Fiel a los populismos en boga en el mundo, el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien asumió el 1 de diciembre, ha iniciado su mandato cumpliendo algunas de sus promesas de campaña en este sentido.

El día de su inauguración se redujo su propio sueldo a menos de la mitad y reiteró que venderá el avión presidencial y viajará en vuelos de aerolínea. Y un par de semanas después cumplió su promesa de abrir el palacio presidencial de Los Pinos al pueblo: organizó allí una exhibición popular de la película Roma, de Alfonso Cuarón, candidata al Oscar.

El izquierdista AMLO no se ha quedado con chicas. Promete una "transformación" de la historia mexicana que busca reducir la pobreza, centralizar la economía, erradicar la corrupción y combatir la violencia. Su triunfo en las elecciones de julio lo ha convertido en el presidente más poderoso en varias décadas.

AMLO también ha comenzado a desmantelar lo que quizá es el mayor logro de su antecesor, Enrique Peña Nieto: la reforma energética que abrió el sector petrolero a la inversión privada y extranjera.

También, con el apoyo de improvisados plebiscitos en que ha votado menos del 1% del electorado, ha revertido la construcción de un nuevo aeropuerto para Ciudad de México que tiene un costo de US$ 13.000 millones de los cuales ya se ha construido un tercio, y ha lanzado un megaproproyecto de tren turístico en el sur del país y otro proyecto para la construcción de una nueva refinería petrolera en el estado de Tabasco.

Y junto con todo eso, ha aumentado el salario mínimo en un 12% real a contar del próximo 1 de enero.

Estas movidas han sido impactantes y populistas, trayendo temor a los mercados financieros y consolidando su apoyo popular.

El izquierdista AMLO no se ha quedado con chicas. Promete una "transformación" de la historia mexicana que busca reducir la pobreza, centralizar la economía, erradicar la corrupción y combatir la violencia. Su triunfo en las elecciones de julio lo ha convertido en el presidente más poderoso en varias décadas. Su joven partido Morena y sus aliados obtuvieron la mayoría tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, dándole la capacidad no sólo de aprobar leyes sino incluso de reformar la Constitución.

También de aprobar presupuestos. Y en su más reciente movida ha presentado un proyecto de ley de presupuesto 2019 que muestra -sorpresivamente- ejemplar responsabilidad fiscal.

El nuevo presupuesto se ha puesto una meta de superávit fiscal primario (antes de pago de intereses) de 1% del PIB, por encima del 0,8% esperado para 2018. Y la austeridad no provendrá de los eventuales ahorros por reducción de la corrupción, como había pronosticado el propio AMLO durante la campaña, sino de una serie de cortes muy reales en algunos de los nuevos programas sociales anunciados en el plan de gobierno del mandatario, que inicialmente se había fijado metas demasiado altas.

Dos ejemplos: el programa inicial de AMLO destinaba US$ 6.200 millones a programas de becas de estudio, cifra que se ha reducido a US$ 2.200 millones. Otro programa social, un programa de pensiones universal para todos los mexicanos, tenía una asignación anunciada de US$ 4.000 millones y en el nuevo presupuesto se le asignan US$ 3.000 millones. Incluso con los recortes estos programas son ambiciosos y costosos y el presupuesto los financia -en el papel- con reducciones de hasta 30% en algunos ministerios.

Pero el presupuesto parte de la base de que la economía crecerá 2% el próximo año, algo que está por verse, y si sigue bajando el precio del petróleo -otro supuesto presupuestario- podría no adecuarse a la realidad.

Y además hay más gastos en varios frentes. De acuerdo con la promesa de potenciar la industria petrolera "para todos los mexicanos", el monopolio estatal Pemex aumenta su presupuesto en US$ 3.600 millones, los cuales se destinarán en su mayoría a la construcción de la nueva refinería en el estado natal de AMLO, Tabasco.

El gobierno busca que Pemex aumente su producción de petróleo en 50% en los seis años de mandato de AMLO y, si bien ha respetado los contratos con empresas extranjeras adjudicados en el gobierno de Enrique Peña Nieto, ha congelado los llamados a nuevas licitaciones con el sector privado por un período inicial de tres años.

Otra reforma de Peña Nieto que el nuevo gobierno busca modificar es la del sector educativo. El gobierno anterior centró su acción en quitarle poder al sindicato de maestros y en establecer sistemas de certificación y verificación para aumentar la calidad de la enseñanza y el conocimiento de las materias por parte de los maestros. AMLO ha cambiado ese énfasis hacia garantizar educación gratuita universal en escuelas y universidades y el Congreso ya está analizando proyectos en tal sentido.

El costo de ambas contrarreformas -energía y educación- apenas se vislumbra en el presupuesto 2019 y su impacto será paulatino. Además, en ambos casos se trata de un error. Devolver a Pemex a sus glorias pasadas será sin duda costoso y no tiene beneficios claros para el país, además de que los subsidios al consumo de energía no son la mejor asignación de recursos. Y la universidad gratis para todos beneficia mayoritariamente a los ricos.

En el abortado aeropuerto de Ciudad de México no faltan los problemas. En el momento en que definitivamente se detengan los trabajos, el gobierno debe pagar US$ 6.000 millones en bonos a las empresas contratistas. Obviamente AMLO no puso ese dinero en el presupuesto y el gobierno está intentando comprar los bonos con descuentos, algo que los tenedores rechazan. El impasse no se resuelve y, por el momento, los trabajos en el aeropuerto continúan.

La incertidumbre generada por el gobierno de AMLO ha comenzado a mermar las expectativas de crecimiento y, especialmente, la inversión. Los analistas han bajado sus proyecciones debido a la desconfianza creciente del sector privado tras la asunción del nuevo presidente mexicano el 1 de diciembre. FocusEconomics, por ejemplo, en un informe publicado a mediados de diciembre, predice que el próximo año la tasa de inversión fija crecerá 1%, una baja de 4 décimas respecto de su estimación de noviembre.

Y Goldman Sachs, tras señalar que la presidencia de AMLO podría socavar tres décadas de políticas pro mercado en México, corrige a la baja su pronóstico de crecimiento, pronosticando un 1,9% de crecimiento del PIB para 2019.

En sus primeras semanas en el poder, AMLO ha sorprendido mostrando populismo y responsabilidad fiscal. Habrá que esperar para ver si esta extraña combinación de promesas sobrevive.