Perú desplazaría en 2013 a Colombia como el mayor productor mundial de hoja de coca

La expansión de los cultivos ilegales genera también una creciente dependencia, provocando un riesgo latente de una ‘cocalización’ de la economía en determinadas regiones.

  • Vie, 03/19/2010 - 12:39

Para ser una comunidad nativa perdida en la frontera con Colombia, la vida en Cushillococha, a 15 minutos de Caballococha (Loreto), es bastante inusual. Los electrodomésticos de última generación y los televisores con cable son una visión común en las casas de la comunidad –agudo contraste con la pobreza de otros poblados nativos de la selva. “Hasta la década de los noventa, Loreto era solo una zona de paso en las redes de la coca. Hoy es una zona donde se cultiva hoja de coca y hay pozas controladas por las mafias del narcotráfico. En el caso de Cushillochocha, es la etnia Ticuna la que domina todo esto”, sostiene el especialista Jaime Antezana, testigo del escenario descrito.

Así, mientras las autoridades centran su atención en zonas cocaleras como el Valle de los Ríos Apurímac y Ene (VRAE), los Cushillococha tienen el potencial de multiplicarse por el Perú. Y es que el cultivo ilícito de la hoja de coca se desparrama por regiones cada vez más alejadas de los núcleos cocaleros tradicionales. Este fenómeno, junto con la creciente ‘cocalización’ de algunas economías regionales del país, conforman las tendencias más alarmantes que los especialistas en narcotráfico vienen detectando en los últimos años.

De acuerdo con Fabián Novak, ex viceministro de Políticas para la defensa del Ministerio de defensa del Perú, si bien la expansión de la coca a nuevos territorios es todavía un fenómeno marginal, ya está claro que se trata de una peligrosa tendencia. “Desde el año 2005, los cultivos ilegales de hoja de coca vienen creciendo sostenidamente en nuevas zonas”, dice. En su opinión, el riesgo es alto: que el Perú se convierta en otra Colombia, en donde los sembríos de coca no se concentran en unos cuantos puntos, sino que se hallan dispersos por casi todo el territorio, con todos los efectos negativos que ello conlleva.

Entre las regiones que registran un índice más alto de expansión en el cultivo ilícito de coca están Loreto, Pasco, Amazonas y La Libertad. No se trata necesariamente de grandes extensiones, pero la tendencia al crecimiento sí es clara. En Loreto, por citar un ejemplo, las 100 hectáreas sembradas en 2004 se habían convertido en 700 para 2008 –un área todavía pequeña pero que representa un crecimiento del 600%.

La lectura del sociólogo Jaime Antezana es más apocalíptica que la de Novak. De acuerdo con él, el crecimiento de los cultivos ilegales en las cuatro regiones señaladas es exponencial, muy por encima del promedio nacional (4,5%), y todo apunta a que en 2010 tal tendencia se mantendrá o se acelerará. “De seguir así, en 2013 el Perú puede arrebatarle a Colombia el primer lugar a nivel mundial en producción de hoja de coca”.

Para el ex viceministro Novak, esta difícil coyuntura se ha generado debido a una clara estrategia del narcotráfico, que consiste en fomentar nuevas áreas de producción, abriendo frentes en distintos puntos del territorio. “En esas condiciones la lucha antidrogas se torna mucho más difícil”, dice.

El economista Hugo Cabieses, por su parte, opina que la “dispersión del negocio” es consecuencia de las ineficaces políticas gubernamentales de erradicación de cultivos, que no plantean alternativas reales y sostenibles para los agricultores de las zonas cocaleras sumidos en la pobreza. Vale decir, ante la ausencia de una estrategia de desarrollo social y productivo, no es difícil adivinar el camino que pueden seguir muchos campesinos.

Una tercera opinión es la de Jaime García, catedrático de la Universidad de Lima y especialista en el tema. Para él, los programas de interdicción colombianos generarían una fuerte presión hacia la frontera con el Perú, situación que podría estar impulsando el traslado de cultivos hacia el lado peruano del Putumayo. “No se ha detectado una presencia activa de los narcotraficantes colombianos en territorio peruano, pero en la medida que la lucha contra las drogas en Colombia tenga éxito y el Perú no actúe de forma efectiva, no podemos descartar que ocurra”, sostiene.

Los expertos coinciden en señalar que los problemas que trae consigo la dispersión son muchos y el riesgo de no detenerla es reproducir a escala nacional lo que sucede hoy en el VRAE, zona dominada por los narcotraficantes y terroristas y donde en los últimos 15 meses unos 40 militares y policías han sido asesinados.

Además, en los tiempos que corren, la expansión del narcotráfico puede ir de la mano de su contraparte o aliado, el terrorismo. “A una dispersión de cultivos y del negocio del narcotráfico le corresponde la de Sendero Luminoso. Mientras el gobierno se acuartela y convierte en blanco fijo a los senderistas del VRAE y el Alto Huallaga, estos se han vuelto un blanco móvil. Cualquier manual de guerra dice que para el atacante es mejor enfrentarse a un blanco fijo que uno móvil”, sostiene Cabieses.

