El 8 de noviembre del 2016, Estados Unidos y el mundo entero quedaban pasmados con la noticia: Donald Trump era elegido presidente de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo. Aunque sin ganar el voto popular (Hillary Clinton obtuvo casi de 3 millones de votos más que él), el sistema indirecto de votación le daba el triunfo y Trump seria ungido presidente en enero de 2017. El pueblo estadounidense y el mundo tuvieron que tragarse la llegada a la Casa Blanca de un egomaníaco, caótico, ignorante, racista y misógino, alguien incapaz de aceptar responsabilidad en nada de lo que le acontece y mentiroso compulsivo.

En este año, ha crecido la polarización política que EE.UU. venía experimentando durante los últimos 20 años, al calor de un presidente que se dedica a atacar encarnizadamente a sus adversarios políticos, a quienes considera enemigos. Y son sus enemigos incluso aquello aliados que no piensan exactamente como él. Para qué hablar de su relación con los medios de comunicación que no lo idolatran: la dureza e intensidad con que Donald Trump los ha atacado no tiene precedentes en EE.UU. Sus blancos favoritos han sido el New York Times, CNN, The Washington Post , NBC , ABC, por nombrar los más relevantes. Trump, que miente a diestra y siniestra sin arrugarse, los ha tratado de productores de "fake news", y les ha impedido filmar y grabar durante las conferencias de prensa habituales en la Casa Blanca. A Trump le incomoda la prensa libre; a él le gustaría ser con la prensa como Nicolás Maduro lo es en Venezuela o como Rafael Correa lo era en Ecuador. Afortunadamente, EE.UU. no es la Venezuela de Maduro ni el Ecuador de Rafael Correa, y la prensa libre en el país goza de buena salud a pesar del ambiente creado por este gobierno. Más aún, es recompensada día a día por una audiencia que va en aumento, mientras el nivel de aprobación de la gestión de Donald Trump cae y cae, llegando en las últimas encuestas apenas a un 37%.

Su promesa de Make America Great Again suena a mal chiste, ante el ascenso chino y el enorme desprestigio mundial de EE.UU. por el presidente que ostenta.

Un comentarista dijo que el verdadero protagonista de este año ha sido el sistema de salvaguardias democráticas instituidas en EE.UU., que ha logrado detener el empellón antidemocrático de Trump. En el caso de la prensa eso se aplica muy bien. Y esa institucionalidad, además de su propia ineptitud, le ha impedido realizar un buen número de sus promesas de campaña. Veamos algunas:

*Rechazo y reemplazo de la reforma de salud implementada por el presidente Obama: hasta la fecha Trump no ha podido conseguir sacar adelante o siquiera rechazar el Obamacare. El partido Republicano ha fracasado en varios intentos, a pesar de tener mayoría en ambas Cámaras. Trump ha culpado a los senadores republicanos de este fracaso, lo cual es cierto en alguna medida, pero el estado de desprotección en salud que dejaría a decenas de millones de personas el plan de Trump, aleja de la idea hasta a ciertos republicanos. Es el caso de John McCain, cuyo voto fue decisivo para que no pasara el último intento por aprobar la propuesta de Trump.

*Construir un muro en la frontera entre México y EE.UU. para impedir el ingreso de inmigrantes ilegales: esta odiosa promesa además aseguraba que México sería quien pagaría por el muro. A pesar de haber presentado varias maquetas de la construcción, lo cierto es que afortunadamente no se ve claro que Trump consiga que el Congreso le otorgue financiamiento. Y Trump puede irse ya olvidando de que lo pague México.

*Prohibición de entrada de residentes de una larga lista de países musulmanes: a pesar de los esfuerzos de Trump a través de sendas órdenes ejecutivas, estas fueron impugnadas en distintas cortes de justicia en varias oportunidades. El gobierno tuvo que apelar ante la Corte Suprema, que aún no da su veredicto definitivo. Otra muestra de que a pesar del estilo mussoliniano de Trump, la democracia norteamericana, a través de sus instituciones, ha mostrado una gran resiliencia.

