En menos de dos meses, tres huracanes destructores han azotado el Caribe. En menos de tres semanas, dos terremotos han golpeado a México, el último -del 19 de septiembre- devastando la capital mexicana, con un saldo de más de 300 muertos. El primero, el 7 de septiembre, se sintió en la costa sur del país y fue mucho mas fuerte: 8,2 grados contra los 7,1 que afectaron al DF, y que solo provocaron 96 muertos al afectar a una zona menos poblada.

El próximo año puede ser Nicaragua, Panamá, Ecuador o Perú. Más temprano que tarde, habrá con seguridad un terremoto en todos los países de la costa oeste de las Américas, desde México hasta Chile. Los países de la cuenca del Caribe tienen huracanes prácticamente todos los años, pero ellos son realmente destructores solo de vez en cuando. Este año ha salido premiado: tres huracanes de alto poder destructivo -Harvey, Irma y María han pasado uno detras de otro en rapida sucesion.

AméricaEconomía, en su línea editorial, casi siempre se centra en los problemas de la región y sugiere posibles soluciones. En este caso, lamentando las pérdidas causadas por los recientes huracanes y terremotos, quiere destacar el lado bueno de esta mala noticia, lo que han hecho gobiernos y ciudadanos para reducir los costos y suavizar los efectos de los desastres naturales. Lo sentimos mucho, México. ¡Felicitaciones, México!

El problema solo va a empeorar. El cambio climático amenaza temperaturas extremas y comportamientos extremos. Y América Latina es la segunda región del mundo por frecuencia de desastres naturales después de Asia. El Banco Mundial ha estimado que la región pierde por esta causa unos US$ 2.000 millones anuales.

La buena noticia es que América Latina lo está haciendo muy bien en materia de reducir su vulnerabilidad. De algo sirve la experiencia. O más bien, la experiencia combinada con la difusión de buenas prácticas de parte de organismos multilaterales como el Banco Mundial y el BID.

Ha sido un aprendizaje reciente. En 1985, la costa sur de México experimentó un terremoto muy parecido al del 7 de septiembre de este año. Pero murieron 10.000 personas en vez de los 96 de esta vez. El gobierno mexicano -la presidencia estaba en manos de Miguel de la Madrid- no solo estaba mal preparado para enfrentar la emergencia, sino que trató de impedir que la prensa informara lo que estaba pasando para que la gente no se alarmara. Y la capacidad institucional era tan nula que los trabajos de rescate estuvieron principalmente a cargo de voluntarios improvisados. La popularidad de De la Madrid nunca se recuperó.

Tan mala fue la respuesta del gobierno en el terremoto de 1985, que según muchos analistas el PRI estuvo a punto de perder la elección presidencial de 1988 por ese motivo. En el caso mexicano, esa fue la experiencia que cambió las cosas. Para empezar, Carlos Salinas de Gortari, el presidente que sucedió a De la Madrid, estableció estándares de construccion más estrictos. A partir de entonces, los edificios y las casas se construyen con mayor resistencia a los terremotos. Y la mejor prueba de ello es que practicamente todos los edificios que se derrumbaron con el terremoto más reciente en Ciudad de México, fueron construidos antes de 1985.

México no sólo mejoró los estándares de construcción, también vigila que ellos se cumplan. Ellos son especialmente exigentes en Chile, país que sufrió en 1960 el terremoto más intenso jamás medido. Los estándares de construcción sísmica en Chile están entre los mejores del mundo y los ingenieros chilenos que se especializan en esto, a menudo terminan siendo contratados por empresas constructoras de California. Chile además ha empezado a reforzar las estructuras de sus edificios antiguos, algo que quizá ahora comiencen a hacer los mexicanos.

Chile tuvo su más reciente terremoto en febrero de 2010, aproximadamente un mes después del terremoto de Haití. El sismo haitiano tuvo una intensidad de 7.0 y causó más de cien mil muertos. El terremoto en Chile, con una magnitud 8,8, causó la muerte de poco más de 200. No hay prueba más elocuente de los beneficios de la gestión de riesgo.

Si bien los estándares chilenos son más altos, Ciudad de México va más adelante que Santiago en otros temas. En el DF se conducen regularmente simulacros de terremoto, de modo que la población sabe cómo actuar. Y acaso por la mayor frecuencia de sus siniestros -México y Centroamérica tienen que lidiar con terremotos y huracanes- el ejército mexicano se ha vuelto experto mundial en rescatar víctimas de desastres.

Los desastres naturales son siempre una tragedia, por los muertos que causan y las pérdidas que provocan. Son además económicamente regresivos, porque tienden a afectar con mayor fuerza a los sectores más pobres y a los países más pobres. Pero en una región que hace noticia casi a diario por su corrupción y la debilidad de sus instituciones, lo que la mayoría de los países latinoamericanos han hecho en materia de gestión de riesgo, reducción de vulnerabilidad y mitigación de los efectos de los desastres naturales en los últimos 20 años, es un ejemplo que vale la pena destacar.

AméricaEconomía, en su línea editorial, casi siempre se centra en los problemas de la región y sugiere posibles soluciones. En este caso, lamentando las pérdidas causadas por los recientes huracanes y terremotos, quiere destacar el lado bueno de esta mala noticia, lo que han hecho gobiernos y ciudadanos para reducir los costos y suavizar los efectos de los desastres naturales. Lo sentimos mucho, México; ¡felicitaciones, México!