Todo parece indicar que el gran ganador de las elecciones legislativas del próximo domingo 23 de octubre, en Argentina, va a ser Mauricio Macri.

Las elecciones, en las cuales se renueva un tercio del Senado y la mitad de la Cámara, son vistas como un plebiscito sobre el desempeño del presidente argentino cuando están por cumplirse dos años de su mandato. Macri no solo tiene el apoyo del sector privado y los principales sindicatos del país. También de los medios de comunicación y de la opinión pública, a pesar de que hasta ahora su gobierno ha sido más promesas que realidad. Pero los argentinos le creen las promesas, al punto de que en la provincia de Buenos Aires, donde va de candidata a senadora la principal figura de la oposición y ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, las encuestas dan como ganador por estrecho margen al candidato de Macri, el ex ministro de Educación, Esteban Bullrich.

El triunfo de Macri, que es lo mas probable que suceda el domingo 23 de octubre -asumiendo que el hallazgo del cuerpo sin vida del ultimo desaparecido de la Argentina, Santiago Maldonado, no cambie la tendencia que muestran las encuestas-, será bueno para Argentina, eternamente secuestrada por la fantasía de que es una nación rica y, por lo tanto, tiene que proveer salud, educación, subsidios y jubilación gratis o casi gratis a sus habitantes.

La ex presidenta llegará al Senado de todas maneras porque se eligen dos asientos, pero llegar en segundo lugar será una derrota para ella y para el sector del peronismo que ella comanda.

Pero no solo los argentinos le creen al presidente Macri. Hace unos días, el Fondo Monetario Internacional (FMI) corrigió hacia arriba las expectativas de crecimiento de Argentina en 2017, al subir el pronóstico de 2,2% a 2,5%. Y los mercados han hecho otro tanto: la bolsa ha subido 43% en dólares, en lo que va corrido del año.

El triunfo de Macri, que es lo mas probable que suceda el domingo 23 de octubre -asumiendo que el hallazgo del cuerpo sin vida del ultimo desaparecido de la Argentina, Santiago Maldonado, no cambie la tendencia que muestran las encuestas-, será bueno para Argentina, eternamente secuestrada por la fantasía de que es una nación rica y, por lo tanto, tiene que proveer salud, educación, subsidios y jubilación gratis o casi gratis a sus habitantes. Diversas encarnaciones del peronismo se han encargado de alimentar esa fantasía durante 70 años, gastando en exceso y endeudándose en exceso cuando están en el poder, haciendo de Argentina un país que siempre está en crisis o al borde de la caída.

Macri llegó a la presidencia con un programa que proponía volver a la realidad, poniendo orden en las cuentas nacionales, cortando subsidios y abriendo una de las economías más proteccionistas del mundo. Recibió un país en recesión, con la segunda mayor inflación de América Latina, con un fuerte déficit fiscal y una creciente deuda pública, que en 2015 (Macri asumió en diciembre de ese año) llegó al 53% del PIB.

La recesión quedó en el pasado, pero la libertad de precios que trajo Macri hizo subir la inflación a 36%, en 2016. Este año la meta es de 22% y es muy díficil que se cumpla, porque ya se ha acumulado un 19%. El gobierno tiene la esperanza de que la inflación llegue a un solo dígito en 2019.

Los subsidios se redujeron en total 30%, entre agosto de 2016 y agosto de 2017, lo que ha ayudado a bajar el déficit fiscal. Pero los cortes han impactado negativamente a la pequeña y mediana empresa y a muchas familias. El presupuesto 2018, aun no aprobado por el Congreso, propone aumentar el gasto social para mitigar esa situación y propone también reducir el déficit fiscal del 6,2% en 2017, a 5,5% en 2018.

La deuda pública, sin embargo, ha aumentado con Macri. Es la tercera más alta de América Latina como porcentaje del PIB, después de Brasil y Belice, y este año ya ha aumentado en US$ 70.000 millones, con lo que se espera que llegue a US$ 320.000 millones -un 60% del PIB- a fin de año. El agresivo programa de obras publicas implementado por el gobierno de Macri, este año electoral, explican una parte importante de ese aumento.

La otra gran promesa de Macri fue abrir Argentina al comercio internacional. Pero los resultados todavía están por verse. Este año las exportaciones crecieron un magro 1,5%, mientras las importaciones subían 15%. No ha ayudado a Argentina el hecho de que su principal socio comercial sea Brasil, sumido en una profunda crisis económica. Macri espera, sin embargo, empezar a firmar pronto acuerdos de libre comercio con otros países vecinos y con Canadá.

Con Estados Unidos, no parece haberle ayudado el hecho de haber hecho negocios con Donald Trump, y haber jugado golf con él, antes de que ambos entraran a la política. Estados Unidos inició en agosto  una investigación antidumping contra el biodiésel importado de Argentina y se espera que imponga un arancel de más de 60% a ese producto argentino. El anuncio se hará el viernes 20 de octubre, dos días antes de la elección parlamentaria. En 2016, las exportaciones de biodiésel a EE.UU. llegaron a US$ 1.200 millones.

Mauricio Macri y Donald Trump hablaron por teléfono el miércoles 18 de octubre. El viernes 20 se sabrá si Estados Unidos castiga a Argentina, el país que Trump y el vicepresidente Mike Pence más han piropeado como el modelo que debe seguir el resto de América Latina. Pero con Donald Trump todo puede suceder, sin importar qué haya dicho antes.