No parece haber mejor ejemplo de la disfuncionalidad de la sociedad argentina que la frustrada "final del siglo" de la Copa Libertadores de América, entre Boca Juniors y River Plate.

AméricaEconomía se permite disentir. La tragicómica situación de la final Boca River no será responsabilidad directa de la sociedad argentina, pero refleja su autodestructiva disfuncionalidad. Y mucho de su ineptitud gigantesca, como habría dicho esa gloria de las letras bonaerenses que se llama Jorge Luis Borges.

Pedradas, lesiones, gritos, bombas lacrimógenas, declaraciones, partido suspendido, más declaraciones y contradeclaraciones, acusaciones y contraacusaciones, cartas, intentos de ganar por secretaría y una nueva suspensión del partido, tienen en el aire al mayor certamen futbolístico de América Latina, mientras los aficionados en todo el mundo se preguntan cómo ha podido ser.

La cosa estuvo mal desde el principio. La final de finales entre los dos mayores equipos de fútbol de la Argentina, para disputarse el campeonato de fútbol más importante de América Latina, estaba programada para el sábado 24 de noviembre en el Estadio Monumental de River Plate. Pero el bus que transportaba a los jugadores de Boca fue atacado poco antes de llegar al estadio. Miembros de la barra de River arrinconaron al bus con piedras, palos y botellas, hiriendo en los ojos a dos jugadores. La policía entró a dispersar a los atacantes con bombas lacrimógenas y el gas entró al bus de Boca, afectando a los jugadores. Dos de ellos fueron llevados al hospital y el partido tuvo que suspenderse hasta el día siguiente.

¿Motivo del ataque de los fans de River? Poco claro. ¿Exceso de fanatismo? Quizá. Las barras del futbol argentino son tan bravas que en los partidos nunca se venden entradas al club visitante, solo al que juega de local, para evitar peleas al interior de los estadios. Pero en este caso podría haber algo más. El rumor es que dos días antes del partido se sorprendió a dirigentes de la barra brava de River Plate con varios centenares de entradas para reventa y ellas fueron confiscadas por la policía. La acción vandálica contra el bus sería una venganza por la pérdida del negocio de la reventa.

Pero el hecho tampoco deja bien a la policía. ¿Cómo no pudieron proteger al bus de Boca a llegar al estadio? Como dicen los fans en Buenos Aires, "lo que pasó es que todo esto es de la mafia".

El jefe de gobierno de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, terminó despidiendo al jefe de seguridad de la ciudad. Y el presidente de la FIFA, GIanni Infantino, que había ido sólo a ver el partido como espectador, tuvo que intervenir.

Pero la cosa no concluyó allí. El partido se postergó para el día siguiente, el domingo 25 de noviembre, a la cinco de la tarde. El Estadio Monumental abrió sus puertas a las 13:30 y comenzaron a entrar los espectadores. Pero media hora más tarde se anunció que el partido volvía a suspenderse, esta vez en forma indefinida.

¿Lo que había sucedido? Los jugadores de Boca consideraron que no estaban las condiciones que les garantizaran seguridad y enviaron una carta formal a la entidad organizadora de la Copa Libertadores, la Conmebol (dependiente de la FIFA), planteando que Boca debería ser ganador del campeonato según las reglas de la organización en casos como este. Esa carta debía ser vista por las autoridades de Conmebol y contestada formalmente, motivo por el cual se volvió a suspender el partido. El último comunicado de la Conmebol rechaza esta posibilidad, de que Boca gane por secretaría la Libertadores, para “garantizar su debido término deportivo”, como subrayan poco graciosamente.

Este fin de semana comienza en Buenos Aires la reunión de presidentes del G20, donde asistirán, entre otros, Donald Trump y Xi Jinping. Si la policía fue incapaz de dar seguridad a un partido de fútbol, ¿cómo podrá hacerlo con la cumbre presidencial?  

Y el reloj está corriendo: el 12 de diciembre comienza la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, en los Emiratos Árabes Unidos. Allí debe jugar el campeón de la Copa Libertadores como representante de América Latina. Eso debe haber llevado a la Conmebol a decidir que el partido se jugará entre el 8 y 9 de diciembre, en un lugar que aún no definen, fuera de Argentina, continuando así con esta competencia de indefiniciones.

El presidente de Conmebol, el paraguayo Alejandro Domínguez, declaró que la doble postergación de la final de finales fue responsabilidad de "unos pocos descarriados y no de la sociedad argentina".

AméricaEconomía se permite disentir. La tragicómica situación de la final Boca Rivers no será responsabilidad directa de la sociedad argentina, pero refleja su autodestructiva disfuncionalidad. Y mucho de su ineptitud gigantesca, como habría dicho esa gloria de las letras bonaerenses que se llama Jorge Luis Borges.