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Aenza (ex Graña y Montero): la carrera de la mayor constructora de Perú por sobrevivir a su fuerte crisis reputacional

Implicada en escándalos de corrupción en su mercado local, la mayor constructora de Perú parece acercarse al final de su fuerte crisis reputacional. Sin embargo, mientras encara una importante etapa de su proceso legal, que es un punto clave en su avance, la pandemia parece impedir que llegue a su ansiada recuperación financiera.
Domingo, 02/05/2021 Laura Villahermosa

Desde finales de 2020, dos flechas azules dirigidas hacia arriba acompañan a la nueva marca de la constructora peruana Graña y Montero. Atrás quedó el cuadrado de tonos naranjas que adornaba el nombre de dos de los fundadores de la compañía. Hoy la empresa se llama Aenza y se define como una “corporación regional con cimientos sólidos, regida por los más altos estándares de gobierno corporativo que promueve el comportamiento ético en la organización y entorno de negocios”.

Lo cierto es que los cimientos de la actual Aenza han sufrido en los últimos cinco años fuertes golpes, principalmente por la implicación de la compañía en escándalos de corrupción. La constructora, sin embargo, ha logrado mantener su operación –mucho más ligera y concentrada– y podría iniciar este año un nuevo capítulo en su historia, con el “avance” de su proceso legal, eso sí, si el escenario de pandemia se lo permite.

“Tenemos una compañía que es una versión reducida de lo que era Graña y Montero hace cinco años. La empresa se ha quedado con tres unidades de negocio:, Ingeniería y Construcción, Infraestructura e Inmobiliaria […] El tema reputacional y su impacto está totalmente internacionalizado”, dice Marco Contreras, head of Research de la sociedad agente de bolsa peruana Kallpa Sab.

En febrero de 2017 el responsable de la constructora brasileña Odebrecht en Perú Jorge Barata reconoció que sus consorciados en dos licitaciones de transporte, entre ellos Graña y Montero, tenían conocimiento de los sobornos que habían pagado al expresidente peruano Alejandro Toledo.  

Y con sus declaraciones, tanto la reputación como la acción de la compañía se precipitaron al abismo. La empresa pasó a acaparar titulares de forma constante en los medios locales, entre otras cosas, por la prisión preventiva de su presidente José Graña. Y su acción en las bolsas de Nueva York y Lima entró en una espiral de volatilidad, llegando a caer a US$ 2,18 en la bolsa de Nueva York en marzo de 2017, frente a los US$ 8,63 que cotizaba en agosto de 2016.

Sin embargo, la compañía, hoy comandada por Luis Díaz Olivero, tomó una serie de medidas para salvaguardar la estabilidad financiera y convencer al mercado del inicio de su proceso de transformación. Entraron en escena nuevos inversionistas, que supusieron una inyección de capital de US$ 130 millones, sacó de sus cargos y del directorio a los ejecutivos implicados en las acusaciones en corrupción y nombró un nuevo directorio, que renovó también a finales de 2020. Además, vendió activos por más de US$ 450 millones para pagar su deuda, entre ellos su empresa de servicios de operación de mina, Stracon GyM.  

“En el caso de Graña y Montero se encontraron frente a una crisis de reputación bastante grave, porque los hechos que la llevan a esta no son por alguna negligencia o por alguna mala construcción, sino por un tema de corrupción que involucra a altos niveles e inclusive que se encuentra a lo largo del tiempo. Era una práctica constante que todavía está en investigación y va todo un proceso legal penal en paralelo”, dice Miguel Antezana, coordinador de los Diplomas Internacionales de Comunicación Corporativa y Comunicación Interna de la universidad peruana ESAN, quien asegura que Aenza ha cumplido con lo que normalmente se hace tras estas crisis a nivel de mercado de valores. “Desde el punto de vista de los stakeholders han cumplido. Han cambiado directivos, de marca, han mostrado transparencia. Pero eso no asegura que haya un cambio profundo”, añade.

Desde que explosionó su crisis, Carlos Carazas, analista de Inversiones de Seminario Sociedad Agente de Bolsa, asegura haber visto un cambio sustancial en la empresa. “Cuando hablas de Aenza versus Graña y Montero de 2016 es otra compañía, otra gente, otro management. Tiene las herramientas, los activos, el know how y, si bien el management cambió, las personas que están en las obras y gestionan el día a día de la empresa continúan”, dice.

Sin duda las finanzas de la empresa hoy distan de las del gigante constructor que aseguraba ser la compañía de su industria que había logrado mayor capitalización bursátil.

