El 26 de febrero, al concluir el carnaval de Río, América Latina tuvo su primer caso de coronavirus: un ciudadano brasileño que venía llegando de Italia.

Poco más de un mes más tarde, la región tenía más de 25.000 casos confirmados de Covid-19 -casi la mitad de ellos en Brasil-, con más de 600 muertes, mientras en el mundo entero los enfermos se empinaban por encima del millón. La segunda semana de marzo, América Latina tenía el 0,1% de los casos del mundo y al llegar abril pasó a tener 2,5% de los casos mundiales. Y esta cifra de seguro no refleja la realidad, considerando que depende del número de tests realizados, el que ha sido ínfimo en la región hasta hoy: algunos estiman que el número de casos podría ser hasta diez veces mayor.

Entre el 11 y el 22 de marzo, la mayoría de los países adoptaron medidas comunes, incluyendo la prohibición de vuelos desde determinados países, la clausura de encuentros públicos y el cierre de escuelas y universidades. Algunos gobiernos impusieron cierre de fronteras, cuarentenas nacionales o locales, junto con cerrar restaurantes, cines y bares.

El adelantado en tomar medidas para enfrentar la pandemia fue el presidente de El Salvador, Nayib Bukele: prohibió los vuelos desde China el 31 de enero y desde Italia el 25 de febrero. En el otro extremo están el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien todavía sigue creyendo que sabe más que sus expertos, y el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien cuando ya había víctimas del coronavirus en su país instó a los mexicanos a ir a los restaurantes porque México estaba sólo en la fase 1 de la epidemia. Su desatención a las recomendaciones científicas sólo fue superada por Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, quien el 14 de marzo encabezó una multitudinaria marcha llamada "Amor en los tiempos del Covid-19", tachando de extrema la medida de cuarentena, para luego desaparecer totalmente de la escena pública hasta hoy.

Es válido preguntarnos hasta cuándo podemos aguantar mantener la economía en estado de coma, sin provocar más perjuicio a la población que el mismo virus… La disyuntiva entre vidas humanas y economía no es válida, o al menos no es binaria: no es lo uno o lo otro. Podemos, a medida que contenemos el virus, echar a andar sectores de la economía que hoy se encuentran bloqueados.

Las políticas sanitarias tomadas por los gobiernos latinoamericanos pueden ser muy poco y muy tarde en países donde los sistemas de salud pública son insuficientes. América Latina gasta US$ 949 per cápita al año, un poco más de un cuarto de lo que gasta Italia, por ejemplo.

Y la epidemia en la región recién comienza. Según predicen los expertos, el peak de la enfermedad llegará a fines de abril y comienzos de mayo. En algunos países de la región los casos de Covid-19 ya se están duplicando cada tres o cuatro días.

Aparejada a la crisis sanitaria está el frenazo en seco de las economías que han traído las medidas de cuarentena y cierre de varios sectores, principalmente el turismo y el comercio. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ya advirtió que el mundo ha entrado en recesión y en los países de la región, casi sin excepción, se habla de contracciones económicas en 2020.

Con cuarentena nacional y sus fronteras totalmente cerradas, Argentina está construyendo ocho hospitales de emergencia. El país recibió un préstamo de emergencia del Banco Mundial por US$ 300 millones, ha restringido los despidos y desalojos, postergado los pagos de las empresas al seguro social e impuesto salarios compensatorios para los trabajadores de algunas empresas.

Con cuarentena obligatoria sólo en los estados de Sao Paulo y Río de Janeiro, Brasil es el país con mayor número de infectados y ha tenido una adecuada respuesta de salud pública básica a la crisis: distribuyó 40 millones de unidades de equipos de protección personal en hospitales y ha adquirido 5 millones de kits para el testeo del virus en la población. Después de sucesivos exabruptos trivializando la crisis, Jair Bolsonaro cambió algo el tono a fines de marzo, llamando a un "pacto nacional" para enfrentar "el mayor desafío de nuestra generación". En el plano económico, el gobierno anunció un programa de US$ 17.000 millones que permite a las empresas reducir salarios o suspender a sus trabajadores, con subsidios para compensar a los empleados. El gobierno también anunció un paquete de estímulo de US$ 29.000 millones destinado a acelerar los pagos de asistencia social, postergar impuestos a las empresas y facilitar el acceso de los trabajadores a fondos de despido.

Con cuarentena nacional y toque de queda nocturno en 19 departamentos del país, Colombia ha declarado un estado de emergencia. Standard & Poor's rebajó la clasificación de riesgo del país de "estable" a "negativa", en una señal de que Colombia podría llegar a perder su grado de inversión. El gobierno ha anunciado una serie de medidas económicas por la emergencia, incluyendo una acelerada devolución de impuestos, la eliminación de los aranceles a los insumos médicos, un período de gracia para los pagos de préstamos y dividendos para la pequeña y mediana empresa, y líneas especiales de crédito para la agricultura, el turismo y la aviación.

