Argentina ha impuesto por decreto un control de divisas hasta fin de año, en una movida que trata de contener la crisis económica desatada en el país tras las elecciones primarias del 11 de agosto pasado. Las empresas ahora necesitan permiso del Banco Central para comprar dólares y para hacer pagos de dividendos al extranjero, mientras los individuos tienen ahora un tope de compra de US$ 10.000 mensuales, como parte de las "medidas extraordinarias" tendientes a enfrentar la caída de 26% del peso frente al dólar, desde que el presidente Mauricio Macri fuese derrotado en las primarias.

AméricaEconomía querría que Alberto Fernández, en caso de ser electo, siga un camino de reconstrucción económica y con un nuevo sentido de responsabilidad. Para ello, debería presentar un plan con una perspectiva de largo plazo, con austeridad fiscal, abriendo el país a los mercados globales, con reglas claras y garantías para la inversión extranjera y local.

Cerca de US$ 3.000 millones de las reservas en divisas del país se gastaron en los dos últimos días hábiles de agosto, en un intento por pagar las deudas de corto plazo y proteger el valor del peso. Las reservas netas de libre disponibilidad de Argentina llegan a US$ 15.000 millones, de modo que al ritmo actual -sin la mediación del control de divisas- desaparecerían en menos de dos semanas. Y ese fin de semana se impusieron las medidas de control.

Imponer control de divisas le debe haber dolido a Mauricio Macri, quien al llegar a la presidencia en 2015 hizo justamente todo lo contrario: eliminó los controles a los mercados de capital, abriendo lo que esperaba sería una auspiciosa senda de libertad de mercados. Pero lo tuvo que hacer a fin de evitar una estampida de dólares y sujetar el peso.

El país está también buscando diferir sus pagos de deuda de corto plazo y anunció que intentaría ampliar los plazos de vencimiento en bonos por unos US$ 100.000 millones. Ante esto, las clasificadoras internacionales Standard & Poor's y Fitch levantaron banderillas de default, bajando la clasificación de riesgo del país. Los bonos soberanos en dólares de Argentina se transan en el mercado a un tercio de su valor par.

Todo esto en el marco de una economía que se contrajo 2,5% el año pasado y retrocedió otro 5,8% el primer trimestre de este año. Goldman Sachs dijo que Argentina enfrenta una recesión más larga y difícil después de "un mes de infierno" tras las primarias.

No podía ser de otra manera, pues los resultados de estas primarias -15 puntos a favor de la dupla Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner contra Mauricio Macri- fueron un ensayo de la elección presidencial del 27 de octubre próximo. Es casi seguro que en las presidenciales de octubre se repetirán los resultados de la primaria.

Y un gobierno de Fernández puede llevar a Argentina a un nuevo default de su deuda. El propio Alberto Fernández ha dicho que el programa impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI), para prestarle US$ 57.000 millones al país, es "incumplible".

Inmediatamente después de las primarias se desplomaron el peso y la bolsa, lo cual no fue una reacción contra las políticas del perdedor Macri, sino un efecto anticipado ante un gobierno de la dupla Fernández.

Los resultados de las primarias fueron, eso sí, un voto de castigo para el gobierno de Macri, que tiene a la Argentina en recesión, con una inflación por sobre el 50%, un nivel de desempleo que ya llega al 10% y una tasa de pobreza que alcanza al 33% de la población.

Es cierto que la mayoría de estos problemas se explican porque Macri heredó del gobierno de Cristina Fernández un país en ruinas y con un abultado déficit fiscal. Pero Macri se equivocó en su política de ajuste gradual, apostando a la llegada de una inversión extranjera que nunca llegó en los montos necesarios. Habría sido mejor hacer el ajuste fiscal completo durante el primer año. Así se habría dado tranquilidad a los mercados, atrayendo efectivamente inversión extranjera, y no se habría llegado al año electoral con un país en recesión.

Lo que viene ahora no presagia nada bueno para Argentina. Calmar a los mercados depende hoy más bien de lo que diga Alberto Fernández, cuya asociación con la populista e irresponsable Cristina Fernández no es precisamente tranquilizadora.

Las declaraciones de Alberto Fernández en los días previos a las elecciones primarias no ayudaron a calmar los mercados. Sin embargo, hay analistas que dicen que Alberto Fernández no es Cristina Fernández de Kirchner. Algunos incluso anticipan que, más temprano que tarde, se produciría una ruptura de Alberto Fernández con Cristina y el kirchnerismo. Según quienes lo conocen de cerca, Fernández es un socialdemócrata.

Cristina Fernández ha aumentado el nerviosismo al salir al paso de las últimas medidas económicas de Macri, diciendo que Argentina no debería volver a las "ideas neoliberales nunca más", y agregando que los argentinos estaban mejor cuando ella estaba en el poder.

AméricaEconomía querría que Alberto Fernández, en caso de ser electo, siga un camino de reconstrucción económica y con un nuevo sentido de responsabilidad. Para ello, debería presentar un plan con una perspectiva de largo plazo, con austeridad fiscal, abriendo el país a los mercados globales, con reglas claras y garantías para la inversión extranjera y local.

Pero es difícil que algo así suceda. Fernández ha culpado al FMI de la emergencia cambiaria actual de Argentina, cuando es la próxima amenaza de su futuro gobierno lo que trajo el colapso del peso y obligó a Macri a imponer estos controles. Al paso que van las cosas, el desastre va a seguir.