Economía de la coca. La expansión de los cultivos ilegales de hoja de coca genera también una creciente dependencia de las economías regionales, en desmedro de otras actividades formales y lícitas. En otras palabras, existe el riesgo latente de una ‘cocalización’ de la economía en determinadas regiones, si no se resuelve el problema. “Cushillococha es un ejemplo de ello”, dice Antezana.

El informe del Instituto de Estudios Internacionales (IDEI), de la Universidad Católica, denominado Mapa del Narcotráfico en el Perú, resalta los fuertes impactos de esta actividad en la agricultura. Menciona el incremento del costo de la mano de obra en épocas de cosecha, la distorsión de precios de tierras y de productos como el café, el algodón y el arroz, así como la contaminación de los suelos y ríos con insumos químicos. Efectivamente, como señala Jaime García, los cultivos ilegales y el lavado de activos provocan un efecto negativo sobre aquellos que sí son legales.

Antonio Cornejo, asesor técnico de Conveagro, concuerda, y expresa su abierta preocupación por la complicada situación de sembríos como el arroz o el café, en los que el impacto del narcotráfico se está dejando sentir cada vez más. “El jornal de cultivo de hoja de coca es mucho mayor que el del café y por eso hay zonas donde casi no hay gente para la cosecha cafetalera”.

Cornejo señala que esta situación también se da en el sector arrocero. En ambos casos, los productores lícitos o bien pierden mano de obra o deben pagar más para retenerla (lo que muchas veces resulta imposible), con la consecuente pérdida de competitividad en el negocio y la dramática reducción de sus márgenes de ganancia.

Esta situación deriva en un círculo vicioso que, poco a poco, va aumentando la dependencia de las economías con respecto a la coca –un fenómeno que el ex viceministro Novak denomina la “narcotización de las economías agrarias”. El fenómeno ya afecta regiones enteras. En Ayacucho, el 70% del valor bruto agrario proviene del narcotráfico. Y en el Cusco y Huánuco, el 28% y el 47% del PIB agrario, respectivamente, provienen de este cultivo ilícito. “En la medida en que las regiones son permisivas y el cultivo de hoja de coca pasa a ser el principal producto regional agrario o el motor de la economía, se abre paso la narcotización de la economía”, dice Fabián Novak.

Esta dependencia, opinan los expertos, no rompe el círculo de pobreza y, es más, añade los lastres característicos del narcotráfico: inseguridad, corrupción y violencia. Frente a esta situación, expertos como Antezana remarcan la importancia de actuar de manera temprana para que el narcotráfico no se enraíce en la economía local y regional. De otra parte, es preciso no focalizar la lucha contra el narcotráfico únicamente en el VRAE y el Huallaga. Por último, parece claro que se necesitan cambios urgentes en las tareas de erradicación y sustitución de cultivos, en vista de que la estrategia oficial parece no haber funcionado como se esperaba.

Un caso aislado, pero que podría ser un ejemplo exitoso en la lucha contra el narcotráfico es el de la región San Martín, donde se han logrado reducir sostenidamente los cultivos de hoja de coca, así como su peso en esa economía. El cultivo pasó de 28.600 has. en 1992 a 4.901 en 2000 y 321 en 2008.

La base de la experiencia de San Martín ha sido la promoción de cultivos alternativos a la hoja de coca en la zona, como el café, el cacao, el palmito o la palma aceitera, entre otros productos. No obstante, opina Antezana, estos programas no funcionan solos. Requieren de la presencia del Estado a través de inversión permanente en infraestructura, salud y educación. Asimismo, los expertos en el tema opinan que un modelo así solo funciona en paralelo al trabajo de interdicción y erradicación de cultivos.

Lamentablemente, el discurso antinarcotráfico propalado desde el Estado, no ha sido traducido en una acción efectiva que provea resultados positivos. Justamente una de las últimas medidas del gobierno tiene que ver con el Plan de Impacto Rápido 2010, ya incluido en la Ley Nacional de Presupuesto de este año, que destina aproximadamente S/.94 millones a la lucha contra el narcotráfico. Esta suma duplica o incluso triplica las cifras destinadas por este concepto en 2007 y 2008, por lo que esta partida ha sido recibida, por algunos analistas entrevistados, como una buena señal, tomando en cuenta la reducción de la cooperación internacional para la lucha contra el narcotráfico durante el año pasado.

Pero el éxito del uso de estos fondos dependerá de las capacidades regionales y locales para enfrentar el problema. Es precisamente este liderazgo regional el que los expertos juzgan esencial. “La política antidrogas debe ser nacional, pero eso no significa que las autoridades locales se crucen de brazos viendo qué pasa”, dice Novak. “Si de las regiones involucradas no nace una genuina preocupación por plantear soluciones integrales y llevarlas a cabo –cultivos alternativos tempranos, políticas de interdicción y erradicación bien pensadas-, no será mucho lo que se pueda avanzar en limpio”.

Claramente el Perú está lejos de ser un narco-estado. Pero con el crecimiento de las áreas cultivadas por diferentes puntos del territorio corre el riesgo de convertirse en uno. Por lo pronto, el hecho de poder desplazar a Colombia como primer productor de hoja de coca en el mundo ya es un galón que ciertamente ningún país llevaría con orgullo.

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