La compañía, que ha pedido perdón “por los errores que se cometieron en gestiones anteriores”, llegó a generar ventas por US$ 2.295 millones y contar con un backlog o pedidos en cartera de más de US$ 4.000 millones. En 2019, sin embargo, sus ventas fueron de US$ 1.231 millones y llegó a perder US$ 252,83 millones en 2019 debido a provisiones contables que tuvo que hacer por el deterioro de su inversión en el Gasoducto Sur Peruano −megaproyecto en el que estaba consorciada con Odebrecht− del posible resultado de una demanda colectiva en Estados Unidos y del acuerdo de colaboración eficaz.

Pero en 2020, año que la compañía preveía que iba a ser el de su recuperación financiera, logró reducir sus pérdidas, que fueron de US$ 34,3 millones. Su ansiada recuperación, no obstante, no se dio. Por lo menos no como la habían previsto. “Empezamos [2020] con mucho optimismo confiados en los cambios y avances que se habían realizado en la compañía. Teníamos un presupuesto retador que suponía lograr más de US$ 1.300 millones en ventas y una utilidad neta superior a US$ 30 millones. Al final del primer trimestre llegó al Perú, a la región y al mundo la pandemia del COVID-19. Esta situación,  que no era previsible tanto en su origen como en su impacto y duración, trastocó los planes que todos teníamos a nivel de la empresa, el país, la región y el mundo”, asegura Aenza en su memoria anual.

“Los resultados de 2020 fueron duramente afectados por la pandemia, con una caída de casi el 20% de ingresos y casi del 30% a nivel de Ebitda. Tiene sobre todo que ver con el resultado de GMP [su empresa petrolera], que como el resto de compañías de hidrocarburos se vio duramente afectada por la caída de los precios del petróleo”, dice Marco Contreras. GMP es uno de los contribuyentes al negocio de infraestructura de la empresa, que es el más importante a nivel de márgenes –representa más del 77% de su Ebitda– e incluye sus empresas concesionarias de carreteras y la Línea 1 del Metro de Lima.

Su negocio de Ingeniería y Construcción, por otro lado, redujo sus ingresos en un 25,2% debido a un menor volumen de producción en los proyectos que tenía en ejecución por la pandemia, aunque logró mantener un backlog de proyectos de US$ 1.828 millones. “Para que la empresa empiece a crecer el backlog debe incrementarse”, señala Contreras.

Los proyectos de ingeniería y construcción que lleva a cabo Aenza son hoy exclusivamente con privados. Y es que tras el escándalo, la estrategia de la compañía se concentró en trabajar con empresas privadas y no con el Estado. Algo que parece haberle funcionado pues en los últimos años se ha adjudicado los proyectos mineros Quellaveco (en Perú) y Quebrada Blanca Fase 2 (en Chile) o la segunda pista de aterrizaje del peruano Aeropuerto Jorge Chávez, entre otros. “En las relaciones con otras empresas puede primar la relación económica, la relación entre compañías. En cambio a nivel de gobierno el hecho de que participara Aenza generaría suspicacia, con lo cual es mucho más difícil [que acceda a licitaciones del Estado]”, dice Miguel Antezana, de ESAN.

Su área inmobiliaria, por otro lado, terminó el año con un resultado positivo, según el informe anual de la empresa, que asegura que su compañía en este rubro, Viva, completó una entrega récord de unidades en su proyecto de vivienda social en el distrito limeño de Comas.

Colaboración eficaz y potenciales nuevos socios

A pesar de que el año pasado las cifras de Aenza no fueron las esperadas, tanto Marco Contreras como Carlos Carazas parecen ver sólidos a sus cimientos, gracias a la fuerte reducción de su deuda de los últimos años (en 2020 fue de US$ 49 millones frente a los US$ 1.049 millones que tenía en 2016), sus sucesivas inyecciones de capital, y las provisiones que ha llevado a cabo para el pago de potenciales reparaciones civiles. Y destacan que en su supervivencia no juega un papel primordial la entrada del fondo brasileño IG4 Capital, con el que Aenza tendría un acuerdo preliminar para la compra del 25% de sus acciones, según medios locales, y que hoy está en vilo, pero porque el proceso legal de la empresa sigue abierto.

“El fondo no es imprescindible porque lo que va a hacer es comprar acciones que ya existen. No es como hace dos años cuando tuvo que entrar un nuevo socio haciendo un aporte del capital que se necesitaba para poder preparar la deuda asociada al gasoducto”, dice Marco Contreras,de Kallpa Sab.

