Todo indica que fue un pacto faustiano: el presidente Pedro Pablo Kuczynski  (PPK) se salva de ser declarado moralmente incapaz y  "vacado" por el Congreso gracias a los votos de un sector liderado por Kenji Fujimori, hijo del ex dictador, y a los pocos días se le concede el indulto a Alberto Fujimori, largamente pedido por Kenji. Parece pacto, huele a pacto, tiene las consecuencias de un pacto, pero, claro, no tenemos las pruebas. Y si no fue un pacto, el solo hecho de que lo parezca tan claramente lo transforma en un horror político.

Las evidencias apuntan abrumadoramente a que PPK vendió su alma política a cambio de una sobrevida presidencial que solo puede estar marcada por una debilidad extrema suya y de su gobierno. Un pacto por la impunidad en el que la primera víctima es la democracia en el Perú. Fue la peor de las salidas posibles.

Creemos que el postrero acto democrático responsable del presidente Kuczynski debería ser considerar su renuncia en favor de uno de sus vicepresidentes. Cualquier otra solución sería pan para hoy y hambre para el mañana de la democracia peruana.

La extraordinaria liviandad política y falta de juicio democrático de PPK se reveló cuando se presentó al Congreso el jueves pasado amenazando que si se declaraba su vacancia, esto era un golpe que destruiría la democracia. Se jugó entonces el todo (la democracia) por poco o nada (su permanencia en el poder). Días más tarde repite agravado el mismo gesto, al indultar a Alberto Fujimori y dejar en evidencia que le importa más aferrarse al poder que fragilizar a las instituciones del Perú.

Su gobierno continuará como rehén de la oposición fujimorista y hasta que ésta lo decida, mientras se debilita su gobierno con la renuncia de ministros y congresistas afines. Muy probablemente, el país quedará inmovilizado hasta que esta situación no se resuelva, con un gobierno maltrecho moral y políticamente. Por ello, creemos que el postrero acto democrático responsable del presidente Kuczynski debería ser considerar su renuncia en favor de uno de sus vicepresidentes. Cualquier otra solución sería pan para hoy y hambre para el mañana de la democracia peruana.

Por otro lado, consideramos que la Fiscalía debe continuar la investigación sobre los negocios de PPK con Odebrecht, así como sobre las relaciones del fujimorismo, y en particular de su lideresa Keiko Fujimori, con la constructora brasileña. Es parte de un camino necesario para ir reconstruyendo la confianza de los peruanos en sus representantes y en sus instituciones, y la única manera de fortalecer la democracia peruana.