Por segunda vez en menos de un mes la Organización de los Estados Americanos (OEA), reunida en Cancún, con la presencia de los ministros de Relaciones Exteriores de todos los países miembros, no logró aprobar una resolución sobre Venezuela. México y otros países pidieron suspender la votación para evitar un fracaso y dejar abierta la posibilidad de que se llegue a un consenso en una próxima reunión.

A través de su ministro de RR.EE., Luis Videgaray, México ha venido liderando una propuesta de resolución que expresa su profunda preocupación por la situación económica y social de Venezuela, al tiempo que denuncia la creciente violencia entre el gobierno y la oposición. El texto, que no llegó a ver la luz, hace un llamado al gobierno de Venezuela para que respete los derechos humanos y la separación de poderes, y le pide al gobierno de Nicolás Maduro reconsiderar la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Lamentamos que Luis Videgaray no haya logrado convencer a El Salvador, República Dominicana, Trinidad y Tobago, ni a Nicaragua, Bolivia o la Isla San Vicente. Con tres de estos seis países habría sido suficiente. Llama mucho la atención que a los países de América Central y el Caribe, México no haya logrado persuadirlos.

Es realmente una gran decepción, para los que creemos en la democracia, que esta resolución no haya sido aprobada en la reunión de Cancún, a pesar del apoyo a la iniciativa mexicana de los países más poblados de las Américas, como Brasil, Argentina Colombia, Perú y EE.UU. Finalmente, solo se alcanzaron 20 votos, cuando se necesitaban 23.

Es un gran revés para la diplomacia mexicana, que esta vez asumió un papel agresivo y de liderazgo en la región, lo que ha sido poco común en el pasado.

Lamentamos que Luis Videgaray no haya logrado convencer a El Salvador, República Dominicana, Trinidad y Tobago, ni a Nicaragua, Bolivia o la Isla San Vicente. Con tres de estos seis países habría sido suficiente. Llama mucho la atención que, a pesar de que Venezuela ya no está pudiendo suministrar petróleo gratis o muy barato en las cantidades que solía hacerlo en el pasado, de los países de América Central y el Caribe, México no haya logrado persuadir al menos a tres de estos.

Nos preocupa, como ya hemos señalado en estas páginas, que el gobierno venezolano de Nicolás Maduro, tras haber empobrecido dramáticamente a Venezuela al punto de generar una crisis humanitaria, se haya ahora quitado la máscara de demócrata que intentaba mostrar al inicio de su gobierno, postergando las elecciones, negándose a un referendo revocatorio -una salida simple a la crisis-, y junto a sus cómplices en el aparato judicial, abortando los poderes de la Asamblea Nacional y encarcelando y reprimiendo a los dirigentes de la oposición.

Como muchos otros demócratas en la región, hemos apoyado la exigencia de elecciones libres anticipadas, con todas las libertades restituidas y sin presos políticos. Maduro, muy por el contrario, acorralado por las manifestaciones ciudadanas que ya llevan más de 80 días ininterrumpidos y un saldo ya de 75 muertos, saca cual mago de pacotilla un conejo del sombrero llamando a una asamblea constituyente para evitar que el pueblo se pueda expresar de manera libre, ni siquiera en 2018, cuando corresponden elecciones presidenciales que no tiene cómo ganar sino cometiendo un gigantesco fraude.

Por ello, expresamos nuestra frustración por lo ocurrido en Cancún y llamamos a México y a los países del continente como Brasil, Argentina, Colombia y EE.UU., a seguir trabajando con mucha energía para que Venezuela retorne cuanto antes a la democracia.