Muere comandante de las FARC en combates contra ejército colombiano

Colombia

Roque Tique, con 30 años de servicio, era comandante del frente 81 del grupo insurgente y estaba acusado de decenas de ataques a las fuerzas armadas y a la población civil.

La muerte de Tique se produjo en medio de la ofensiva contra la guerrilla que impulsa el presidente Alvaro Uribe.

  • Mié, 05/12/2010 - 19:31

Bogotá. Un comandante de las FARC con casi 30 años de militancia en la guerrilla, acusado de decenas de ataques a las Fuerzas Armadas y a la población civil, murió este miércoles en combates con el Ejército en una zona selvática del sur del país, informaron fuentes militares.

La muerte de Roque Tique, alias "Saavedra" o "El Indio", comandante del frente 81 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se produjo cerca del municipio de Calamar, en el departamento del Guaviare.

Tique participó en varios asaltos a poblaciones del sur de Colombia en los que fueron secuestrados efectivos de las Fuerzas Armadas, algunos de los cuales aún continúan en poder del grupo rebelde que busca intercambiarlos por guerrilleros presos a través de un acuerdo humanitario con el gobierno.

Sus resultados le permitieron ganarse la confianza de Jorge Briceño, alias "El Mono Jojoy", el jefe militar de las FARC, considerado por las Fuerzas Armadas como uno de los comandantes guerrilleros más violentos y sanguinarios.

"Debido a su prontuario delictivo, se ganó la confianza de 'Jojoy'. En abril de 2009 fue designado como máximo cabecilla de la cuadrilla 81 con la misión de brindar seguridad y apoyo logístico a 'Jojoy'", aseguró un comunicado del Comando General de las Fuerzas Militares.

"El frente 81 de las FARC está relacionado con la comisión de delitos de narcotráfico, secuestro, asesinato de civiles, extorsión y tráfico de material de guerra en el departamento del Guaviare", precisó el informe.

La muerte de alias "Saavedra" se produjo en medio de la ofensiva contra la guerrilla que impulsa el presidente Alvaro Uribe y que cuenta con el apoyo de Estados Unidos.

El popular mandatario, considerado como el más importante aliado de Washington en América Latina en momentos en que gobernantes de izquierda ganan protagonismo en la región, ordenó la ofensiva desde que asumió el poder en 2002.

La estrategia de seguridad permitió reducir los asesinatos, las masacres, los secuestros, los asaltos a pueblos y los ataques contra la infraestructura económica, lo que contribuyó a aumentar la inversión extranjera en el país. 

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