Carlos Carazas explica que todavía no hay una oferta pública de adquisición por parte de IG4 Capital y que el fondo lo que busca es comprar las acciones que poseen las familias propietarias de la empresa y que hoy están congeladas por la Justicia local. Pero el deal podría verse frustrado por un elemento clave en la culminación del proceso de transformación de Aenza: la firma de su acuerdo de colaboración eficaz con la fiscalía local, que está tardando más de lo previsto. “Es un acontecimiento importante. Cuando se logre, se dará la seguridad contractual a la empresa de que no se le abrirán múltiples procesos, lo que la haría insostenible en el tiempo. Tendría que defenderse en múltiples frentes y significaría un costo legal demasiado grande”, dice Carlos Carazas, de Seminario Sociedad Agente de Bolsa.

De hecho, Reuters informaba en febrero de este año que las demoras en formar el acuerdo de colaboración judicial sobre sus acusaciones de corrupción amenazaban el compromiso de IG4 Capital. Según Semana Económica, el compromiso de inversión se iba a retirar si no se concretaba el acuerdo con los fiscales peruanos en seis semanas debido a que los inversionistas llevaban un año esperando. Aunque el fondo local matizaba al medio local que el compromiso podría renovarse en caso de que el plazo venciera.

“No ha habido ninguna noticia al respecto. Lo que comunica la gerencia [de Aenza] es que el acuerdo de colaboración eficaz está muy avanzado. Se detuvo por la pandemia pero se ha retomado”, dice Carazas, quien asegura que se esperan noticias al respecto antes de que el nuevo presidente de Perú asuma su cargo en julio.

Perspectivas en un entorno de incertidumbre

Justamente la definición de quién asumirá la presidencia de su país de origen, empujó a la baja con fuerza el 21 de abril a la acción de Aenza en la Bolsa de Nueva York y de Lima. En la bolsa internacional la acción llegó a un piso de US$ 1,56. “Desde la primera vuelta, no solo las acciones de Aenza, sino varias acciones peruanas han caído abruptamente por el temor a una victoria de Pedro Castillo [candidato de izquierda]”, detalla Marco Contreras. El head of Research de Kallpa Sab asegura que a nivel local existe un escenario de mayor riesgo pero todavía no han incorporado ningún supuesto en sus estimados sobre la empresa.

“Toda la bolsa peruana ha sufrido un deterioro. En este sentido, los sectores más cíclicos se han llevado gran parte de ese impacto. No esperamos que la construcción se frene en seco durante 2021. Si bien un gobernante puede ser de tendencias radicales comparte el poder con el Congreso. Entre ambos poderes se pueden anular”, complementa Carlos Carazas.

Por lo pronto, las últimas cifras referentes al sector construcción en Perú reflejan una clara mejora respecto al año anterior. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática local el sector creció 14,32% en febrero frente al mismo mes de 2020 gracias a la mayor demanda de construcción de obras privadas, como edificios inmobiliarios e infraestructura en las minas del país –justo una de las principales especialidades de Aenza–. Y la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco) estima un alza de tres dígitos en todo el segundo trimestre de este año.

Y en el radar de la compañía este año se encuentran proyectos como la nueva terminal del aeropuerto de Lima, en cuya licitación –que realiza la operadora Lima Airport Partners– participa junto a la española Sacyr. “Si ganan sería un componente importante para agregar a su backlog actual”, dice Marco Contreras.

El ejecutivo de Kallpa Sab asegura ver potencial de crecimiento de la empresa en la construcción de proyectos mineros, donde Perú cuenta con una cartera bien importante. Además los precios de los commodities podrían favorecer su avance.

En el punto fuerte de su negocio, la gestión de infraestructura, por otro lado, el desafío de la compañía estaría en que debería vincularse con el Estado. “Ellos hablan de internacionalización de las líneas y podrían abrirse a trabajar con Colombia y Chile”, dice Carlos Carazas.

Este 2021, los principales planes revelados por la compañía a medios locales tienen que ver con el lanzamiento de bonos convertibles, con los que espera levantar US$ 90 millones y que, según Carlos Carazas, forma parte de una estrategia de fondeo más grande, de alrededor de US$ 300 millones. Se trata de un plan que, de nuevo, dependería de los resultados de su proceso de colaboración eficaz. Este acuerdo sería la cimentación necesaria para acabar de consolidar la verdadera transformación de la compañía.