*Otra de las grandes promesas de Trump fue devolver los puestos de trabajo que a través del proceso de globalización han venido saliendo desde EE.UU. hacia Asia, México y otros países. En este plano lo único que ha mostrado hasta la fecha es la renuncia al TPP, tratado que agrupaba a una serie de países del Asia Pacífico sin incluir China. Este fue un tratado que Obama promovió más con fines geopolíticos que comerciales, para contrarrestar la influencia China. Con esto, Trump simplemente disparó un tiro en el propio pie de EE.UU. en esa vital zona, dejando a China como líder global y campeón mundial de las ideas de libre comercio, algo inédito hasta la fecha. Esto quedó refrendado hace algunos días en la reunión de la APEC en Vietnam. Del alza de aranceles hasta un 45% para productos chinos, no se ha vuelto a escuchar.

*Y así va su promesa de Make America Great Again: suena a mal chiste, ante el ascenso chino y el enorme desprestigio mundial de EE.UU. por el presidente que ostenta. En uno de sus aspectos más preocupantes ha tratado de conseguir con muy poco éxito que China utilice toda su influencia para que Corea del Norte renuncie a su programa nuclear, que hoy parece ya amenazar la costa Pacífico de EE.UU. Lo más grave es que Trump no parece tener una estrategia ni un plan coherente frente al peligro que representa una Corea del Norte con capacidades nucleares.

*A nivel europeo tampoco ha mostrado tener muchas luces. Su retórica de America First y su cuestionamiento de la OTAN han puesto un signo de interrogación a la voluntad de Trump de mantener la alianza atlántica construida por EE.UU. tras la Segunda Guerra Mundial, lo que ha puesto muy nerviosa a la Unión Europea (UE). Mientras coquetea comercial y políticamente con China y mira con enorme desconfianza a Rusia, la UE ha dado en esto días un paso decisivo al acordar, bajo el liderazgo de Alemania y Francia, compartir y coordinar sus recursos de defensa en un virtual ejército europeo que ya convoca a 23 países.

*En relación al Nafta o TLCAN, el acuerdo comercial entre México, EE.UU. y Canadá, que también prometió dar por terminado, solo recientemente ha abierto un espacio de renegociación de sus términos. Lo cierto es que hay temor de que este proceso, que está en curso en estos días, desemboque en un desastre. Hay un fuerte lobby de las Cámaras de Comercio y de las regiones de EE.UU. que exportan o importan masivamente hacia o desde México para impedir que se llegue a un impasse en las negociaciones que liquide el Nafta. Trump es inepto, pero no inocuo.

*En lo económico, reconozcamos que EE.UU. le ha ido muy bien, tanto en crecimiento, como en empleo, y en resultados de empresas y en Wall Street. Pero convengamos que eso es fundamentalmente el resultado de la política económica del ex presidente Obama, y del buen manejo de la Fed por parte de Janet Yellen (que va a ser reemplazada). El mérito de Trump ha sido ser tan ineficaz que sus políticas por ahora han sido abortadas. Pero si logra pasar su reforma tributaria, que favorece escandalosamente a los más ricos, en el mediano y largo plazo profundizará el aumento de la desigualdad, uno de los más graves problemas sociales y económicos de EE.UU. Y si logra desregular -como pretende- el sector financiero, el actual boom se puede trasformar en un irrefrenable bust con consecuencias peores que las de la Gran Recesión iniciada en 2008. Trump sigue siendo peligroso, a pesar de su ineficacia patente.

Este primer año de Trump, por otro lado, culmina con más y más revelaciones de las oscuras relaciones, políticas y económicas, entre personeros de su campaña y familiares suyos, con rusos ligados al gobierno de Putin. Está ya probado que Rusia interfirió en la campaña a favor de Trump, al menos por redes sociales. La investigación del fiscal especial Robert Mueller ya tiene inculpados a altos personeros de esa campaña de Trump, y ha comenzado la colaboración de algunos de ellos con la investigación. ¿Adónde irá a parar esto? ¿Terminará con pruebas contra el propio Trump que lo lleven a un impeachment? No lo sabemos, pero mientras las encuestas muestran que un 66 % de los encuestados opina que Trump es deshonesto y no confiable (ABC Washington Post Poll, Oct 29-Nov 1); los resultados de las recientes elecciones a gobernador en Virginia y New Jersey, con resonantes victorias para los demócratas, también muestran a dónde va la corriente. Así que las elecciones de 2018 podrían dejar muy malheridos a los republicanos y en muy mal pie al pésimo presidente que hace un año triunfó con su apoyo.