Editorial

La alianza socialista de Monsieur Obama

  • Vie, 05/25/2012 - 11:06
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El debut internacional del nuevo presidente de Francia, Francois Hollande, fue a lo grande: con los G-8 en Camp David, con la OTAN en Chicago y con Barack Obama en la Casa Blanca. Y el presidente y candidato presidencial estadounidense no sólo posó junto al francés, sino que le dio su decidido apoyo, estableciendo una alianza que no puede haber sido dulce para la canciller alemana, Angela Merkel.

El espaldarazo de Obama a un socialista europeo puede parecer sorpresivo, pero no es sorprendente. Mal que mal la receta de Obama para la economía estadounidense ha puesto más énfasis en los paquetes de estímulo fiscal que en la austeridad de los cortes presupuestarios y eso es precisamente lo que busca Hollande para Europa.

Al asociarse a Hollande pidiendo más crecimiento para Europa, Obama estaba diciendo no a la austeridad, y sus palabras no sólo fueron bienvenidas por el presidente francés, sino también tienen que haber sido maná para los griegos, los italianos, los españoles, los irlandeses y otros europeos que llevan tres años ajustándose los cinturones sin resultados.

Pero no son los bolsillos europeos lo que más preocupa al candidato Obama. Con España y el Reino Unido otra vez en recesión, con la amenaza de que Grecia deje de pagar su deuda y abandone el euro, con los mercados bursátiles en baja, con los bancos europeos sin saber de dónde sacar dinero, la escuálida recuperación de la economía estadounidense se ve amenazada en varios frentes.

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Aliarse al socialista francés es un riesgo calculado que decide Obama con vistas a la elección de noviembre. Pero también es una decisión valiente que lo sitúa como estadista a nivel global, algo que muy pocos presidentes norteamericanos se han atrevido a mostrar.

Una recesión continental en Europa en los próximos meses -resultado más que probable de la propuesta alemana de austeridad y más austeridad- no ayudaría precisamente a la recuperación de Estados Unidos. Una de las cosas que ha mantenido en marcha a la economía norteamericana ha sido el crecimiento de sus exportaciones, producto de un dólar bajo, un aumento de la productividad y la demanda por productos y servicios estadounidenses. Una recesión europea haría caer casi instantáneamente esa demanda.

Ese escenario no sería el mejor telón de fondo para la candidatura de Obama.

Pero aliarse con Hollande también tiene riesgos para el candidato, porque da más armas a sus opositores, que llevan años acusándolo de socialista -palabra tabú en la política estadounidense- y que en los últimos meses lo acusan de algo quizá peor: querer convertir a Estados Unidos en un país europeo.

Aliarse al socialista francés es un riesgo calculado que decide Obama con vistas a la elección de noviembre. Pero también es una decisión valiente que lo sitúa como estadista a nivel global, algo que muy pocos presidentes norteamericanos se han atrevido a mostrar. Esta alianza con Hollande, al igual que su apoyo al matrimonio homosexual hace unas semanas, demuestra que Obama se atreve a ejercer el poder Ejecutivo, define la agenda en vez de reaccionar a las agendas de otros, y se pone en el lado correcto de la historia.

*Fotografía: WhiteHouse.

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