Argentina volvió a ser noticia  hacia fines de esta semana. El jueves el peso argentino se encontraba en caída libre, acumulando hasta ese día una depreciación durante la semana de 11%.

La caída del peso ha sido un problema insoluble para el gobierno de Macri en los últimos meses, y ha sido combatido vendiendo dólares. En poco más de una semana a fines de abril el Banco Central liquidó más de US$ 5.000 millones para sostener sin éxito el peso.

El gobierno de Macri aún tiene una oportunidad de poner a Argentina camino al primer mundo y sacarlo del camino al tercer mundo, que es por donde ha estado transitando por varias décadas. Quisiéramos que Macri se juegue dicha carta, para lo cual tiene que pensar menos en la próxima elección y más en lo que necesita Argentina. El gobierno debiese convocar a todo el país a un verdadero pacto por la austeridad, dando el ejemplo con el gasto del estado, partiendo por la propia presidencia.

Este viernes recién pasado el Banco Central y el gobierno reaccionaron de nuevo agresivamente  para contener la crisis . El primero subió la tasa de interés a 40 %, después de dos subas consecutivas durante la semana, y el segundo anunció una baja de la meta de déficit fiscal desde 3,2 % a 2,7 % . Los mercados reaccionaron positivamente a estas medidas, y se detuvo la caída libre del peso, mientras la bolsa subió un poco. Pero quedan serias dudas sobre si el gobierno, con su estrategia gradualista, será capaz de resolver el problema de fondo de la economía argentina, que no es otra cosa que el exceso de gasto fiscal y otros desequilibrios heredados de muchos años de kirchnerismo populista.

Lo sucedido esta semana pasada deja al descubierto las falencias de la actual conducción económica, guiada por lo que algunos llaman hipergradualismo, otros pasividad, ineptitud de conducción, y así. Poco importa cómo se le llame. Lo que verdaderamente importa es si está crisis puede transformarse en la oportunidad para que el gobierne haga correcciones importantes a su política económica, y sea capaz de tomar el toro por las astas y enmendar el rumbo perdido.

La receta es simple y  clara: disminuir el gasto fiscal de manera significativa, dejar que el mercado cambiario funcione y que el banco central opere solo en los márgenes. Esto requerirá un equipo económico unificado y no fraccionado como funciona ahora, sin una verdadera cabeza. Son demasiado los cocineros y normalmente se termina quemando la comida. Y contando con un banco central verdaderamente jugado por la independencia, pues si bien es cierto su reacción ahora ha sido enérgica y en la línea correcta, contribuyó a la crisis de la semana pasada por haber bajado las tasas en diciembre, medida que a muchos les pareció un reflejo de la presión del gobierno.

Sabemos que la tarea no es fácil y es por eso la falta de confianza de los inversores internacionales respecto de Argentina. Muchos de ellos tienen la impresión que la Argentina es irreformable, que en su ADN está la negación de la realidad y el miedo al dolor y que, consecuentemente, han asumido  el hábito ya crónico de postergar las medidas dolorosas.

El gobierno de Macri aún tiene una oportunidad de poner a Argentina camino al primer mundo y sacarlo del camino al tercer mundo, que es por donde ha estado transitando por varias décadas. Quisiéramo que Macri se juegue dicha carta, para lo cual tiene que pensar menos en la próxima elección y más en lo que necesita Argentina. El gobierno debiese convocar a todo el país a un verdadero pacto por la austeridad, dando el ejemplo con el gasto del estado, partiendo por la propia presidencia. Focalizar los pocos recursos que tiene el estado en los más vulnerables, que no son los culpables de la sucesión de malas políticas económicas de décadas. 

En el área cambiaria se debe avanzar a un dólar libre: un dólar caro puede ser también una fuerza para hacer más competitiva la Argentina y aumentar las exportaciones.

La inflación no se combate sujetando el dólar vía endeudamiento, pues eso es pan para hoy y hambre para mañana: ya lo sabemos en América Latina y con mayor razón lo saben los argentinos.

Será preciso también reformas en el ámbito laboral, de mercado de capitales, en las pensiones, y suma y sigue. Pero lo primero es partir por el ámbito de medidas que son propias del gobierno y de sus autoridades económicas. Como medidas coyunturales, las de la semana pasada son adecuadas. Pero se requiere con urgencia poner a Argentina en el camino correcto de más largo plazo, por doloroso que sea hoy. 

Esperamos que el Gobierno del presidente Macri tome la oportunidad de impulsar esas medidas: es mejor morir –políticamente- en el intento que arrepentirse de lo que pudo haberse hecho por corregir el rumbo declinante de Argentina y que no se hizo.