Entrevistado por la televisión argentina, Alberto Fernández, el candidato presidencial que forma dupla con la ex presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, se refirió a la crisis social, económica y política que vive Venezuela. Dijo que si es elegido presidente (lo que es altamente probable, dado el 47% que obtuvo en las primarias de hace dos semanas), se distanciará de la posición del actual presidente  Mauricio Macri, para acercar posiciones con los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), de México, y de Tabaré Vásquez, de Uruguay, que impulsan la vía del diálogo y la no intervención en Venezuela.

Se ha dado a conocer que hay conversaciones entre el gobierno de Donald Trump y el gobierno de Maduro, al mismo tiempo que aumentan las sanciones estadounidenses contra esa dictadura. Si de ese tipo de diálogo es de lo que habla el candidato argentino Alberto Fernández, podemos estar de acuerdo. Pero si, en cambio, lo que promueve Fernández es la neutralidad ante la tragedia venezolana, no podemos sino rechazar tal posición.

De esta manera, Alberto Fernández se saldría del Grupo de Lima, que reconoce y apoya al llamado presidente encargado, Juan Guaidó, grupo que hoy incluye a Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Chile, Canadá, entre otros 14 países que no reconocen al gobierno dictatorial de Nicolás Maduro. También exigen su renuncia inmediata y abogan por un gobierno de transición, encabezado por Juan Guaidó. En esta línea, están también los países de la Unión Europea y Estados Unidos.

AméricaEconomía ya ha criticado antes la posición del presidente mexicano AMLO en relación a Venezuela. Este país sufre hoy una dictadura feroz, lo que ha sido refrendado tras la reciente visita de la Alta Comisionada  para los Derechos Humanos de la ONU, la expresidenta de Chile, Michelle Bachelet, quien acusó al régimen de Nicolás Maduro de graves violaciones a los derechos civiles, políticos y sociales. En particular, denunció que las fuerzas de seguridad venezolanas llevaron a cabo 6.800 ejecuciones extrajudiciales, entre enero de 2018 y enero de 2109. Además, como consecuencia de la grave crisis social, política y humanitaria, el PGB se ha contraído 45%, entre 2013 y 2018, convirtiendo a Venezuela en el país que ha experimentado el mayor colapso económico sin vivir una guerra, en los últimos 45 años. Ya son 4 millones los venezolanos que han debido huir del país, asolado por un régimen corrupto hasta la médula; mientras escribimos este editorial, se estima que salen de Venezuela aproximadamente 5.000 personas cada día.

La gravedad de la situación no permite permanecer neutral, subirse a la muralla que separa los bandos de la democracia y la dictadura en Venezuela, y simplemente decirse a favor de un diálogo. Basta recordar que en los últimos años todas las iniciativas de diálogo solo han servido para afianzar la dictadura de Nicolás Maduro y darle tiempo, mientras los maduristas, civiles y militares, siguen robando el país y sumiéndolo en la crisis. El gobierno de Maduro no tiene ninguna capacidad de respuesta frente a la crisis. Su preocupación es sobrevivir en el poder, para lo cual no tienen ningún escrúpulo en recurrir a todos los medios posibles, incluyendo el narcotráfico y la represión brutal la población.

En estas condiciones, creemos que lo único que va a funcionar es la más fuerte presión internacional -como la que ha encabezado el Grupo de Lima- y la movilización doméstica. Se ha dado a conocer que hay conversaciones entre el gobierno de Donald Trump y el gobierno de Maduro, al mismo tiempo que aumentan las sanciones estadounidenses contra esa dictadura. Si de ese tipo de diálogo es de lo que habla el candidato argentino Alberto Fernández, podemos estar de acuerdo. Pero si, en cambio, lo que promueve Fernández es la neutralidad ante la tragedia venezolana, no podemos sino rechazar tal posición.