El gobierno de Donald Trump ha postulado a uno de sus asesores para América Latina como nuevo presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cargo que por tradición siempre ha recaído en un latinoamericano.

El candidato es el abogado cubano-americano Mauricio Claver-Carone, quien es director para Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y que antes se desempeñó como representante de Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional (FMI). Postula a reemplazar al colombiano Luis Alberto Moreno, quien asumió la presidencia del BID en 2005 y termina su tercer mandato en septiembre.

El BID ha sido y es clave en el desarrollo de América Latina. Desde su fundación en 1959, ha participado con financiamiento en todos los grandes proyectos públicos de todos los países de la región, desde infraestructura a modernización del Estado, pasando por educación, salud y muchas otras áreas. Este año prestará US$20.000 millones a la región.

Además, el banco realiza investigación académica en un sinfín de disciplinas relacionadas con el desarrollo y también da asesoría experta a los gobiernos de la región. Sus eventos crean comunidades internacionales de conocimiento.

El éxito del BID ha tenido mucho que ver con su gobernanza. Como una de las instituciones del llamado Consenso de Washington, tiene su sede en la capital estadounidense y forma parte del sistema multilateral económico-financiero creado por Estados Unidos junto a sus aliados, y que integran también el Banco Mundial y el FMI. En la gobernanza del Banco hay un acuerdo que da a los países latinoamericanos una leve mayoría en las acciones y los votos, y un pacto de caballeros que da a los países de la región la presidencia del Banco. Estados Unidos tiene el puesto número 2, la poderosa vicepresidencia ejecutiva. Algo similar opera en el FMI, donde el puesto número 1 lo tiene siempre un europeo.

La administración Trump ha roto ese pacto de caballeros, mostrando una vez más su desdén por el equilibrio multilateral. Una vez más, ha impulsado su estrategia política de America First en detrimento de los acuerdos internacionales.

El candidato de EE.UU., Claver-Carone, tiene los galones técnicos para el puesto, es cierto. Pero ostenta un marcado sesgo ideológico, que no lo favorece para un cargo diplomático. También traerá consigo la nueva guerra fría entre Estados Unidos y China, algo que muchos países latinoamericanos preferirían evitar.

Claver-Carone tiene los galones técnicos para el puesto, es cierto. Además de su posición ante el FMI ha sido asesor del Departamento del Tesoro y participó en una iniciativa de la administración Trump en finanzas para el desarrollo. Adicionalmente, ha dicho que se quedaría un solo período de 5 años (todos los otros presidentes se han quedado 15 años) y estaría en mejor posición que un latinoamericano para conseguir el apoyo de EE.UU. para un necesario aumento de capital del banco, especialmente útil ahora con las mayores exigencias de financiamiento que requiere la región a causa de la pandemia

Pero Claver-Carone también trae consigo un marcado sesgo ideológico, rasgo que no lo favorece para un cargo diplomático. En el Consejo de Seguridad Nacional, fue el principal arquitecto de la política de Trump hacia Venezuela, con su andanada de sanciones que no han logrado hacer caer a la dictadura de Nicolás Maduro. El año pasado, Claver-Carone asistió a la ceremonia de inauguración del presidente argentino Alberto Fernández y se retiró del salón cuando vio que había presente un alto embajador venezolano. El candidato estadounidense, visto por muchos como arrogante y confrontacional, representa el ultraderechista punto de vista de los cubanos de Miami y traería consigo esa ideología al banco.

También traerá consigo la nueva guerra fría entre Estados Unidos y China, algo que muchos países latinoamericanos preferirían evitar. Si el BID se convierte en un arma estadounidense en su pugna con China, eso no beneficiará a los países latinoamericanos, la mayoría de los cuales tienen a China como uno de sus principales socios comerciales.

Además de todo esto, la fecha del cambio de presidente del banco no pudo caer en peor momento. La elección presidencial estadounidense es en noviembre, solo dos meses después del cambio en el BID. Y todas las encuestas pronostican que ganará Joe Biden. Un representante de Donald Trump se quedaría en la presidencia del BID cinco años sin apoyo de la Casa Blanca.

Para ganar, el candidato Claver-Carone necesita los votos que representen más de la mitad de las acciones del BID, pero además debe contar con mayoría de votos individuales por país entre los 28 miembros del banco en las Américas. Los países latinoamericanos unidos tienen poco más del 50% de los votos, de modo que si votaran alineados por un candidato común, podrían elegirlo.

El problema es que no lo tienen. El BID ha sido presidido por un chileno, un mexicano, un uruguayo y un colombiano, y ahora se esperaba --como es tradición-- que el nuevo presidente fuera de una nueva.nacionalidad; Brasil y Argentina ya tenían candidatos, aunque no habían llegado a presentarlos oficialmente. El candidato brasileño es el banquero privado Rodrigo Xavier y el argentino es el capaz ex funcionario del BID Gustavo Béliz. Hasta antes del anuncio de Claver-Carone, ellos tenían posibilidad de llegar a convocar un acuerdo, aunque ninguno de los dos concitaba mucho entusiasmo: el brasileño representa a un gobierno de ultraderecha que despierta resquemores en muchos países miembros y algo parecido ocurre con el argentino, aunque con signo contrario, porque el gobierno de Fernández es visto por varios como muy izquierdista.

También ha surgido la candidatura de Laura Chinchilla, ex presidenta de Costa Rica (2010-2014) presentada por su gobierno después del lanzamiento de la candidatura del estadounidense Claver-Carone.

Ahora el río está más revuelto. Se espera que Brasil, que tiene el 11% de los votos, apoye al candidato estadounidense, principalmente por lo alineado que está Bolsonaro con Trump. Estados Unidos es el país individual con mayor número de votos --30%--, de modo que Claver-Carone necesita sólo un 9% adicional de votos para quedarse con la presidencia.

Ya lo habría logrado. Casi una decena de países de la región, entre ellos Colombia, Ecuador, Paraguay y Uruguay, además de naciones del Caribe, ya han manifestado su apoyo al candidato estadounidense. Lo que no ha logrado aún son los 15 votos nacionales que necesita para tener mayoría entre los 28 países miembros de las Américas.

Perder la presidencia del BID sería una grave derrota diplomática para América Latina, que mostraría además las debilidades y divisiones que hay entre los países de la región. Y ya queda poco tiempo como para erigir una candidatura regional de consenso al cargo.

Una posibilidad sería prorrogar el mandato de Luis Alberto Moreno por seis meses o un año, lo cual daría tiempo a levantar una candidatura y para, además, dejar pasar la elección presidencial estadounidense de modo de saber si, en definitiva, Claver-Carone cuenta con la aprobación de la futura Casa Blanca.