2019 no será un buen año para las economías latinoamericanas. Según el más reciente pronóstico del Fondo Monetario Internacional, la economía regional crecerá 0,6% este año, 0,8 puntos porcentuales menos de lo que había pronosticado el Fondo en su estimación anterior. Con Venezuela en contracción de 35%, Argentina todavía en recesión y México y Brasil casi planos en crecimiento, más revisiones hacia abajo en las estrellas
de la región -Perú, Colombia y Chile-, América Latina no podrá contar con este año con buenas noticias.

Estados Unidos y China son el socio comercial número uno o número dos de todos los países de la región… Lo que suena más razonable es mantener la neutralidad en una guerra que no queremos ni nos conviene, seguir comerciando con ambos y hacer llamados, en todos los foros posibles, a la cordura de las dos potencias.

Causas hay muchas y varias son locales -el desastre venezolano tira el promedio hacia abajo-, pero la reducción en el crecimiento de los países de la región está ya influida por la guerra comercial entre Estados Unidos y China. El reciente anuncio del presidente Donald Trump de imponer en septiembre un arancel de 10% a productos chinos por US$300.000 millones que hasta ahora no estaban gravados empeora las cosas, así como la respuesta de China de dejar de apuntalar su moneda, permitiendo al yuan traspasar la barrera sicológica de las 7 unidades por dólar.

Según una reciente encuesta de la consultora McKinsey, una mayoría de empresarios en todas las regiones del mundo esperan que la economía empeore en los próximos seis meses. También esperan que en los próximos 12 meses el comercio de sus países con el resto del mundo se reduzca. Mientras, se anuncia recesión en Alemania y cae la producción industrial en Reino Unido y en Francia.

Al día siguiente a la devaluación del yuan, Wall Street mostró su mayor baja en el año y un indicador que ha anticipado correctamente siempre las recesiones -la diferencia entre tasas de largo y corto plazo- ostentó su número más negativo desde 2007. "Si la guerra comercial sigue escalando vamos a terminar llevándonos a punta de palabras hacia una recesión", dijo un analista al Financial Times.

Y aunque en los días siguientes la bolsa neoyorkina rebotó, reina más bien un ánimo pesimista, marcado, entre otras cosas por la decisión del gobierno chino de ordenar a las empresas estatales suspender las compras de productos agrícolas estadounidenses.

Trump acusó a los chinos de manipular su moneda para "robar a nuestras fábricas y negocios, dañar nuestros trabajos, deprimir los ingresos de nuestros trabajadores y perjudicar los precios de nuestros agricultores". Más aún, Estados Unidos hizo una declaración oficial de que China manipula su moneda, lo cual podría significar represalias formales estadounidenses, con una amenaza velada de manipular el propio dólar -algo más bien difícil de lograr- para enfrentar la devaluación china, lo que escalaría la guerra comercial hacia una guerra de divisas.

La verdad es que China no ha manipulado su moneda, Lo que sucedió fue que, tras el anuncio de aranceles de Trump, China decidió dejar de intervenir su moneda, la cual estaba sujetando para mantenerla alta. Sujeto a los vaivenes del mercado, el yuan bajó traspasando la barrera de 7 por dólar. Claro, fue una decisión que mostraba los dientes a Trump, pero también una muestra de que China se prepara para una larga guerra comercial en la que no puede seguir apoyando su moneda. Pero lo ha hecho de manera muy controlada, de modo de impedir tanto la fuga de capitales de China como un agravamiento de su crisis de deuda doméstica.

Más allá de los escarceos coyunturales de los últimos días, la guerra comercial ya ha impactado a la economía mundial. La desaceleración de China, que está creciendo a 6,2%, su tasa más baja en tres décadas, ha reducido su demanda de materias primas, lo cual ha causado bajas en los precios del cobre, el hierro y otras materias primas que compra de América Latina. La aplicación de tarifas estadounidenses quitaría otro 0,3% al crecimiento chino en 2020, según expertos.

Tras la guerra comercial está una guerra por la supremacía tecnológica, con Estados Unidos intentando poner fin al robo de propiedad intelectual por parte de una China que ya comienza a mostrar importantes fortalezas tecnológicas propias. Asoma así el riesgo de un mundo bipolar digital, con dos Internet separadas por lo que el columnista del New York Times Thomas Friedman llama un "Muro de Berlín digital";, en el cual los beneficios de la globalización y el creciente comercio mundial se reducirían ostensiblemente. Un ejemplo es la situación de Huawei, la gigante tecnológica china que Estados Unidos ha prohibido de operar en su territorio. Los teléfonos Huawei usan el sistema operativo Android, de la estadunidense Google. Ante las amenazas de Estados Unidos de prohibir también a Google hacer negocios con Huawei, la empresa china ha creado su propio sistema operativo, el que ha lanzado en estos días. 

Tras las medidas de inicios de este mes, el gobierno estadounidense indicó que reanudaría las negociaciones comerciales con China en septiembre, lo que abre ciertas esperanzas. A ambas potencias les conviene dialogar, pero Donald Trump, con su slogan de "America First" ha hecho las cosas más difíciles.

¿Qué pueden hacer los países latinoamericanos en este desaguisado? Muy poco, pero conviene ser pragmáticos. Estados Unidos y China son el socio comercial número uno o número dos de todos los países de la región, de modo que -con la excepción de México- estamos expuestos en forma igual a ambas economías. En este contexto, lo que suena más razonable es mantener la neutralidad en una guerra que no queremos ni nos conviene, seguir comerciando con ambos y hacer llamados, en todos los foros posibles, a la cordura de las dos potencias.