Un error garrafal -y un acto de matonaje- es lo que ha hecho Donald Trump con México en su más reciente edicto vía tweet.

Trump ha usado los aranceles para lograr un objetivo político: mostrar un triunfo en su guerra de la frontera, luego de que no pudo obtener el financiamiento para su muralla en la frontera con México. Y amenaza con subir los aranceles sin darse cuenta, una vez más, que lo que hace amenaza a Estados Unidos. Y a todo el mundo.

Anunció que subirá los aranceles a la importación de todos los productos de México un 5% mensual, a contar de este mes, y hasta llegar a 25%, si es que México no hace más para impedir el flujo de inmigrantes que viajan a pie de México a Estados Unidos.

Esta agresión es contra el principal socio comercial de Estados Unidos, que envío a este país exportaciones de todo tipo por un total de US$ 346.500 millones el año pasado, que van desde alimentos hasta partes, componentes y productos finales de una intrincada cadena de valor que une a los dos países.

Como afirma el dirigente empresarial mexicano Gustavo de Hoyos Walther, "es imposible medir la gravedad de esta medida en este punto; significaría una regresión de 35 a 40 años en las relaciones entre los dos países".

Un efecto colateral inmediato se dio en Tokio, uno de los mayores aliados de Estados Unidos, donde bajaron las acciones de las empresas automotrices japonesas, con plantas en México, para el mercado estadounidense.

No le importó tampoco a Trump que el nuevo acuerdo de libre comercio de América del Norte, impulsado y firmado por él mismo, esté en discusión en los Parlamentos de Estados Unidos y México. La nueva alza arancelaria recién anunciada hace mofa de ese acuerdo y lo vuelve irrelevante.

Lo cierto es que el señor Trump ya ha dado muestras de que usa el garrote de los aranceles con liberalidad abismante, y su errático accionar en este sentido hace que en definitiva ningún socio comercial le tenga confianza. Basta recordar el alza unilateral hace algunos meses de los aranceles a las importaciones de acero y aluminio de todo el mundo. Para no hablar de la guerra comercial con China, atizada hace pocas semanas con el alza de aranceles, de 10% a 25%, de US$ 200.000 millones que China exporta a Estados Unidos al año.

En el caso de China, al menos, se trata de un problema realmente comercial y de competitividad tecnológica. Es cierto que China roba o se apropia indebidamente de la propiedad intelectual del resto del mundo y maneja el tipo de cambio para beneficiar sus exportaciones. Pero así y todo el alza unilateral de aranceles estadounidense no es la forma de enfrentar la situación.

Pareciera que, en el plano comercial, Trump no ve más allá de las cifras de intercambio: déficit comercial es malo; superávit es bueno. La interdependencia de las economías hoy es bastante más sutil que eso y la hegemonía de Estados Unidos pasa por que sus empresas tengan sede en todo el mundo y sus proveedores también vengan de todo el mundo.

Al subir unilateralmente aranceles, Trump ha causado una reacción similar en los afectados. China ya subió aranceles a productos estadounidenses por US$ 60.000 millones. Y todos quienes trabajan en temas comerciales saben lo difícil que es llegar a acuerdos para reducirlos. Porque el libre comercio hace los productos y servicios más baratos en todo el mundo, pero en cada país hay grupos que buscan protección y subsidios.

La Organización Mundial del Comercio lleva décadas abogando por el libre comercio, y las reducciones de aranceles que el mundo goza hoy fueron logradas con lentitud y determinación, en gran medida bajo el liderazgo de Estados Unidos. Hoy Trump, a punta de tweets, está borrando ese cuidadoso trabajo de su país y del mundo.

Con todo lo malo que ha sido para el sistema de comercio internacional la aparición del cowboy de los aranceles, lo que Trump ha hecho recién con México va un paso más allá.

Trump ha usado los aranceles para lograr un objetivo político: mostrar un triunfo en su guerra de la frontera, luego de que no pudo obtener el financiamiento para su muralla en la frontera con México. Y amenaza con subir los aranceles sin darse cuenta, una vez más, que lo que hace amenaza a Estados Unidos. Y a todo el mundo.