Por falta de opciones, por el momento tal vez sí. Una renuncia, como se sabe, abriría el camino para unas elecciones indirectas en el Congreso, algo que nadie desea. Además, la economía estaba dando señales de estabilización y mejora, dejando atrás su peor recesión de la historia.

     Las grabaciones de los hermanos Batista también salpican gravemente a otro destacado nombre de la política brasileña, el senador Aécio Neves, presidente del PSDB (Partido Social Demócrata Brasileño) y candidato a las elecciones de 2014, en las que perdió en segunda vuelta contra Dilma Rousseff.

     Neves ya fue despojado de su mandato y dejó la presidencia de su partido para "centrarse en su defensa", ya que acumula varias denuncias en su contra.

     Quien tampoco escapó de las acusaciones es el PT (Partido de los Trabajadores) de Rousseff y Luiz Inácio Lula da Silva, una semana después de que el propio Lula declarara como testigo ante la Justicia. Las grabaciones apuntan ahora al exministro de Lula y Rousseff, Guido Mantega, quien sería el hombre de confianza de JBS para hacer enlace con el Gobierno.

     Solo ha pasado un año desde que salieron a la luz las grabaciones del escudero del PMDB (el partido de Temer) Sergio Machado, que implican en la gigantesca trama de corrupción a numerosos políticos, entre ellos Temer, y los brasileños empiezan a pedir elecciones directas, algo cada vez más cerca en el horizonte.