Editorial

Palestina y la primavera árabe

  • Lun, 11/26/2012 - 11:53

Quienes piensan que no hay diálogo ni convivencia posibles entre árabes y judíos deberían simplemente mirar a la comunidad de negocios de América Latina. El hombre más rico de la región -y del mundo- es el mexicano de origen libanés Carlos Slim. En toda Centroamérica hay poderosas comunidades palestinas activas en todas las esferas de la sociedad, al igual que en Chile. Y es admirable la actitud de colaboración que hay entre palestinos y judíos de Sao Paulo.

Desde este punto de vista, se ve como particularmente trágica la nueva ronda de muerte en la franja de Gaza que concluyó a fines de esta semana con un acuerdo de paz que básicamente deja todo como antes. Entre acusaciones mutuas de quién tuvo la culpa al comenzar los ataques, 150 palestinos y 5 israelíes resultaron muertos, y esta vez hubo cohetes que llegaron muy cerca de Tel Aviv y Jerusalén.

Las imágenes y las cifras de los seis días de conflicto obligan a un primer momento de pesimismo.

Hamas, el grupo político que gobierna a los palestinos de Gaza y que no reconoce la existencia del estado de Israel, puede fácilmente concluir que armarse y atacar obligó a Israel a replegarse. Además, la visión de palestinos muertos por misiles israelíes tiende a extremar posiciones: Hamas ha estado ganando popularidad en la Cisjordania, zona palestina donde hoy gobierna Fatah, el grupo político más moderado.

Si miran a su alrededor, los líderes de Hamas pueden ver que se están llenando de amigos en el vecindario. Turquía, el emergente poder regional, ha hecho suya la causa de Hamas desde que comenzó a elegir gobiernos islamistas. El rico Qatar ha hecho otro tanto. El auge de Hezbollah en Líbano también le da fuerza a Hamas, y si los rebeldes islamistas finalmente sacan del poder a Bashar el Assad en Siria, el juego de ajedrez estaría casi completo.

Si miran a su alrededor, los líderes de Hamas pueden ver que se están llenando de amigos en el vecindario. Turquía, el emergente poder regional, ha hecho suya la causa de Hamas desde que comenzó a elegir gobiernos islamistas.

Porque además, y más importante, la Hermandad Musulmana de Egipto, que llevó al poder a Mohamed Morsi, ve a Hamas como una organización hermana.

Por el lado israelí también puede haber una primera lectura pesimista. Sus halcones podrían decir que la decidida acción militar de Israel obligó a Hamas a replegar sus cohetes, que gran número de esos fueron destruidos y que el nuevo escudo antimisiles desplegado por Israel, conocido como el Domo de Hierro, fue testeado con éxito.

Además, y a pesar de la violencia de la última semana, la estabilidad y seguridad han aumentado en Israel durante el gobierno de Benjamín Netanyahu. Y como el primer ministro israelí ha ignorado casi por completo el proceso de paz y las aspiraciones palestinas, sin quejas de Estados Unidos ni mayor reclamos de Europa, sería muy fácil para los israelíes concluir que en el control militar está la solución.

La otra razón para ser pesimista es histórica. Desde que nació el conflicto, con la creación del estado de Israel, nunca se ha podido llegar a una solución y los problemas para los palestinos se han ido agravando.

El único motivo para no ser pesimista hoy en este conflicto es la única variable nueva que hay en el conflicto: la Primavera Arabe. Y si bien los nuevos gobiernos de la región simpatizan con Hamas, son también pragmáticos y no tienen la menor intención de amenazar a un vecino que tiene un presupuesto de defensa mayor que el de todos ellos sumados.

También se trata de gobiernos con vocación democrática que respetan los derechos humanos, y que pedirán a Israel que respete los derechos de los palestinos.

Que Mohamed Morsi se haya sumado a Barack Obama para conseguir el cese del fuego a mediados de semana es una buena muestra de su pragmatismo, y de que le podría caber un rol más grande en la posible solución al conflicto.

La solución al conflicto es la única posible: dos estados y que Israel ceda territorio. Una solución permanente requiere una Palestina con capital en Jerusalén oriental y fronteras de acuerdo a las que tenía Israel hasta la guerra de 1967.

Israel, además, debe dejar de construir asentamientos en territorio palestino, ya que cada nuevo asentamiento que construye hace más difícil esa solución permanente.

La solución necesita a otros dos actores clave. Uno de ellos es Egipto, quien tiene la capacidad y el deber de lograr la reconciliación entre las dos fuerzas que se disputan la representatividad del pueblo palestino, Fatah y Hamas.

El otro es Estados Unidos, país que sabe -o debiera saber- que no habrá estabilidad en el Medio Oriente sin una solución permanente al conflicto palestino-israelí. Sin embargo, hasta ahora Estados Unidos no ha mostrado interés en el problema de fondo, y, tal como sucedió la semana pasada, se ha enfocado en apagar crisis coyunturales con la mayor rapidez posible, para luego volver a centrarse en su agenda del momento, que en estos días incluye la cuestión iraní y la situación de Siria. Con cuatro años por delante y sin tener que atender a los intereses de los distintos grupos de presión, Barack Obama bien podría decidir a favor de la solución permanente para el conflicto palestino-israelí y la consecuente estabilidad de largo plazo para el Medio Oriente y el mundo.

  • Lun, 11/26/2012 - 11:53

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