Análisis & Opinión

¿Quién cuida a los niños y niñas en Chile?

Danae Mlynarz

Es cientista político y asistente social, titulada en la Universidad Católica de Chile, y Magíster en Política y Gobierno de la Facultad Latinoamérica de Ciencias Sociales (Flacso- Chile y Universidad de Concepción). Durante el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet se desempeñó como presidenta de la Comisión Asesora Presidencial para la Protección de los Derechos de las Personas.

  • Jue, 01/06/2011 - 18:38

Comenzamos el 2011 con horribles noticias de muertes de niños.

Un niño de dos años muere calcinado en Año Nuevo. Su madre celebraba y lo dejó encerrado en su hogar, que se quemó.

Un niño de cinco años, con síndrome de Down, cae de un edificio en el centro de Santiago.

Las cifras son claras y las entrega la Unicef. Sólo 24,7% de los niños y niñas en Chile no recibe ningún maltrato. Entonces, estamos hablando de 75% de niños y niñas en nuestro país que han recibido algún tipo de maltrato en su propio hogar. Esta cifra no debe dejar indiferente a ningún país que crea en los derechos humanos y reflexione sobre qué tipo de niños y niñas, es decir, sobre qué sociedad está formando. Lo que está claro es que la infancia en Chile está completamente indefensa frente al abuso de cualquier tipo. 

Los niños y niñas en Chile se encuentran en una situación de gran vulnerabilidad y no existe la institucionalidad estatal que refleje nuestro sentido comunitario.

Hoy día, que los niños y niñas en su gran mayoría se encuentran de vacaciones, es un período especialmente propicio para que sufran cualquier tipo de abuso. Es una fecha en la cual tenemos como sociedad que estar alertas, para evitar que nuestros niños y niñas sufran cualquier tipo de maltrato. Pero también deberíamos avanzar en la reflexión sobre esta situación.

Cuando los niños y niñas dejan de asistir a la escuela, dejan de estar una cantidad de horas determinadas del día al cuidado de la institución educativa, y por tanto, es en las vacaciones cuando la responsabilidad total de lo que hagan y dónde estén esos niños y niñas recae exclusivamente en sus familias.

Familias que se encuentran exigidas laboralmente, cumpliendo horarios de trabajo que no permiten que los padres y madres puedan suplir la posibilidad de cuidado infantil que les brinda la escuela. En ese contexto, la red de apoyo con que cuente la familia es clave. Si hay recursos económicos se puede tener una asesora del hogar que asista al niño o niña; si existen redes familiares se recurre a la madre, abuela, tía o vecina para que lo cuide.

Pero ¿dónde está el apoyo estatal? ¿Dónde el apoyo de la comunidad toda para brindar esta situación de cuidado infantil no resuelta que viven miles y miles de familias en Chile y que pone en aún más riesgo el cuidado y la vulneración de sus derechos?

Con vergüenza observo cómo una institución que brinda educación y cuidado infantil en todo Chile, y que tuvo un desarrollo tremendo durante el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, como es la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji), queda “acéfala”  tras preocupantes declaraciones de su vicepresidenta. Y nadie se pregunta sobre la formación de nuestros niños y niñas en esos centros de la Junji, si están entregando servicios durante el verano, si van a tener extensión horaria para que la madres puedan ingresar al mundo del trabajo, si están entregando otro apoyo a la comunidad, si están divulgando su accionar para aumentar matrícula, entre otros miles de temas que reflejarían un interés por los derechos de los niños y niñas, por el cuidado y educación infantil, y sobre todo, por hacer una mejor sociedad.

Los niños y niñas en Chile se encuentran en una situación de gran vulnerabilidad y no existe la institucionalidad estatal que refleje nuestro sentido comunitario, a través de una red de protección a la infancia eficiente que logre resguardar los derechos de los niños y niñas en Chile.

Mientras no avancemos en un pacto por la infancia de todos los sectores, donde se tome el peso a esta situación de maltrato, abuso laboral, sexual, físico y psicológico, nuestros niños y niñas seguirán en una gran vulnerabilidad y solo el 24,7% no habrá sufrido maltrato.

*Esta columna fue publicada con anterioridad en ElQuintopoder.cl.

Danae Mlynarz

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