Nadie esperaba en Chile el contundente festejo de esta mañana. Aunque existía optimismo, la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ) sorprendió a todos luego de que se emitiera un fallo histórico a favor de Chile en la demanda marítima interpuesta por Bolivia: 12 votos a favor (y 3 en contra) que sepultan los argumentos presentados el 24 de abril de 2013, cuando Bolivia solicitó que se obligara a Chile a negociar una salida soberana al mar.

Como medio regional, somos profundamente latinoamericanistas. Y nos mueve el espíritu de integración que nos ha hecho defender, por ejemplo, la avanzada de las empresas multilatinas. Por eso abogamos por la mayor integración posible entre ambas naciones. Dejar atrás mezquinas rencillas y acatar el fallo de la CIJ.

La sentencia, leída por el presidente de la instancia, el somalí Abdulqawi Ahmed Yusuf, descarta la obligación de negociar un acceso soberano al océano Pacífico para Bolivia, pese a que que "la Corte observa que Chile y Bolivia tienen una dilatada historia de diálogo", acercamientos que para Bolivia constituían un reconocimiento tácito de la necesidad de allanar una salida soberana al mar.

Así, en este mar de argumentos bolivianos aparecían forzadamente rescatados algunos naufragios políticos entre Chile y Bolivia. Como las instancias de diálogo posteriores al tratado de límites de 1904; el intercambio de notas entre ambos países de 1950; la cláusula final del Acuerdo de Charaña (entre los generales Hugo Banzer y Augusto Pinochet); la Declaración de Algarve de 2000 (ronda de negociación en Portugal, entre Chile y Bolivia), e incluso una declaración de Naciones Unidas de 1984. Para todas ellas, el fallo considera que “los documentos presentados por Bolivia no presentan obligación de Chile de negociar una salida al mar para Bolivia".

Pero la CIJ fue incluso más allá. Afirma que “una obligación a negociar no implica una negociación de llegar a acuerdo”, tal como defendía Chile, oponiéndose al entendido de que sentarse a negociar podría generar derechos automáticos. La CIJ considera, correctamente, que la buena voluntad de quienes negocian en ningún caso debe obligar a las partes a encontrar un acuerdo. Si esto fuera así, nadie se sentaría a negociar.

Nadie esperaba en Chile el contundente festejo de esta mañana porque, en resumen, todos los argumentos de Bolivia fueron descartados por la CIJ. Pero quien menos lo esperaba era el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien estuvo presente en la sede del tribunal de La Haya junto a su equipo jurídico. Ni tampoco lo estaba su mano izquierda, el vicepresidente Álvaro García Linera. Ambos, desencajados esta mañana con el rotundo dictamen internacional, siguen demostrando iresponsabilidad y egoísmo político al generar falsas expectativas en los bolivianos.

Lamentablemente, la irresponsabilidad de Morales y Linera continuará. A pocos minutos del fallo leído por Ahmed Yusuf, desde La Paz ya se deslizaban nuevos artilugios jurídicos que podrían darle un segundo aire a una exangüe reivindicación marítima. Linera afirmó que Bolivia acudirá a otros organismos internacionales, como la Organización de Naciones Unidas. “Está claro que pese a este rechazo que ha establecido la Corte, el derecho de Bolivia a tener un acceso soberano al Océano Pacífico sigue vigente, es irrenunciable y será siempre irrenunciable en tanto no tengamos ese derecho soberano”, ratificó García Linera.

AméricaEconomía lamenta la planificada majadería de Evo Morales y Álvaro García Linera. No cabe duda que, en ellos, su liderazgo político carece de ideas sin la panacea del mar. Han atizado un mito del que ya no pueden desprenderse.

Como medio regional, somos profundamente latinoamericanistas. Y nos mueve el espíritu de integración que nos ha hecho defender, por ejemplo, la avanzada de las empresas multilatinas. Por eso abogamos por la mayor integración posible entre ambas naciones. Dejar atrás mezquinas rencillas y acatar el fallo de la CIJ.

También creemos que las autoridades chilenas deben ser humildes. Y demostrar empatía con el sentir de los bolivianos, a quienes en la zona norte debe proporcionárseles una mayor integración y aceptación, como la que viven actualmente cerca de tres mil de ellos en Arica, una capital provincial que debe ser potenciada, para abrir ahí modernas y férreas dinámicas de convivencia entre chilenos y bolivianos.

Asimismo, la mayoría de los chilenos deben aprender de este fallo. Confiar en los organismos internacionales, en los pactos globales. Una encuesta realizada en la previa del fallo mostraba la mala idea del 52% de la población (Plaza Pública Cadem N°246, Especial La Haya), dispuesto a irrespetar el fallo de La Haya si este no era favorable a Chile. El mismo nublado raciocinio de algunos líderes políticos que llamaban, antes del fallo, a retirarse del Pacto de Bogotá. Por suerte, esta no fue nunca la posición oficial de Chile (ni del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, ni del actual presidente Sebastián Piñera).