Con cuarentena en algunas comunas de Santiago y varias localidades en el sur, además de toque de queda nocturno en todo el territorio, Chile es el segundo país con mayor número de contagiados en la región, lo que probablemente refleja el hecho de que está haciendo más tests que otros países, lo que a su vez se traduce en la menor tasa de letalidad (muertos como % de contagiados) por coronavirus en la región. En el plano económico, el gobierno anunció un plan de ayuda multipropósito de US$ 11.700 millones -4,7% del PIB- para paliar los efectos del coronavirus. También lanzó un programa de protección del empleo, que permite a las empresas suspender a sus trabajadores sin despedirlos y permite a esos trabajadores recibir ingresos de sus fondos de cesantía. El Banco Central bajó su tasa de interés de referencia a 0,5% y pronosticó una recesión para Chile en 2020, con una caída en el PIB de -1,5% a -2,5%.

En Ecuador, el epicentro de la epidemia está en Guayaquil, con dos tercios de los casos en el tercer país con mayor número de contagiados en la región. Las pantallas de televisión llevaron a los hogares del mundo las imágenes de los cadáveres insepultos en las casas y calles de la ciudad por la escasez de vehículos para ir a recogerlos. Con cuarentena y toque de queda, Ecuador está proveyendo exámenes de coronavirus gratuitos para cualquiera que presente síntomas. El gobierno anunció que recibirá US$ 2.000 millones del FMI, el Banco Mundial y préstamos bilaterales, principalmente de China. Standard & Poor's rebajó la clasificación de riesgo de los papeles de corto y largo plazo de Ecuador y hay una posibilidad de default en los próximos meses.

México no ha decretado estado de excepción y el gobierno ha llamado a una auto cuarentena de sus habitantes, prohibiendo las reuniones de más de 50 personas en un país donde hay relativamente un menor número de casos. Con cerca del 50% de la población viviendo en la pobreza y un alto porcentaje trabajando en el sector informal, hay preocupación de que la auto cuarentena no se cumpla. El presidente Andrés Manuel López Obrador ha dejado de aparecer en eventos saludando a sus partidarios a corta distancia e hizo un discurso a fines de marzo llamando a la población a permanecer en sus casas, pero el 28 de marzo se encontró y estrechó la mano de la madre del narcotraficante preso en Estados Unidos Joaquín "El Chapo" Guzmán. El gobierno destinó US$ 180 millones a la expansión de las capacidades hospitalarias, la coordinación con estados y municipalidades y el despliegue de personal médico en el país. El gobierno anunció un plan para entregar un millón de préstamos con cero interés o bajo interés a pequeñas y medianas empresas. Una encuesta de analistas financieros predijo una contracción de 4% en la economía mexicana en 2020 y una proyección de Bank of America estimó una caída de 8% en el PIB. Standard & Poor's bajó la clasificación de riesgo de México y de la estatal petrolera Pemex, mientras J.P. Morgan ajustaba sus predicciones de crecimiento para el país, estimando que la economía se contraerá 7%. Banco de México (el Banco Central) bajó la tasa de interés de referencia a 6,50%.

Con cuarentena nacional y toque de queda, Perú es uno de los países que ha reaccionado más estrictamente frente a la crisis, arrestando a miles de personas que violaron el toque de queda o las medidas de restricción de movimiento. El gobierno ha comprado 1,4 millones de kits para hacer el test rápido de coronavirus, además de dar un bono de US$ 100 a los tres millones de hogares más vulnerables del país. Se autorizó que quienes cotizan en los fondos privados de pensiones retiren hasta el 3,7% de sus fondos, lo que totaliza unos US$ 1.500 millones. El Congreso peruano está considerando una propuesta de liberar hasta el 25% de los fondos de pensiones, lo que equivale a US$ 11.000 millones. El gobierno también anunció un plan de inyectar US$ 30.000 millones a la economía, lo cual equivale a un 14% del PIB.

