En las primeras semanas de la epidemia de Covid-19, Chile parecía tener bajo control la enfermedad. La estrategia implementada por el gobierno el 18 de marzo había llevado, para la tercera semana de abril, a una meseta de nuevos contagios de entre 350 y 500 casos diarios, con un nivel de testeo de unos 4 mil tests diarios, el más alto de América Latina.

Y no sólo había una cantidad relativamente fija y acotada de nuevos contagios diarios --evidencia de que la epidemia no estaba creciendo--, sino que además la tasa de letalidad del Covid-19 en Chile --número de enfermos que mueren-- era de 1,2%, la segunda más baja de la región detrás de Costa Rica.

El éxito de la estrategia chilena se basó en las siguientes medidas: toque de queda entre las 22.00 y las 05.00 horas en todo el país; fronteras cerradas; espacios públicos, cines, restaurantes, bares y comercios cerrados; fuerte campaña con el mensaje de quedarse en casa; uso de mascarillas obligatorio en público; empresas cerradas en los servicios considerados no esenciales, más la recomendación de hábitos de higiene y de mantener el distanciamiento físico de mínimo un metro entre personas. Todas estas medidas estrictas, Chile las adoptó desde un comienzo.

También aplicó cuarentenas dinámicas y rotativas . Al contrario de las cuarentenas totales a nivel nacional que impusieron países como Argentina, Colombia y Perú, Chile estableció cuarentenas “flexibles” por municipio, de acuerdo con las zonas del país donde se verificaban mayores alzas en el número de contagiados. El sistema chileno impone cuarentenas semanales en los municipios donde hay alzas de contagios y mantiene o levanta la cuarentena tras una o dos semanas si las cifras bajan. Así, hay municipios donde se ha impuesto la cuarentena, se ha levantado y al cabo de un par de semanas se ha vuelto a imponer, de acuerdo con el número de casos nuevos, la densidad poblacional y otros factores epidemiológicos.

Es necesario destacar además, que Chile tiene -también como Costa Rica- un sólido sistema nacional de salud, y cuenta con código sanitario que le da amplias facultades al poder ejecutivo para hacer y deshacer con las redes de hospitales públicos y privados. Tal es así que el país completo se maneja como si tuviera un solo hospital, pudiendo trasladarse enfermos entre distintos hospitales tanto privados como públicos. Además, se ha contado con el apoyo de la Fuerza Aérea para trasladar pacientes entre ciudades que están a 500 o más kilómetros de la capital Santiago, principal foco de la infección. Más aún, el gobierno ha emitido un decreto que obliga a los hospitales privados a duplicar el número de sus camas críticas y ventiladores mecánicos, poniendo como argumento que la red pública ya ha aumentado el número de ventiladores al doble, mientras que la red privada la ha aumentado a la fecha solo en un 10%.

Desde un punto de vista técnico, el gobierno chileno lo ha hecho bien. Quizá los errores han venido del lado político y comunicacional. Los buenos resultados en el manejo de la pandemia en los meses de marzo y abril llenaron de optimismo al presidente Sebastián Piñera, lo que lo llevó a hablar de que se comenzaría una nueva etapa a la que llamó de “nueva normalidad”, y esbozó un plan de “retorno seguro” para reabrir gradualmente la economía, partiendo por un retorno al trabajo de los empleados públicos, luego la empresa privada y después las clases. Incluso se hizo un plan piloto para reabrir un centro comercial.

En resumen, Chile definió una una estrategia sanitaria que empezó a aplicar por adelantado, la siguió al pie de la letra y los chilenos en su gran mayoría obedecieron las indicaciones de la autoridad. Todo parecía indicar que Chile había hecho las cosas bien. Pero el virus es quien controla la agenda

Este fue quizá el principal error del gobierno, porque provocó que la gente se empezara a relajar y a abandonar las precauciones de distanciamiento social, uso de mascarillas, higiene y otras. Incluso se llegaron a organizar fiestas masivas con más de 400 personas . Fue así como muy pronto el número de nuevos contagios subió a alrededor de 1.500 diarios, creciendo muy rápidamente hasta llegar a 3.500 el 18 de mayo.

Es cierto que el alza en los contagios coincidió con un aumento en el número de tests realizados, que se ha triplicado desde los dos primeros meses de pandemia, llegando hoy a 16.000 test por día, incluyendo también testeo de personas asintomáticas. Pero el número de nuevos contagios se ha más que quintuplicado, indicando que la enfermedad estaba contagiando a más personas que antes. La tasa de positividad --número de tests que daban positivo para el virus SARS-COV 2 como fracción del total de tests realizados-- subió de 8% a 12%.

Más del 80% de los nuevos casos se han producido en la capital, Santiago. El aumento en los contagios trajo aumentos en las hospitalizaciones y en el número de muertos. El 18 de mayo el número de fallecidos llegó a 32, el triple de la cifra de un mes antes.

El uso de camas críticas y ventiladores mecánicos se ha duplicado en dos semanas. El sistema hospitalario está al borde del colapso, con un creciente aumento de nuevos casos y con pocas herramientas sanitarias adicionales para enfrentar la enfermedad.

Como resultados del rápido crecimiento del número de infectados , particularmente en Santiago, el gobierno decretó cuarentena total para la ciudad, que tiene más de siete millones de habitantes. Esto no debe haber sido una decisión fácil, porque representa un cambio de estrategia; pero es lo que muchos venían reclamando, particularmente los alcaldes de los municipios santiaguinos, así como la presidenta del Colegio Médico y algunos líderes de la oposición.

AméricaEconomía celebra la medida tomada por el gobierno. Da cuenta de su flexibilidad y es un reconocimiento de que a este novel coronavirus no lo conocemos bien y que se está aprendiendo en el camino , como lo ha reconocido el propio gobierno .

También destacamos que el gobierno ha ido robusteciendo la cantidad de camas críticas y el número de ventiladores mecánicos a lo largo de la red hospitalaria. Se partió con un total de aproximadamente 1.000 ventiladores operativos en enero y hoy ya se cuenta con unos 1.800 ventiladores activos. Para fin de año, dice el Ministro de Salud, Jaime Mañalich, se podría disponer de unos 3.000.

El problema es que el crecimiento del número de contagios va más rápido de lo que esperaba el gobierno y es posible que el sistema colapse en las próximas dos semanas si no se logra aplanar la curva de nuevos infectados en Santiago. Por ahora lo que se está haciendo es operar todo el sistema a nivel país, trasladando a pacientes en estado crítico de Santiago a hospitales de otras zonas del país.

Pero si la cuarentena en Santiago no da resultado, y los casos siguen subiendo al ritmo que lo han estado haciendo en las últimas dos semanas, el sistema va a colapsar y veremos un aumento significativo en el número de muertos. Esto haría crecer la tasa de letalidad del Covid-19 en Chile, que hasta ahora se ha mantenido muy baja.

En resumen , Chile definió una estrategia sanitaria que empezó a aplicar por adelantado, la siguió al pie de la letra y los chilenos en su gran mayoría obedecieron las indicaciones de la autoridad. Todo parecía indicar que Chile había hecho las cosas bien.

Pero el virus es quien controla la agenda. Esperemos que la estrategia chilena pueda pasar la gran prueba de las próximas semanas.