Se podría pensar que a América Latina le es indiferente quien gane en las elecciones de noviembre próximo en Estados Unidos. Una indiferencia que sería equivalente a la indiferencia de EEUU hacia la región. Basta con revisar las políticas implementadas por esta potencia hacia América Latina en los últimos 16 años para darse cuenta que la región prácticamente desapareció de la agenda de EEUU durante los ocho años de Barack Obama y los ocho años de George W. Bush. En los próximos años cuesta aún más visualizar un espacio en la agenda de EEUU para nuestra región, pues cualquiera sea el candidato que salga elegido tendrá que lidiar con un país arrasado por el Covid 19, con 190.000 muertos al día de hoy a causa del virus y con 6 millones de infectados. Los científicos calculan que hacia fin del año EEUU llegaría a contar a lo menos 300.000 mil muertos por esta causa.  A esto habría que sumarle los devastadores efectos económicos de la pandemia, con la mayor caída del producto jamás registrada, de -31,7% del segundo trimestre 2020, un desempleo de más del 10%, y una serie de industrias dañadas fuertemente por la pandemia. Súmese a eso la tremenda polarización de un país dividido en dos mitades aparentemente irreconciliables, y en pugna histórica con la potencia emergente de China, y se tendrá una idea del lugar que ocupa América Latina en Estados Unidos, con la excepción de México y los problemas migratorios. 

Pero claramente a América Latina no le da lo mismo quien salga elegido, ni tampoco al resto del mundo. Si resulta elegido Donald Trump tendríamos cuatro años más de caos en EEUU, aumento de las tensiones raciales y de la desigualdad económica, todo amplificado y exacerbado por la retórica racista, nacionalista y clasista del actual presidente. La polarización creciente al interior de EEUU se acerca ya a los extremos que nosotros veíamos en muchos países de América Latina en los años 60s y 70s, que desembocaron en dictaduras militares de ultraderecha en países como Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, entre otros. 

En el corto plazo, tampoco se puede descartar una crisis constitucional  e institucional, pues Trump ha afirmado que cuestionará los resultados de las elecciones si los estados permiten el voto por correo. Este es un método que ha sido usado durante años en EEUU, y que permite  que las personas que estén de viaje o se encuentren fuera del estado donde están inscritos para votar pidan que les envíen un voto por correo, que la persona  marca en su casa, y lo pone de vuelta al correo. Adicionalmente hay seis estados donde el voto por correo es universal desde hace ya un tiempo largo. Por lo demás, todos los estudios muestran que no hay indicios que el voto por correo este más expuesto a fraude que el voto presencial, ni que -en el caso de EEUU- favorezca más a un partido que a otro. Donald Trump ha designado como presidente del servicio de correo estatal a un muy buen amigo de él y donante de sus últimas campañas, el que ha llegado con una agenda de recortes de gastos que está impactando el servicio en este momento crucial, considerando que el miedo a contagiarse  podría inhibir a mucha gente de presentarse en los lugares de votación. 


La campaña electoral se da en medio de una extrema polarización, con manifestaciones del movimiento antirracista Black Lives Matter que son atacadas por supremacistas blancos, con resultado de muertes. Trump ha actuado como un agitador y provocador, defendiendo a los racistas y denunciando como “terroristas domésticos” a los manifestantes. Trump atiza la polarización para intentar ganar votos presentándose como el defensor del orden, en especial de la mujer blanca de los suburbios, en un país donde los blancos serán pronto una minoría (si se excluye a los latinos, como lo hace ese país). A estas mujeres les molesta la personalidad de Trump y su retórica misógina, pero Trump está tratando de convencerlas con esta campaña del terror que apela a miedos atávicos, diciéndoles que sus hermosos barrios serán invadidos por criminales, anarquistas y saqueadores si Biden es elegido para gobernar EEUU. 

Es un país dividido en dos, y donde no es tan claro que haya una victoria contundente de uno de ellos que dirima y sea aceptada fácilmente, lo que puede abrir una crisis institucional, máxime con un Trump que ya ha puesto en cuestión algunos de sus mecanismos electorales.

En días pasados se realizaron las convenciones de nominación de candidatos, las que, por primera vez en años, parecen no haber movido la aguja para Biden ni tampoco para Trump. Esto es inusual, ya que normalmente siempre después de cada convención se produce un movimiento de las intenciones de voto que reflejan las encuestas.

Lo mejor para EEUU, para América Latina y el mundo es que Trump sea derrotado y abandone la Casa Blanca, ojalá por amplio margen. De esta manera se pondría fin a la más caótica y nefasta presidencia en EEUU de que se tenga memoria.

Por ahora, las encuestas en general muestran una ventaja aproximada de 8 puntos de mayor intención de voto para Biden a nivel nacional. Pero en EEUU, debido al sistema de votación con colegios electorales nombrado por los estados, con reglas que se definen a nivel estadual, se puede llegar a ser presidente habiendo perdido en el voto popular. De hecho, en las elecciones del 2016 Hillary Clinton obtuvo aproximadamente 3 millones de votos más que Donald Trump a nivel nacional, pero es Trump quien fue elegido por el colegio electoral que da más peso que el proporcional a ciertos estados menos populosos. Ciertos expertos electorales estiman que Biden podría perder la elección aun sacando 5 millones de votos más que Trump. 

En definitiva, está por verse que pasará finalmente en noviembre en EEUU. Nuestro medio cree que lo mejor para EEUU, para América Latina y el mundo es que Trump sea derrotado y abandone la Casa Blanca, ojalá por amplio margen. De esta manera se pondría fin a la más caótica y nefasta presidencia en EEUU de que se tenga memoria. Apoyamos a Biden con el anhelo de que repare todo el daño hecho a EEUU y al mundo durante los cuatro años de administración de  Donald Trump, primero implementando una política seria de contención del virus Covid 19, ya que sin eso no será posible poner en marcha de nuevo la economía. Es urgente que elabore una reforma del sistema de justicia criminal y de policía, para eliminar los sesgos racistas del sistema actual; que presente un plan de salud que sea un Obamacare 2.0. Finalmente, que retome el liderazgo de EEUU a nivel internacional, reintegrándose al acuerdo de París sobre cambio climático, volviendo a la OMS, fortaleciendo el comercio mundial, y comprometiéndose con la defensa de la democracia.