El alza bursátil de 3,6% con que reaccionaron los mercados al día siguiente de las elecciones primarias argentinas del 13 de agosto pasado  son la mejor prueba de que le han subido los bonos al gobierno de Mauricio Macri.

Su partido gobernante, Cambiemos, obtuvo alrededor del 36% de los votos a nivel nacional y en el distrito de Buenos Aires, tradicionalmente peronista y donde se daba por ganadora con alto margen a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, hubo un virtual empate entre ella y Esteban Bullrich, el candidato de Macri. El peso argentino, que había perdido 10% de su valor frente al dólar desde que Cristina Fernández anunciara su candidatura en junio pasado, también dio un salto de más de 3% al día siguiente de la elección.  El costo de asegurarse contra un eventual default de la deuda pública argentina cayó a su nivel más bajo desde marzo y el precio de mercado de los bonos argentinos a 100 años, que vencen en 2017, subió a 96 centavos por dólar

Al mismo tiempo, y quizá más importante, el Sí al plan económico de Macri es un No a un populismo que, bajo el nombre de peronismo y justicialismo, ha hecho daño a la Argentina desde el primer gobierno de Juan Domingo Perón, a mediados del siglo XX.

El resultado de la elección y la optimista reacción de los mercados son evidencia de algo difícil de creer: que el electorado argentino está abandonando el populismo y la promesa de soluciones fáciles para la economía del país y para sus destinos económicos personales. El inesperado apoyo a Macri es un inédito apoyo a un plan de reformas fiscales, laborales y tributarias cuyo impacto inmediato será negativo para los bolsillos de las personas. Los votos a favor de Macri son votos a favor de la liberalización económica que Argentina necesita para salir de la crisis fiscal, cambiaria e inflacionaria en la que ha estado sumida, en menor o mayor medida, durante los últimos 70 años, pero que obligan a la gente  a apretarse los cinturones. Con sus votos, los argentinos parecen haber dado la señal de que --por fin-- se han convertido en ciudadanos responsables.

Es solo de una señal, claro. Se trata de las elecciones primarias para definir los candidatos a las elecciones parlamentarias de octubre, no cambian la composición de fuerza en el parlamento argentino. Pero si la tendencia se mantiene en octubre, el gobierno de Macri estará en condiciones de aprobar su plan de reformas en el Congreso, con el apoyo de aliados y de la oposición moderada.

Macri ha hablado de una especie de Pacto de la Moncloa, al acuerdo político de 1978 que permitió la modernización y apertura de la economía española, integrando decididamente a España a la Unión Europea.

Al mismo tiempo, y quizá más importante, el  al plan económico de Macri es un No a un populismo que, bajo el nombre de peronismo y justicialismo, ha hecho daño a la Argentina desde el primer gobierno de Juan Domingo Perón, a mediados del siglo XX. Esto abre un nuevo clima de confianza entre los inversionistas extranjeros, que hasta ahora sólo han apoyado a Macri con palabras pero no con dólares, temerosos de que vuelva el populismo y con éste la cesación de pagos y las expropiaciones.

Más extraordinario aun es el resultado si se piensa que el gobierno de Macri, quien asumió en 2015, tiene pocas cifras victoriosas que mostrar. La economía sufrió una contracción de 2,2% el año pasado y, aunque ha repuntado este año, difícilmente alcanzará a recuperar lo que perdió en 2016. La inversión, que cayó 5,1% el año pasado, también ha comenzado a repuntar. Lo que sí nota la gente es que han disminuido la inflación y el desempleo.

En alguna medida, el triunfo electoral de Macri es un acto de fe. Las reformas que propone buscan reducir el sector público y poner fin a un gran número de subsidios que reparten dinero a unas 20 millones de personas --casi la mitad de la población--  en muchos casos sin pedirles nada a cambio. Estos subsidios, que se multiplicaron durante el gobierno de Cristina Fernández (2007-2015), fueron financiados por el boom de los precios de las materias primas que engordó las arcas fiscales de las economías latinoamericanas en la primera década del siglo y hasta 2014.

Al votar a favor del gobierno, los argentinos saben que muchos de ellos van a dejar de recibir esos subsidios. La explicación de su voto es, una vez más que han madurado. Y que se han dado cuenta de que volver al populismo significa llevar Argentina a la ruta de Venezuela.