El triunfo por un margen inesperadamente alto de Alberto Fernández y su compañera de lista, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, frente al actual presidente Mauricio Macri (47,6 % vs 32,1%, respectivamente) en las elecciones primarias celebradas el pasado domingo en Argentina, hizo caer en 25% el valor del peso frente al dólar al día siguiente de la elección, mientras los precios de las principales acciones se desplomaban en la bolsa local. El índice bursátil Merval cayó cerca de 35% (perdiendo casi la mitad de su valor en dólares), la peor caída desde 1990 y la segunda mayor en la historia mundial. La fuerte profundización de la devaluación del peso argentino deja muy mal parada a una economía con su deuda en 80%, denominada en dólares, la que a su vez sea aproxima a niveles del 100% del PGB.

Lo que viene ahora no es auspicioso para Argentina. En los pocos meses que le quedan de al gobierno de Macri, no es mucho lo que pueda hacer. Calmar o no a los mercados depende hoy más bien de lo que diga Alberto Fernández, cuya asociación con la populista e irresponsable Cristina Fernández no es precisamente tranquilizadora.

No podía ser de otra manera, pues los resultados de estas primarias que enfrentaban a los mismos candidatos que se medirán el 27 de octubre próximo en la elección presidencial, hacen que la próxima contienda sea prácticamente innecesaria. Es altamente probable que en octubre se repitan los resultados de la elección del domingo pasado, que vendrían a ser un mero trámite.

Con ello, se pone nuevamente en el tapete la posibilidad de que un gobierno Fernández + Fernández lleve a Argentina a un nuevo default de su deuda, opinan muchos analistas. De hecho, el famoso bono a 100 años que emitió el país hace un par de periodos se transa en estos días a 57 centavos por dólar. Alberto Fernández, quien será muy probablemente el próximo presidente, ha dicho que el programa impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI), para prestarle US$57.000 millones al país, es "incumplible", si bien no se ha negado claramente a pagar la deuda.

Los resultados de estas elecciones son un voto de castigo para el gobierno del presidente Mauricio Macri, que tiene a la Argentina en recesión, con una inflación por sobre el 50 %, una tasa de desempleo que ya alcanza al 10%, salarios con poder de compra carcomido por la inflación y una tasa de pobreza por sobre el 30% de la población. Es muy cierto que la mayoría de estos males se explican porque Macri heredó del gobierno de Cristina Fernández un país en ruinas y con un déficit fiscal gigantesco. Sin embargo, pensamos que el gobierno actual se equivocó rotundamente en su política de ajuste gradual, apostando a la llegada de inversión extranjera, la que nunca llegó en los montos necesarios para que el crecimiento pudiera diluir el déficit. Habría sido mejor hacer el ajuste completo durante el primer año; habría sido muy duro, claro, pero de esta manera no se habría llegado al año electoral con un país en recesión, sino con una nación levantando vuelo. Todo indica que no se tuvo el coraje para hacerlo.

Lo que viene ahora no es auspicioso para Argentina. En los pocos meses que le quedan al gobierno de Macri no es mucho lo que pueda hacer. Calmar o no a los mercados depende hoy más bien de lo que diga Alberto Fernández, cuya asociación con la populista e irresponsable Cristina Fernández no es precisamente tranquilizadora.

¿Fernández = Fernández?

Tampoco las declaraciones de Alberto Fernández en los días previos a las elecciones primarias, al diario La Nación, de Argentina, ayudaron a calmar los mercados. Ni lo ha hecho en los días posteriores, como si esta debacle en los mercados fuese solo responsabilidad de Macri y no anticipación de su probable gobierno.

Sin embargo, hay analistas que ven rayos de esperanzas. Alberto Fernández no es Cristina Fernández de Kirchner, dicen. De hecho, se le enfrentó duramente en su anterior gobierno, y por buenas razones. Otros van más allá, anticipando que más temprano que tarde se produciría una ruptura con Cristina y el kirchnerismo. Algo así como lo que pasó entre Lenin Moreno -actual presidente de Ecuador- y su antecesor y mentor, Rafael Correa: Moreno terminó por enarbolar las banderas de la responsabilidad fiscal y económica ante el manirrota Correa.

Lo cierto es que, según quienes lo conocen de cerca, Alberto Fernández es un social demócrata, al estilo de un Ricardo Lagos, de Chile, lo que es buena noticia. La mala noticia es que Argentina es un país con políticas e instituciones extremadamente autodestructivas, lo que ha hecho que, a pesar de sus abundantes riquezas naturales, su extraordinario capital humano, y de haber sido otrora un país más desarrollado que Italia, España, Australia y Nueva Zelandia, marche ya hace un largo tiempo camino al subdesarrollo y con 33% de su población en estado de pobreza.

AméricaEconomía quisiera efectivamente que Alberto Fernández, en caso de llegar a ser electo en octubre, siguiese un camino de reconstrucción económica y con un nuevo sentido de responsabilidad. Para ello, debería desde el inicio presentar un plan con una perspectiva de largo plazo, con austeridad fiscal, con una implacable persecución de la corrupción, integrando al país a los mercados globales (Argentina sigue siendo uno de los mercados más cerrados de la región), con reglas claras y garantías para la inversión extranjera y local, que hasta hoy es reacia a arriesgarse y con una política social que alivie las plagas de la pobreza. Un camino así traería tranquilidad, crecimiento y probablemente también nuevas condiciones para el pago de las deudas.