Es demasiado temprano para predecir cuáles serán los efectos finales de la emergencia sanitaria en una región de más de 630 millones de habitantes. Pero es claro que el coronavirus golpeará con mucha fuerza a América Latina. Basta mirar lo que hoy está ocurriendo en el mundo desarrollado, en Europa y EE.UU. para darse cuenta que el resultado del paso del virus por nuestras tierras será mucho más catastrófico. La experiencia muestra que la capacidad de contenerlo depende de cuidar la distancia social y cuan anticipadamente comienzan las cuarentenas; y ya es un hecho que Brasil y México, con 60% de la población de la región, han comenzado tarde a aplicar estas medidas. Otro factor clave es el número de tests que se aplican, lo que ha permitido a Corea del Sur, Singapur, Alemania y otros pocos países salir mejor parados en la batalla por la contención del virus. Un tercer factor para disminuir la letalidad del Covid-19 es el número de camas críticas y consecuentemente el número de ventiladores mecánicos con que se cuenta. Aquí es donde probablemente estará el gran talón de Aquiles de la región. México tiene 4 camas críticas con ventilador mecánico por cada 100 mil habitantes, Colombia posee 4,9 y Chile 6, las que se comparan con las 49 camas con ventiladores mecánicos que posee EE.UU. por cada 100  mil habitantes.

Todo esto anticipa que la letalidad del virus será significativamente mayor en nuestra región. Podríamos esperar una cifra de más de 500 mil, sin exagerar. Considere que en EE.UU. se espera que mueran entre 100 mil y 200 mil personas, en un país donde la tasa de letalidad será mucho más baja de la que esperamos en la región y con la mitad de nuestra población.

A esto debe añadirse el daño económico. El panorama es muy incierto, pero sin duda muy negativo, En rigor, no se trata de una recesión normal, sino de un coma inducido a la economía mundial (un apropiado concepto acuñado por Paul Krugman), del cual no tenemos precedentes, lo que hace muy difícil predecir su evolución. Es válido preguntarnos hasta cuándo podemos aguantar y mantener la economía en estado de coma, sin  provocar más perjuicio a la población que el mismo virus. No podemos desconocer que en nuestro continente, ya con altos niveles de pobreza, un aumento dramático de esta crisis tendrá efectos tales como el aumento del crimen, de los suicidios, el empeoramiento de la salud de la población, desnutrición, conflicto social, entre otras consecuencias nefastas.

Creemos que es necesario contener el virus: la economía no podrá volver a caminar si no se registran progresos en la contención del virus. La manera más eficiente para ello, enseña la experiencia, es testear y testear, de modo de identificar a los contagiados, seguir su trazabilidad por medio de tecnologías apropiadas, y aislarlos.

La disyuntiva entre vidas humanas y economía no es válida, o al menos no es binaria: no es lo uno o lo otro. Podemos, a medida que contenemos el virus, echar a andar sectores de la economía que hoy se encuentran bloqueados. También se puede proteger mejor a los trabajadores, poniendo, por ejemplo, distancia entre cada trabajador de una línea de producción, proveyéndoles de equipos de protección personal como mascarillas y guantes. Se pueden establecer cuarentenas rotativas a medida que baja el número de infectados en una población. Y así, sucesiva y progresivamente, hasta que se encuentre una vacuna para poner fin la pandemia.

La medidas fiscales, monetarias y tributarias, y de ayuda al empleo que se están implementando en los países de la región van en la dirección correcta, pero se requiere más ayuda y más rápida. Es cierto que muchos de nuestros países están ya al límite prudente de deuda fiscal, por lo que se requerirá de ayuda de las instituciones multilaterales de crédito como el Banco Mundial, el BID y el FMI. Sin duda, pesa hoy la falta de liderazgo global de los EE.UU. bajo Trump, pero esto es algo que no cambiará. Mientras, China -donde comenzó el virus- ha tomado en parte el vacío que deja EE.UU., entregando ayuda directa con equipos de protección y ventiladores mecánicos a varios países en desarrollo, incluyendo a América Latina. Hasta el gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, gestionó la ayuda de China, que le enviará 1.000 ventiladores mecánicos.

Insistamos en que la ayuda económica debe fluir y rápidamente hacia los más vulnerables. Necesitamos actuar con todos los instrumentos disponibles a la vez. Es clave proteger el empleo de los que actualmente trabajan, pero no podemos olvidarnos del sector informal que en nuestra región representa más del 50% de los ocupados, según la OIT: a ellos habría que transferirles directamente un subsidio.

Tampoco se puede dejar de lado a las pequeñas y medianas empresas, que representan un alto porcentaje del empleo. Y finalmente, habrá grandes empresas que también requerirán de ayuda de los gobiernos, como, por ejemplo, las aerolíneas.

Es cierto que esto hará crecer el endeudamiento fiscal -que ya es alto- a niveles enormes. Pero frente a un desafío desconocido no se pueden aplicar las recetas fiscales diseñadas para tiempos normales.

Por su naturaleza, las pandemias son transitorias. Pero el daño duradero que deje en salud, en quiebra de empresas, en empleo, incluso en paz social, dependerá fuertemente de lo que hagamos hoy.